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Biografía y
obras

César Vallejo nació el 16 de marzo de 1892
en una vieja casona de Santiago de Chuco, en la zona
andina norte del Perú. Era el hijo shulca de Francisco de
Paulo Vallejo Benítez y María de los Santos Mendoza y Gurreonero, de
ascendencia española e india, respectivamente.
Conoció desde niño la miseria, pero pudo estudiar en el Colegio
Nacional "San Nicolás", de Huamachuco, donde el brillo de su
lírica comenzó a despuntar.
En la Revista Escolar "Cultura Infantil" inserta varios
poemas didácticos, entre ellos uno titulado "Fusión" en el
que narra su viaje a Huánuco cruzando los Andes en el ferrocarril
más alto del mundo:
"Cruza el tren la estéril puna
que ya la noche amortaja,
y la lluvia lenta baja
con tristísimo rumor".
En la Universidad de Trujillo, durante los años que transcurren
entre 1911 y 1917, también sobresale como estudiante, profesor y
poeta, logrando el más alto calificativo al defender su tesis sobre
"El romanticismo en la poesía castellana", para graduarse
como Bachiller en Letras.
Durante su estancia en Trujillo recibió el estímulo de la bohemia
local formada por periodistas, escritores y políticos rebeldes con
los que comenzó a relacionarse tempranamente: Víctor Raúl Haya de la
Torre, José Eulogio Garrido, Alcídes Spelucín y Macedonio de la
Torre, entre otros integrantes de "Norte", grupo liderado por
Antenor Orrego.
Allí sigue publicando sus primeros trabajos poéticos en diferentes
medios de prensa, posteriormente podados por el autor. Durante los
años 1913 a 1917 "La Industria", "La Reforma" y
"Balnearios de Lima", publican varias poesías primerizas de
Vallejo, muy influenciadas por el modernismo:
"¡Excelsa juventud! ¡Jardín de Oro!
¡Palpitación de amor! ¡Gloria de Oriente!
¡Del ritmo celestial eco sonoro!
¡Tú que llevas un sol en la frente!
¡Oh juventud, detén por un momento
tu plácida, legión en tu carrera:
Comulga el cielo azul del pensamiento
ante el Altar azul de Primavera!"
A aquella época febril, sacudida por cambios sociales, políticos
(mayor influencia de las Fuerzas Armadas y progresivo deterioro de
la oligarquía) e ideológicos (irrupción de la filosofía marxista y
del psicoanálisis), corresponden sus primeros versos publicados.
Todos estos pasajes de la vida de Vallejo, su etapa juvenil en
Trujillo se acaba en 1917 cuando se traslada a Lima.
Una vez radicado en Lima, a donde había retornado por segunda vez,
se vincula con lo más graneado de la intelectualidad literaria.
Conoce a José María Eguren, Parra del Riego, González Prada -a quien
le dedicará el poema "Los Dados Eternos"-, Abraham Valdelomar, el
que dijera de Vallejo que era "un poeta en la más noble acepción de
la palabra" y a quien posteriormente vendría a eclipsar su gloria-,
a Juan José Lora, Juan Luis Velásquez y a José Carlos Mariátegui.
En aquel año paralelamente aparecían en Perú diferentes círculos
literarios, como "El Norte" de Trujillo, el grupo de Alberto
Hidalgo en Arequípa y el grupo "Colónida" de Lima. César
Vallejo rompe con el futurismo en el cual inclusive había devenido
el joven Hidalgo y el mensaje altruista de Guillén, inspirados en
Walt Whitman. Pues las audacias poéticas de los dos arequipeños
(Hidalgo y Guillén) por más desconcertantes que parecieran y por más
sonoras cajas de resonancia por la influencia de la corriente
poética mundial en los años de la primera guerra, quedaron opacadas
en su afán predicante y egolátrico.
En la capital aparece en 1918 su primer libro "Los heraldos
negros", uno de los más representativos ejemplos del
posmodernismo, tras las huellas de Leopoldo Lugones y Julio Herrera
y Reissig. Así ingresa Vallejo formalmente en la historia literaria
peruana, considerado como un poema luminar en el que Vallejo rompe
con la frivolidad de los vates ebúrneos.
Este poema consta de 17 versos distribuidos en cuatro estrofas de a
cuatro versos, más un verso final. La primera estrofa consta de dos
alejandrinos y dos endecasílabos, rimando el primero y el cuarto
verso, sueltos el segundo y el tercero. Las otras tres estrofas son
todas de verso de catorce sílabas; en cada uno de ellos el segundo y
cuarto verso riman, el primero y el tercero son sueltos. En su
estructura es una poesía de compromiso entre la tradición y la
libertad, de rima parcial, atada a la disciplina silábica frente al
versolibrismo.
En Lima hizo amistad con Manuel González Prada y Abraham Valdelomar,
e integró el grupo "Colonida", gracias a este último,
enriqueciendo su visión del mundo a través del contacto con nuevas
corrientes europeas. A González Prada -cuya muerte le afectó
profundamente- le dedicó el poema "Los dados eternos": Para
Manuel González Prada esta emoción bravía y selecta, una de las que,
con más entusiasmo, me ha aplaudido el gran maestro.
El Vallejo que comenzaba a beber ávidamente de las fuentes del
marxismo, pronto comenzó a sentirse encerrado en ese círculo
elitista que lo alejaba de las muchedumbres, lo aislaba de sus
emociones. "Colonida" no fue más que otra etapa, no menos
importante que las que vendrían, que ahondó -luego de la muerte de
su maestro- la íntima desesperación y crisis permanente en que ya se
encontraba inmerso el poeta.
En 1920 hace una visita a su pueblo natal, donde tras ser acusado de
participar en protestas públicas, acaba en la cárcel durante tres
meses; esta experiencia tendrá una crítica y permanente influencia
en su vida y obra, y se refleja de modo muy directo en varios poemas
de su siguiente libro, "Trilce", publicado en 1922.
Se considera esta obra como un momento fundamental en la renovación
del lenguaje poético hispanoamericano, pues en ella vemos a Vallejo
apartándose de los modelos tradicionales que hasta entonces había
seguido, incorporando algunas novedades de la vanguardia y
realizando una angustiosa y desconcertante inmersión en los abismos
de la condición humana que nunca antes habían sido explorados:
"Hay golpes en la vida" tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!
Son pocos, pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas,
o los heraldos negros que nos manda la muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Estos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre... ¡Pobre hombre!... Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
No es aún la voz desgarrada y desgarradora de "Poemas Humanos",
editados con posterioridad a su muerte, pero en ella está anunciado
todo el sentimiento del poeta. Constituye, dentro de la frondosa
obra de Vallejo, algo así como "el pabellón que cubre el resto
del libro".
Incomprendido y mancillado por sus propios paisanos, encerrado en
una inmunda cárcel y tratado de "burro" por los críticos
encasillados de la burguesía, Vallejo logra sobreponerse frente a la
vida marchando, con su infortunio bajo el brazo.
Clemente Palma, el hijo engreído de Don Ricardo, el tradicionista,
en su oficio de "critico literario" de la revista Variedades, en su
sección "Correo Franco" (22 de setiembre de 1917), dijo del
poeta lo siguiente, a raíz del envío de su a intitulado "El Poeta
a su Amada", escribió por Vallejo el 2 de setiembre de 1917: "El
trabajo recibido es un adefesio literario. Resultaría mejor que el
autor se dedique al acordeón o la ocarina más que a la poesía". Y
sin siquiera morderse la lengua en su insolencia, Palma agregó que
"eran burradas más o menos infectas y que hasta el momento de
largar al canasto su mamarracho no tenemos de usted otra idea sino
la de deshonra de la colectividad trujillana, y que si descubrieran
su nombre, el vecindario le echaría lazo y lo amarraría en calidad
de durmiente en la línea del ferrocarril a Malabrigo".
Este poema que a continuación expondré en su versión definitiva, ya
había sido publicado por "La Reforma" de Trujillo el 8 de
setiembre de 1917:
AMADA: ¡En esta noche tú te has crucificado
sobre los dos maderos curvados de mi beso!
¡y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado,
y que hay un viernesanto más dulce que ese beso.
En esta noche rara que tanto me has mirado,
la Muerte ha estado alegre y ha cantado en su hueso.
En esta noche de setiembre se ha oficiado
mi segunda caída y el más humano beso.
Amada, moriremos los dos juntos;
se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura;
y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos.
Y ya no habrán reproches en tus ojos benditos;
ni volveré a ofenderte. Y en una sepultura
los dos dormiremos, como dos hermanitos".
No solamente esta gente como Palma criticó duramente a Vallejo, sino
que también otros personajes, como Luis Alberto Sánchez, quien
posteriormente surge como "admirador del poeta". Pues el año 1922,
al poco tiempo de aparecer "Trilce", Sánchez arremete calificando de
incomprensibles y desconcertantes los poemas publicados y se
pregunta entonces: ¿Qué ha pasado con Vallejo? Para, posteriormente,
cuando la gloria del poeta era innegable, acomodarse en el carro de
la crítica elogiosa con su trabajo: "Vallejo, hombre y Poeta
Libre", publicado por Cuadernos nº 30 de 1958.
Naturalmente, en los momentos donde veníase debatiendo con la muerte
el romanticismo y modernismo como cánones de la poesía, la obra
publicada por Vallejo insurge como una clara y promisora esperanza
de la nueva expresión poética. En aquellos momentos la expectativa
crítica recoge el mensaje de Vallejo y le brinda favorables
comentarios. No es verdad, pues, como asevera Luis Alberto Sánchez
que Trilce "fue isla incógnita y repudiada" y que, según Vallejo,
"había nacido en el mayor vacío". Las investigaciones
concluyentes al respecto demuestran que tal referencia es una
falsedad.
Sin embargo, después de la publicación de Trilce en 1922, la
situación económica y la ambición de1 poeta lo empujan a buscar
nuevos horizontes. En el curso del mismo año y posterior a la
publicación de Trilce, Vallejo edita dos libros más, en prosa:
"Escalas Melografiadas" y "Fabla salvaje".
Decide entonces partir a París, a donde arriba el 13 de junio de
1923, "a sembrar papas a la huancaína", según la propia
expresión del poeta al momento de partir.
En la "Ciudad Luz" se enfrenta con una dura y amarga
realidad: hambre, desocupación, miseria y angustia. Angustia por la
patria lejana y por los nuevos dramas de su vida y de la sociedad a
cuyo seno llega y en la que murió una tarde en la cual tenía "ya
el recuerdo". Estos años fueron de extrema pobreza y de intenso
sufrimiento físico y moral. Las penurias económicas se agravaron al
decaer la salud del poeta, por aquella época un hombre enfermo y
atormentado. La vida del poeta es abatida por todo género de
calamidades, desde el aspecto económico hasta el político y
sentimental.
Para subsistir tiene que trabajar intensamente. Envía variadas
colaboraciones a diarios y revistas de Lima, entre ellos "El
Comercio", "Variedades", "Mundial" y "Amauta".
Los asuntos que trata son de diferente temática, y es precisamente
en esta época donde se puede apreciar a Vallejo en su dimensión de
escritor y periodista. Sus crónicas venían cargadas de profunda
pasión y dominio del tema que tocaba. Su alma de artista se daba en
pleno, también, en esta otra gran virtud del genio creador de
indiscutible valor universal en las letras y en la poesía. En una
crónica publicada en "Variedades" el 7 de mayo de 1927, el
poeta expresaba, a raíz de aquella influencia del llamado
"espíritu nuevo", recogido del viejo mundo, por lo que calificó
a su generación en la siguiente forma:
"La actual generación de América no anda menos extraviada que las
anteriores. La actual generación en América es tan retórica y falta
de honestidad espiritual, como las anteriores generaciones de las
que ella reniega. Levanto mi voz y acuso a mi generación de
impotente para crear o realizar un espíritu propio, hecho de verdad,
y de vida, en fin, de sana y auténtica inspiración humana. Presiento
desde hoy un balance desastroso de mi generación, de aquí a unos
quince o veinte años.
"Estoy seguro de que estos muchachos de ahora no hacen sino cambiar
de rótulo y nombres á las mentiras y convenciones de los hombres que
las precedieron. La retórica de Chocano, por ejemplo, reaparece y
continúa, acaso más hinchada y odiosa en los poetas posteriores. Así
como en el romanticismo, América presta y adopta actualmente la
camisa europea del llamado "espíritu nuevo", movida de incurable
descastamiento histórico. Hoy como ayer, los escritores de América
practican una literatura prestada que les va trágicamente mal. La
estética -si así puede llamarse esa grotesca pesadilla simiesca de
los escritores de América- carece allá, hoy tal vez más que nunca,
de fisonomía propia. Un verso de Neruda, de Borges o de Maples Arce,
no se diferencia en nada de uno de Tzara, de Ribemont o de Reverdy.
En Chocano, por lo menos, hubo el barato americanismo de los temas y
nombres. En los de ahora, ni eso".
Desde un principio trabó relación con los movimientos literarios
vanguardistas de la época. Allí permanecerá hasta el fin de sus
días, con algunos viajes a la Unión Soviética, España y otros países
europeos. En la capital francesa llevó la difícil existencia del
intelectual con los bolsillos vacíos. Para poder sobrevivir tuvo que
dedicarse al periodismo y su producción poética se redujo
sustancialmente.
Luego de algunas otras relaciones (entre ellas Henriette, una
hermosa costurera con "lenguaje de cocotte"), apareció
Georgette, quien vivía frente a la oscura pensión de Vallejo en la
Rue Molière. Ernesto More, íntimo amigo del poeta en París, que
vivió con él compartiendo mendrugos, fue testigo del luminoso amor
del sudamericano pobre y la francesa venida a menos. Pero el romance
no duró mucho después de que se casaran en 1934.
En París César Vallejo participó con amigos como Huidobro, Gerardo
Diego, Juan Larrea y Juan Gris en actividades de sesgo vanguardista.
Como consecuencia de sus preocupaciones literarias amplió sus
conocimientos sobre el comunismo, aunque según él mismo confesó a
Pablo Abril de Vivero, "Voy sintiéndome revolucionario y
revolucionario por experiencia vivida más que por ideas aprendidas".
Su inquietud social lo condujo por Alemania, Inglaterra, Italia,
Austria, Europa Oriental y la Unión Soviética.
Después de recorrer todo el territorio ruso, Vallejo concibe sus
grandes crónicas para describir sus impresiones sobre la nueva
sociedad que allí se estaba edificando. Publicados en diferentes
idiomas sus trabajos recorren Europa y nuestra América, que más
tarde vienen editándose bajo el título de "Rusia en 1931.
Reflexiones al pie del Kremlin" y "Rusia ante el II Plan
Quinquenal". Es así como tales trabajos pasan a la posteridad
como las mejores e insuperadas crónicas de la construcción del
socialismo. En ellas Vallejo relata con lujo de detalles cuanto
significa un cambio sustancial en las estructuras socio-económicas
de un pueblo que se estaba sacudiendo sus cadenas.
Pormenorizadamente explica cada uno de los detalles que en la
solución pos-revolucionaria acontecen en la nueva Rusia. Así, por
ejemplo, se sorprende al encontrar todavía, después de 13 años de
instaurado el nuevo régimen, problemas de mendicidad alarmante como
el que constata al ingresar a un restaurante particular:
"Delante de la puerta de entrada -expresa Vallejo- hay un haraposo
que pasa y repasa mirando ávidamente el interior. Lleva una mano
metida dentro de la americana, a la altura del pecho, y su palidez
es la de un hambriento o de un enfermo. Los alemanes (que habían
estado comiendo en el restaurant) se levantan y se van. Entonces el
haraposo penetra de un salto y recoge, como un animal famélico, las
migajas y desperdicios de la mesa. Algunos huesos se echa al
bolsillo y vuelve a salir, lanzando miradas de loco y devorando a
grandes bocados lo que encontró en la mesa.
"¡Espantoso! le dijo a la komsomolka, es decir a la joven que lo
acompañaba como intérprete y que pertenecía a la juventud comunista.
Ella le respondió: 'Son los sobrevivientes del régimen zarista.
Antes esta misma escena se veía con frecuencia. Poco a poco estos
mendigos van desapareciendo".
"Sin embargo -agrega Vallejo- se me han acercado muchos a pedirme en
los pocos días que llevo en Rusia. ¿Cómo me explica usted semejante
plaga en una sociedad como el Soviet? Esto es realmente
incomprensible.
"El hambriento está junto a la puerta, triturando ruidosamente un
hueso, como un perro. Advierto que no despega los ojos de la mesa
donde estamos nosotros . Yeva no ha terminado su pastel. Este está
casi entero. Las miradas del hambriento sobre el pastel son febriles
y casi rabiosas . Nunca he visto ojos tan extraños en mi vida. Hay
en la cara de este pobre una avidez agresiva, furiosa, demoníaca. A
veces tengo la impresión que va a saltar sobre nosotros y nos va a
arrancar de un zarpazo un trozo de nuestras propias carnes. Se ve
que tiene cólera. Se ve que nos odia con todas sus entrañas de
hambriento. Inspira miedo, respeto y una misericordia infinita. ¡El
apetito es, sin duda, una cosa horrorosa!
"Pienso en loe desocupados. Pienso en los cuarenta millones de
hambrientos que el capitalismo ha arrojado de sus fábricas y de sus
campos. ¡Quince millones de obreros parados y sus familias! ¿Qué va
a ser de este ejército de pobres sin precedentes en la historia?
(Vallejo se refiere a la debacle económica que sufrió el
capitalismo). Ciertamente, ha habido en otras épocas paros forzosos,
pero nunca el mal ofreció proporciones, causas y caracteres
semejantes. Hoy es un fenómeno simultáneo y universal, creciente y
sin salida. Los remedios y paliativos que se ensayan, son
superficiales, vanos, inútiles. El mal reside en la estructura misma
del sistema capitalista, en la dialéctica de la producción. El mal
reside en las progresos inevitables de la técnica de trabajo, en la
concurrencia y, en suma, en la sed insaciable de provecho de los
patronos. ¡La plusvalía! He aquí el origen de los desocupados .
Suprímase la plusvalía y todo el mundo tendrá trabajo. Pero ¿quién
suprime la plusvalía? Suprimir el provecho del patrón equivaldría a
destruir el sistema capitalista, es decir, hacer la revolución
proletaria.
"Mas ya que esta supresión no vendrá jamás por acto espontáneo, por
un suicidio del capitalismo, ella vendrá, tarde o temprano, por
acción violenta de esos millones de hambrientos, víctimas de los
patronos".
Toda la crítica conviene en aceptar que este reportaje de Vallejo es
uno de los más completos relatos sobre el desarrollo histórico de la
revolución rusa. El propio autor en una nota preliminar a la edición
española expresa lo siguiente:
"Mi propósito es dar en él una imagen del proceso soviético
interpretado objetiva y racionalmente y desde cierto plano técnico.
Trato de exponer los hechos tal como los he visto y comprobado
durante mis permanencias en Rusia, y trato también de descubrirles,
en lo posible, su perspectiva histórica, iniciando a los lectores en
el conocimiento más o menos científico de aquéllos, conocimiento
científico sin el cual nadie se explica nada claramente. Mi esfuerzo
es, a la vez, de ensayo y de vulgarización".
La publicación de su obra "Rusia en 1931" le deparó una
inicua persecución política. El sistema capitalista con todos sus
gobiernos en todos los países, especialmente en Francia, principia a
cerrarle e1 paso y acosarlo permanentemente. El gobierno de Tardien
lo persigue intensamente por sus campañas constantes a favor de la
causa de los trabajadores y en contra del sistema capitalista
mundial. En esas circunstancias la vida de nuestro poeta se tornaba
cada día más dura y complicada. Su miseria era tremenda, pero su
espíritu revolucionario se había convertido en oriflama para la
combatividad a favor de los más pobres y de los más humildes.
Es entonces que viaja a España, donde se vincula a la
intelectualidad revolucionaria. Logra publicar su famosa novela
"El Tungsteno" bajo el sello "Novela proletaria" de la
Editorial Cénit. Se basa en la cruel e inicua explotación
imperialista de la Northern and the Stmelthing Company contra las
grandes masas campesinas de 1a provincia de Santiago de Chuco, su
tierra natal, y de otros lugares aledaños. Pues, en Quiruvilca y
Shorey, Callacuyán y Samne, aquel consorcio extranjero se habla
establecido para succionar la riqueza cuprífera del país, dejando en
cambio, cadáveres y sangre regados en los socavones oscuros y
lagrimeantes, por tanta vida sepultada en el cardenillo verdoso de
sus de sus rocas pétreas. Este es el drama que recoge Vallejo y cuyo
mensaje continúa tocando los pechos libérrimos de la juventud. En
estas páginas crepitantes de rebeldía, el autor no esconde su
intención social y la define ideológicamente en el personaje
inmortalizado de Servando Huanca marchando a organizar a la clase
obrera, como un sólido organismo de poder para enfrentarse y parar
el abuso y la indolencia de los "gringos hijos de puta" de la
Northern and the Smelthing Company. Describe a la vez, de una sola
pincelada literaria, al intelectual dubitativo de la pequeña
burguesía y perenniza para el recuerdo de los santiaguinos y de los
huamachucos al agrimensor Leónidas Benites, quien después de su
larga trayectoria de incondicional servidor de la Northern y
fervoroso creyente de la doctrina según la cual son los
intelectuales los que deben dirigir y gobernar a los indios y a los
obreros, termina poniéndose al lado de la causa de los trabajadores,
convencidos de que las frases de Servando Huanca tenían vigencia
irrefutable: "Había que hacer la revolución y botar a los
millonarios y grandes caciques que están en el Gobierno, para
ponerlo en manos de los a obreros y de los campesinos".
"EL Tungsteno"
es una de las preclaras obras de la literatura revolucionaria de
Vallejo en prosa. Su mensaje antimperialista se desliza emocionado
en cada una de sus páginas amenas y rotunda por su clarividencia
histórica, tornándose en precursora estela de un movimiento
insurreccional en el cual los peones de Quiruvilca capturaron el
poder por breves días tras, la gesta armada de los obreros y los
campesinos del pueblo de Trujillo, conducidos por Búfalo
Barreto, en 1932; es decir un año después de la publicación de la
novela. Su nombre perenniza también los días en que la lucha por la
vida empujara al joven estudiante santiaguino a trabajar en las
agrestes punas de "Pasto Bueno" y "Tamboras", en la
dura y peligrosa tarea del minero que perfora la roca endurecida que
custodia el tungsteno y cuya explotación venían operando dos viejos
amigos y enemigos de un trato: Fermín Málaga Santolalla y Wenceslao
Gálvez. A este último personaje, Vallejo dedicó de puño y letra uno
de los ejemplares de su primer libro: "El romanticismo en la
poesía castellana".
En las páginas quemantes de esta abra sólo debería buscarse el
trasunto de un mensaje doctrinario sobre un sólido basamento
marxista en el cual Vallejo se significó claramente. No otra es la
razón para que el inmortal santiaguino enfocara con tanta precisión
la problemática de un fenómeno social que bien pudo desarrollarse en
Perú, motivando ríos de insurgencia y rebeldía, frente a la brutal
explotación imperialista.
Por otro lado, Vallejo incide abiertamente en la praxis
revolucionaria del movimiento obrero y campesino, pintando con
elegancia y a la vez con crudeza novelística, los fracasos de las
luchas desorganizadas, aun frente a la pequeña burguesía pueblerina.
No cabe duda, pues, que "El Tungsteno" es una gran novela proletaria
cuya dimensión rompió las barreras de la literatura americana en la
medida del tiempo y del espacio y ha penetrado en la conciencia de
todos los que anhelan verdaderamente la justicia social. Frente a
esta realidad carece de importancia el sentido folklórico y
indigenista que algunos críticos han pretendido endosar a la obra
como basamento fundamental. Lo esencial y permanente está por encima
de estos argumentos, que si bien es cierto le sirvieron dé
inspiración al añorar la patria chica en los momentos de su
concepción, no constituyen el fondo de la obra que deviene
plenamente en la temática social.
Quizá por ello pronto abjura de su obra "Trilce". Se esfuerza
por superar el vacío y el nihilismo de esa obra y por incorporar
elementos históricos y de la realidad concreta (peruana, europea,
universal) con los que pretende manifestar una apasionada fe en la
lucha de los hombres por la justicia y la solidaridad social.
En junio de 1926, Vallejo colaboraba en la revista vanguardista
Favorables-Paris-Poema, junto con otros vaguardistas como Juan
Larrea, Vicente Huidobro, Pierre Reverdy y Tristan Tzara. Al año
siguiente escribía que consideraraba al surrealismo y al comunismo
como parte integrante de una misma revolución, según escribía para
el diario limeño "Mundial" (nº358, abril de 1927). Fue aquel
año cuando muchos de los surrealistas, incluyendo a André Breton,
Paul Elouard y Louis Aragon, se unieron al Partido Comunista
Francés.
Vallejo sigue ese mismo proceso, e incluso lo acentúa, adoptando
ademanes dogmáticos. Aunque se había comprometido con la revolución
y el comunismo a través de la literatura en general y del
surrealismo en particular, el interés que tenía por esta corriente
cultural desaparece en 1930 sin dejar rastro. En marzo de aquel año,
el poeta peruano publicó su conocido artículo "Autopsia del
superrealismo" que demuestra que su modo de pensar se había
apartado totalmente del surrealismo.
Entonces comienza a estudiar el comunismo con detenimiento. Cuando,
por fin, encontró la llave que le revelaba las claves de muchas de
sus preguntas, Vallejo siguió el derrotero señalado por el comunismo
más resueltamente que ningún otro surrealista. En él no nacieron las
ambigüedades de Breton, Aragon y los demás.
En agosto de 1927 Vallejo leía en París L'Humanité, el órgano del
Partido Comunista Francés que sirvió como iniciativa a lecturas más
extensas. En octubre de 1928 visitó Moscú por primera vez.
La experiencia fue decisiva. A su regreso a París rompe
definitivamente con el APRA y el 29 de diciembre de 1928, se afilia
al Partido Comunista Peruano, fundado poco antes por José Carlos
Mariátegui.
Dotado ya de una experiencia directa de la realidad política y
económica de la Unión Soviética, Vallejo se dedicó con ahínco a
estudiar la ideología marxista. Durante el año 29, visitó con
frecuencia la librería de L'Humanité, regresando con un "mes de
lectura, más exactamente, de arduo estudio".
En octubre de 1929 regresa a la Unión Soviética y en febrero de 1930
comienza a publicar una serie de artículos sobre la URSS, dentro de
una serie titulada "Reportaje en Rusia", que se publicaron
quincenalmente en la revista madrileña Bolívar.
El 2 de febrero de 1930, el Ministerio del Interior del Gobierno
Francés promulgó un decreto declarando que la presencia de Vallejo
en territorio francés se consideraba peligrosa por "comprometer
la seguridad pública". Vallejo y su compañera Georgette se
vieron obligados a buscar asilo político más alla de los Pirineos.
Poco después de su llegada a Madrid, Vallejo se incorpora al Partido
Comunista de España y empieza a trabajar en su libro "Rusia en
1931. Reflexiones al pie del Kremlin", que se publicó en julio
de 1931.
Escribe artículos para periódicos y revistas, piezas teatrales,
relatos y ensayos como "Rusia en 1931. Reflexiones al pie del
Kremlin", y también su novela "Tungsteno".
En un autor que hizo -y hará luego también- un amplio uso de la
simbología cristiana, asombran sus acerbas críticas a la asimilación
del comunismo con el cristianismo. Parece un tanto paradójico que
Vallejo rechazara en 1930-31 el uso de los términos y los conceptos
católicos cuando se trataba del comunismo, si consideramos el uso
que hizo precisamente de los símbolos cristianos en su poesía
posterior, y sobre todo en "España, aparta de mi este cáliz".
Como consecuencia de sus estudios y de la experiencia concreta de
sus viajes, el poeta peruano insiste en la dicotomía entre la teoría
y la práctica. Escribe sobre el clima político de Francia, y titula
su artículo "Las grandes crisis económicas del día. El caso
teórico y práctico de Francia" (El Comercio, 14 de diciembre de
1930). En un poema más o menos contemporáneo, "Telúrica y
magnética", se refiere al "¡Suelo teórico y práctico!".
En el cuaderno de 1932, se nota otra vez la yuxtaposición de estos
dos adjetivos: "Hace un frío teórico y práctico", dice el
poeta peruano. Años más tarde, Vallejo canta el "caos teórico y
práctico" del proletario en España, aparta de mí este cáliz.
Esta frase llega a ser casi un leitmotiv.
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