|
LITERATURA COLOMBIANA
Representantes de
la Literatura Colombiana*
1. Hernando Domínguez Camargo
1.1. El poema
heroico de San Ignacio de Loyola
1.2. La tradicional
miopía de la crítica
1.3. A un
salto por donde se despeña el arroyo de Chillo
2. Fernando Fernández de
Valenzuela
2.1. Láurea crítica
3. Antonio Nariño
4. José Eusebio Caro
5. Rafael Núñez
6. Rafael Pombo
6.1. Los tres ciclos de Pombo
6.2. Otros poemas de Pombo
6.3.
222 Apólogos, 22 cuentos morales, 7 cuentos pintados
7. Gregorio Gutiérrez González
8. Epifanio Mejía
9. Ricardo Nieto
10. José Asunción Silva
10.1. El
precursor del modernismo en Colombia
10.2.
Los árboles centenarios de José Asunción Silva
10.3. Ventana abierta
a José Asunción Silva
11. León de Greiff
12. Jorge Zalamea
13. Jorge Isaacs
14. Eugenio Diaz
15. José Manuel Marroquín
16. José Maria Vergara y
Vergara
17. Tomás Carrasquilla
18. José Eustasio Rivera
18.1. Estructura
de La vorágine
19. Manuel Mejía Vallego
19.1. Premiaciones
19.1.1.
Internacionales para sus cuentos
19.1.2.
Premios nacionales y extranjeros de novela
19.1.3. Premios nacionales
de cuento
19.1.4. Premios
internacionales de ensayo
20. Gabriel García Márquez
20.1. Obras
20.1.1. Novelas
20.1.2. Cuentos
20.1.3. Periodismo
20.1.4. Cine
Bibliografía
Álbum de
representantes de la literatura colombiana
1. Hernando Domínguez
Camargo
Nació en
1606 en Santa Fe y murió en Tunja en 1659. Educado por los jesuitas,
finalmente se ordenó sacerdote y actuó como beneficiado de la iglesia de
Santiago de Tunja. Visitó Lima en donde frecuentó las academias de los
ingenios del Perú. En Quito sostuvo una gran amistad con su condiscípulo
Jacinto Evia, personaje que publicó un Ramillete de flores poéticas
en el cual está incluido nuestro autor. Su formación fue muy rica. Estaba
basada en los ejercicios humanísticos, pedagógicos, teológicos y
filosóficos. Se puede considerar como el primer poeta nacional de la
Colonia.
1.1.
El poema heroico de San Ignacio de Loyola
Versa
sobre la vida del santo español desde su nacimiento hasta la fundación de
la Compañía de Jesús.
Este poema de tono épico tiene cinco partes fundamentales:
El
nacimiento, bautismo, infancia, juventud; Capitán en Pamplona, la defiende
del francés.
Herido,
lo visita San Pedro y lo sana.
Su
conversión, penitencia y singulares favores que le hizo el Cielo en ese
tiempo.
Las
peregrinaciones que realizó entonces por Roma, Génova, Jerusalén y su
regreso a España.
Los
estudios y la persecución en ellos.
Reúne
discípulos y da principio a la religión ilustre de la Compañía de Jesús.
El poema
heroico quedó inconcluso en buena parte. No obstante, se puede admirar
como un palacio suntuoso y magistral por donde la biografía personal de
uno de los santos más interesantes de todos los tiempos. La imaginación
del autor es desbordante. El hilo barroco que satura el poema realza la
figura del protagonista.
1.2. La
tradicional miopía de la crítica
En
numerosos estudios, se le ha tildado de ser engendro gongorista lleno de
oscuridades. Pero estas visiones personales no logran estremecer las bases
estilísticas sobre las que se yergue uno de los poemas más bellos de su
época. Por entonces no existía una profunda conciencia americana sino
hispánica. Hernando Domínguez Camargo comienza a nombrar el mundo
universal del continente. El uso del humor, de la elipsis, son, entre
otras, las armas que nos aproxima a la vida del santo. Hoy en día el poema
es un fresco recobrado que no pierde actualidad y que en sí, marca un hito
en la literatura latinoamericana moderna. Veamos algunos ejemplos:
Al David
de la casa de Loyala,
al rayo
hispano de la guerra canto,
al que
imperiales águilas tremola
y es, aún
vencido, del francés espanto;
al que
sufrió de la celeste bola,
sin
fatigas el peso, Alcides Santo,
al que el
Empíreo hollando triunfante
habitador
es ya del que fue atlante
1.3. A un salto por donde se despeña el arroyo Chillo
Constituye este romance uno de los más felices que escribió el beneficiado
de Tunja. Bajo la tónica arroyo-potro, el autor deja sentir la fuerza
pasional de la naturaleza. En este poema fluyen con rapidez lo dinámico,
la materia sensorial y la riqueza ornamental y suntuaria. El Chillo es un
arroyo ecuatoriano que es transformado en la metáfora del potro.
La
estructura del poema consiste en la descripción superlativa de lo vivo,
del agua, del pez, de los sinónimos que representa tanto el arroyo como el
mismo potro. Así como el arroyo tiene mirtos, espuma, espinos, sonidos,
asimismo el potro tiene pelo, acicates, relinchos, etc., que perfeccionan
con profundo ingenio la antítesis arroyo-potro.
2. Fernando
Fernández de Valenzuela
Fernando
Fernández de Valenzuela nació en Santa Fe de Bogotá en 1616. Fue discípulo
jesuita, doctor en teología, predicador general, maestro de artes, notario
del Santo Oficio y juez asistente de los exámenes de beneficios curados.
Su peregrinación hacia la carrera eclesiástica es una de las más intensas
de su tiempo. Después de llevar a España el cuerpo aromático del arzobispo
Almansa, se hace cartujo en 1640 y entra al monasterio real de Santa María
del Paular de Segovia, con el nombre de fray Bruno. Murió aproximadamente
en 1677. Muchos años antes, cuando concluye sus estudios de latinidad
(1628), nuestro pionero del teatro ya tiene escrita su obra clave:
Thesaurus lingua latinae. Su vocación literaria se hace posible en
muchas sendas: los estudios de gramática, los versos a su padre, y
finalmente, su tendencia al teatro. A principios del siglo XVI se
cultivaba en las universidades españolas, un teatro de intención
didáctica. Según José Juan Arrom y José Manuel Rivas Sacconi, dicha
tradición pasó a los colegios peninsulares de los jesuitas. Como es
natural el efecto no se hizo esperar y se hizo extenso a los colegios
americanos. Sobre esta base, Fernando Fernández de Valenzuela funda su
experiencia e inicia su sátira al gongorismo bajo el título Laurea
crítica en términos españoles.
2.1. Láurea crítica
Entre sus
múltiples trabajos, Fernando Fernández Valenzuela ha dejado para la
posteridad una obra teatral de mediano calado, más interesante por ser la
primera obra esencialmente colonial que por otras virtudes excepcionales.
Eduardo Camacho Guizado nos resume así su significación básica: "Es una
sátira contra una clase social, contra cierto tipo de intelectuales, pero
principalmente contra cierto tipo de estilo literario: el gongorismo".
Sobre los rasgos de esta pequeña obra, anota: "Miser Protasio llega a
‘comisión de exámenes’. Ante él se presentan aspirantes a diversos
títulos; un caballero, un necio, un preguntador, un acatarrado y, por
último, un crítico, don Velialís de Lúbrisis. La mayor parte del entremés
consiste en el diálogo entre éste y Miser Protasio, y constituye la sátira
contra el gongorismo". Sobre la parodia al gongorismo, se esboza un doble
plano: parodia de las formas barrocas y parodia de sus símbolos sociales.
Por un lado, Fernando Fernández de Valenzuela ejecuta la demolición del
léxico y de la sintaxis de los culteranos. Por otro lado, más allá de esta
farsa grotesca
lingüística, arremete contra los modelos sociales determinados por el
caballero, el necio, el interrogador, el crítico fatuo y Miser Protasio,
el autor que se burla de este continente de figuras risibles y chinescas.
Los
elementos de la obra son sencillos. Se realiza en el interior de una casa.
La utilería son dos sillas y una mesa. Esto nos recuerda la economía de
recursos del teatro pobre. Allí se desenvuelve la acción estática. Los
personajes hablan sin actuar. El protagonista es la palabra paródica.
3. Antonio Nariño
Nació en
Santa Fe en 1765 y murió en Villa de Leiva en 1823. Estudió en el Colegio
Mayor de San Bartolomé. Fue un autodidacta profundo. Los estudios los
perfeccionó con su biblioteca y con la lectura. Su vastedad alcanza los
linderos de la historia, del cual era un gran conocedor. Fundó un centro
de estudios filosóficos. Concibió la idea de la libertad y toda su vida se
entregó a realizarla. Esto le costó prisión y destierro. El 20 de julio lo
sorprendió en los calabozos de Cartagena. Siendo presidente de
Cundinamarca se trocó en militar para vencer al ejército del Congreso.
Emprendió una campaña hacia las provincias del sur. Aprisionado en Pasto,
fue conducido a las cárceles españolas para regresar después de 1820. En
1823, para defender su vida, realizó su propia defensa ante el Congreso.
Nariño es
uno de los periodistas más profesionales de su tiempo. Tradujo del francés
Los derechos del hombre y del ciudadano, lo que le costó ser
declarado conspirador, enjuiciado y castigado por el gobierno español.
Iniciada la revolución de independencia fundó la hoja periódica La
Bagatela, de carácter político. Entre sus principales noticias
figuraban especialmente Noticias muy gordas, que dio en tierra con
un gobierno y lo hizo árbitro de la situación. Establecida la República,
fundó Los toros de Fucha para entrar en polémica con El patriota,
periódico del general Santander. Su obra mayor es su admirable defensa
ante el Senado. Allí brillan las cualidades del buen escritor, la
fragancia de las imágenes y la riqueza de los giros idiomáticos para
expresar sus sentimientos frente a la patria y ante sí mismo. Sin lugar a
dudas, Antonio Nariño fue el más hábil prosista de la independencia. Él se
nos presenta armado de un estilo muy marcado, detrás del cual alienta una
personalidad vigorosa.
4. José Eusebio Caro
Nació en
Ocaña en 1817 y murió en Santa Marta en 1853. Su existencia está atada a
la política. En las operaciones militares de 1840-1842 reanima con su
Granadino el principio de fortalecer el gobierno y de pacificar el
país. Publica sus primeras poesías en La Estrella Nacional (1836).
De allí en adelante iniciará sus ciclos. La vida de José Eusebio Caro está
marcada por un contexto histórico y a la vez por un contexto trágico: fue
uno de los fundadores del partido conservador, periodista, defensor de la
religión, patriota, guerrero, descendiente de padres que tenían poder en
el virreinato, opositor del gobierno radical, representante a la Cámara y
hombre preocupado por la cultura. Su destierro voluntario lo conduce a dos
regresos. En el segundo, muere en las playas de Santa Marta. Su existencia
se refleja en su poética.
La
formación del poeta transcurre por cuatro fases:
o
Una
etapa inicial (1836) basada en la formación clásica. Apenas emerge el
perfil romántico, la fantasía y el ímpetu de la juventud. Entre sus poemas
se destacan: La mañana, El ciprés, Desesperación, La despedida de la
patria, En boca del último inca y el soneto Héctor.
El
centro: la imaginación.
o
La
segunda etapa (1837-1840) lo muestra en una posición anticlasicista.
Progresa hacia la filosofía. Experimenta en el ritmo y en nuevas
expresiones estilísticas. El centro: el sentimiento. El amor se refleja
en: Declaración, Eterno adiós, Lágrima de felicidad, El hacha del
proscrito y otros más.
o
En la
tercera etapa (1843) ofrece poesía filosófica, moral, espiritual.
Meditaciones sobre el hombre: su ser, su origen, su naturaleza. El centro:
la razón. Se destacan en su obra La bendición nupcial, A mi
primogénito, El bautismo.
o
Sobre
el umbral de su muerte deja inconcluso el ciclo político. El centro: lo
social. Deja su oda política: La libertad y el socialismo.
Dentro de este
recorrido, podemos fundamentar el mundo poético de José Eusebio Caro como
sigue:
o
Exaltación del sentimiento religioso.
o
-
Exaltación del sentimiento patriótico.
o
Exaltación del sentimiento del amor (Laura de Petrarca, Delina,
Beatriz de Dante).
o
Exaltación del sentimiento de la libertad (individual, política, poética).
o
Optica a través del dolor de la soledad, la patria, el amor, los regresos.
o
En el
ámbito formal, ejerce en su poesía el sentimiento del ritmo.
o
Poesía centrada en el sentimiento, la madurez y la reflexión.
No elude
la naturaleza, la constituye en su eje: la naturaleza tanto humana como
geográfica.
En torno
al verso de José Eusebio Caro se ha dicho que es un verso duro, donde no
hay imágenes millonarias, cimentado en lo matemático y lo rotundo. Rafael
Pombo afirmaba: "Cada verso de Caro es una idea". Otros críticos apuntan
que los versos del poeta son "tan duros que producen la impresión de haber
sido forjados por un martillo". En realidad, en Caro no hay lugar para lo
lacrimógeno. El sepulcralismo no existen con esos tonos grises y
desgarradores.
José
Eusebio Caro se inscribe dentro de una doble vía: el romanticismo
castellano y el francés. Básicamente el poeta fundador del primer
romanticismo es un lírico sostenido con un estrato filosófico.
5. Rafael Núñez
Rafael
Núñez nació en Cartagena en 1825 y murió en la misma ciudad en 1894. Su
carrera tiene muchos escaños: liberal, periodista, ministro de Guerra,
promotor de la abolición de la esclavitud, 4 veces presidente de la
república. Fundó el periódico La democracia. Se caracterizó por su
estilo polémico, por su trabajo crítico y ensayístico.
Rafael
Núñez tiene una obra poética que está centrada en Todavía, Psiquis,
Ideales, Dulce ignorancia, El mar Muerto. Incursiona por la filosofía
con acentos pesimista. Sus versos se mueven entre la duda, el amor y la
muerte. Se observa en su poética, rigidez y falta de melodía. Rafael Núñez
escribió el Himno Nacional, para algunos su mejor poema. Su obra
está ahí, a la discusión. Preguntas para ahondar en su palabra no sobran.
¿Fue Rafael Núñez un verdadero poeta? ¿Su poesía a tenido trascendencia en
el sentido universal? Ante dichas preguntas, podemos decir que Rafael
Núñez no fue muy afortunado. Dejó versos inolvidables pero no una obra
sólida.
6. Rafael Pombo
Con
Rafael Pombo no surge tan sólo el poeta maestro del romanticismo sino
también el poeta profesional y el poeta creador. Su obra no caduca en un
poema. Comienza en una fábula y atrapa una constelación. Posiblemente es
el poeta más representativo en toda la historia literaria de Colombia en
la medida en que es un demiurgo y por lo tanto autor de un universo tan
rico y maravilloso como el de Ándersen, La Fontaine, Cervantes y Tolstoi.
Sus fábulas viven hoy como ayer y con la mejor vida: esa vida cotidiana de
las palabras que toman cuerpo entre los infantes y los abuelos. Es el
poeta de las edades del hombre: seductor de la naturaleza, la flora y la
fauna.
Rafael
Pombo nació en Bogotá en 1833 y murió allí mismo en 1912. Doctor en
matemáticas, ingeniero, dirige con Vergara y Vergara La siesta,
hojas culturales que renovaron la cultura nacional. De la milicia pasa a
la diplomacia y posteriormente a la instrucción pública. Combatió la
dictadura de Melo, ocupó la secretaría de la legación en estados Unidos,
puesto que perdió en la revolución de 1860 en Colombia. Durante muchos
años permaneció en Estados Unidos dedicado al oficio literario. Al
regresar a Colombia, se desempeña como secretario de la Academia de la
Lengua en 1905 es coronado en el teatro Colón. De allí partirá hacia las
tinieblas de su casa donde persistirá en ponerle una raya más al tigre de
su obra.
Rafael
Pombo no fue ni mucho menos un bachiller de las letras ni un aficionado a
ellas. Sencillamente era un poeta por vocación y por acción. Tradujo a
Virgilio, Horacio, Goethe, Byron y una dinastía de clásicos. Nadie mejor
que él supo infundirle densidad a esos muchos maestros mediante un idioma
bello y sugestivo. Fue un hombre fecundo. Franquea las 400 poesías, más
sus fábulas y otros cuentos pintados. En realidad esto sólo es importante
en la medida en que la fertilidad de Rafael Pombo no lo disminuye sino lo
aumenta. No hay mucho desliz en su obra. Solamente poesías vulneradas por
sus improvisaciones.
Rafael
Pombo es un camino. De él sólo conocemos lo que fulgura más: sus
historias encantadas. No obstante, en la otra cara, yacen los rasgos del
poeta múltiple: amor y muerte, filosofía y canción natural, vitalidad y
sueño.
Como sus
personajes, tuvo la propiedad de exhibir una fisonomía hermosamente fea y
también la faz del camaleón. Su popularidad ya no le pertenece: es de los
infantes.
6.1.
Los tres ciclos de Pombo
Las fases
de Rafael Pombo corresponden a su ciclo vital. Curiosamente, en él se
cumple la madurez en su momento exacto: vida y poesía se mezclan en un
punto maravilloso. Sus 158 traducciones de los clásicos encierran una
fuerza exploradora que la recibe a su vez su poesía.
·
Primer ciclo.
Romanticismo intenso donde lo amatorio juega su rey de corazones. Allí
tenemos: Mártir de amor, Súplica, Hora de tinieblas. Los temas se
concentran en los interrogantes sobre el ser, la muerte, el dolor, el
libre albedrío, la Divina Providencia.
Todo en
estas poesías es vendaval admirativo.
·
Segundo ciclo.
La vendimia. Plenitud de su creación. Creación rica, múltiple en la
elección de recursos expresivos.
Figuran:
En el Niágara, Angelina, Éxtasis, etc.
·
Tercer ciclo.
Emoción sublime, gravedad y austeridad. Atemperamiento del sentimiento.
Entre otras: Adiós de enero, Abisag, "¡Decíamos ayer, siempre!".
6.2. Otros poemas de
Pombo
Elvira
Tracy, María, Dios:
lírica
religiosa. Lo que vieron los viejos, Sucre derrotado, Patria:
lírica patriótica. El bambuco, Torbellino a misa, La casa del cura, La
cruz de mayo: lírica popular. Meditación descriptivo-amorosa: Noche
de diciembre. Meditación descriptivo-filosófica: En el Niágara.
6.3. 222 Apólogos, 22 Cuentos morales, 7 Cuentos pintados
En esta
veta Rafael Pombo logra una consagración especial. Muchos lo comparan con
Samaniego. Es más saludable compararlo con Pombo. Su ternura, su alfabeto
dúctil y enamorado reside en la memoria popular. Sus cuentos están
pintados en los sueños de los infantes y los guerreros en reposo. Muchos
críticos y entre ellos Andrés Holguín dicen sobre ellos: "Hay otra faceta
de este fecundo escritor que no debe olvidarse. Son sus poemas infantiles.
(...) la plástica imaginación de Pombo hizo de él una especie de Walt
Disney". Dos cosas hay que anotarse al respecto. Primero: muchos críticos
nacionales, graves, severos, trascendentales, preocupados por la
literatura de hombres mayores, parecen desdeñar la literatura infantil. No
sabemos en realidad qué es lo que menosprecian: la popularidad de las
fábulas de Pombo o ese mundo aparentemente simple. Por otro lado, es
inaudita la comparación entre Rafael Pombo y Disney. El primero era un
creador que tomó como materia prima los Nursey Tales y otros temas
de la antigua tradición universal y les infundió una elegancia y un
significado valioso. El segundo era un imitador que esbozó en su celuloide
la alienación y el despojo de los valores (identidad) que ostentan los
infantes del mundo actual. Así pues, ni Noel ni Pluto tienen mucho que ver
con los personajes de Pombo. Tales personajes son auténticos no simples
marionetas para transmitir el sistema de vida americano y su desprecio a
los hombres oprimidos. Más coherente es relacionarlo con el mundo legítimo
de Esopo, La fontaine, Ándersen y muchos más. No es lo mismo comprar a
Irving Wallace con Marcial la Fuente Estefania que compararlo con Miguel
de Cervantes.
7. Gregorio
Gutiérrez González
Gregorio
Gutiérrez González es el primer poeta no sólo del Grupo Antioqueño sino de
la poesía popular de Colombia desde el punto de vista estético y temático.
Es el poeta con más cualidades. Los demás, presentan más orillas hacia el
defecto.
Antioquia
constituye un espacio muy especial para la poesía romántica. Igualmente
para asumir la naturaleza y la sociedad con tonos épicos. No se toman los
elementos naturales con exotismo sino con el sentimiento de quien vuelve a
un lugar cotidiano para revelarnos la vida, el amor, la nostalgia. Este
grupo se unifica por la sencillez, la originalidad, el lugar sagrado del
hogar, la reconciliación del mestizo con su ambiente y con su identidad.
El maíz, corazón vital de Antioquia, deja a un lado sus barbas y habla en
la voz de estos poetas con mítica sabiduría.
Gregorio
Gutiérrez González nació en 1826 en la Ceja del Tambo (Antioquia) y murió
en 1872 en Medellín en medio del relámpago trágico de la locura. Su vida
pública caminará entre dos paralelas: seminario de Antioquia-seminario de
Bogotá. Filosofía-Literatura. Estudios de jurisprudencia. Magistrado del
Tribunal Superior de Antioquia. Prestigio-pobreza. Gloria-locura.
Hogar-solar nativo. Fracasos en los negocios-éxitos en su trabajo poético.
Su esposa, doña Julia de Isaza, ocupará el centro de su poética. De este
hombre bondadoso nos queda la senda por donde transita la americanidad en
su más puro acento.
La poesía
natural de Gregorio Gutiérrez González apenas comienza a confirmar una
sospecha: es una poesía ya clásica, auténtica y singular. La crítica ha
sido unánime en reconocer su valor. En su poética hallamos lo rural, lo
didascálico, la espontaneidad, la sobriedad, la sencillez. Sus temas son
concéntricos y elementales: el hogar, el amor, el trabajo, la naturaleza.
La popularidad del poema del maíz sólo tiene un punto de referencia:
el Martín Fierro.
Gutiérrez
González abandona aquí el culto a Zorrilla y Espronceda, el romanticismo
tétrico, el trascendentalismo de la rima, la fanfarria retórica y
artificial. Muchos comparan este poema con Las Geórgicas de
Virgilio. Sólo que nuestro canto tiene tal singularidad que apenas es
posible reducir el paralelo a una temática y no a una personalidad.
Despojado de toda referencia cultural, este autor asume su universo con
las manos desnudas y de ahí nace la belleza de su obra. No porque excluya
elementos referenciales sino porque la misma dimensión del símbolo edénico
no admite otro lenguaje para nombrarlo que el de su propia raíz. He ahí su
clave. Si añadimos a esta frescura poética, un humor festivo, una ironía
de la
tristeza
y la pesadumbre, encontramos la alquimia de una bella canción. Como
romántico, no posó de "triste". Era en sí un hombre triste. De ahí deviene
esa nostalgia tan dulce de lo perdido. Él no es un poeta del
sentimentalismo: es un poeta del sentimiento. Los que critican su dulzura,
critican la condición humana de la palabra. Nuestro poeta no necesitaba
almidonar el verso. Sencillamente era un versificador nato. No se puede
confundir la magia de su palabra con el verbo fácil e improvisado.
Gregorio Gutiérrez González es el poeta más próximo a Rafael Pombo. Y
dentro de la tradición poética popular de Colombia el número uno.
Menéndez
y Pelayo dice sobre él: "Sentimiento profundo de trabajo humano que todo
lo ennoblece... Poesía sabia, primitiva, saludable y agreste, llena de
ternura y de impresión directa de lo exterior, percibida y mejorada por su
alma íntegra y buena", y añada: "Es uno de los poetas más americanos que
han existido". Su elocuencia por fin encuentra un acierto real. En un país
de falsos prestigios es difícil reconocer al verdadero prestigio y aún
más: sentar un precedente para que lo dicho no sea demagógico. Es la lucha
de la ética profesional.
El poema
mayor de Gregorio Gutiérrez González gira sobre sí mismo involucrando su
propio ciclo natural y también el social, el familiar, el intimista.
Mediante este fruto, estructura de un símbolo de nacionalidad. En este
poema aparecen las tradiciones del campo, las costumbres de sus hombres,
su gesta de trabajo, el combate contra la naturaleza, la reconciliación
con el cultivo, la identificación con la tierra y el hombre a través del
trabajo. Antioquia, Colombia, América Latina y el planeta quedan
sedimentados en una experiencia épica que la constituye la misma
existencia. Allí surge la vida humilde del peón, su corazón, su energía
constructora. El viaje por la siembra es la revelación del universo. Todo
nos habla: el árbol y su duda. Todo tiene un hálito vital, misterioso y
hermoso. Si Pascal dijo: "Me espantan los vacíos del universo infinito",
alguien puede responder ante el universo del maíz: "Me asombra el fluido
maravilloso de la savia (sangre y raíz) que es hombre y es fruto. Hasta el
mismo insecto alcanza su dimensión y su reino entre los árboles de su
autor".
8. Epifanio Mejía
Epifanio
Mejía complementa la línea nativista de Gregorio Gutiérrez González.
Frente al cosmopolitismo entroncado en parámetros europeos, el criollismo
nacionalista pretende ante todo exaltar el paisaje americano. No llegan
tanto al individuo como a la naturaleza brutal, inhóspita y grandiosa de
nuestra tierra continental. Dentro de este contexto regional-antioqueño,
se inscribe la obra del poeta triste.
Epifanio
Mejía nació en Yarumal en 1838. Allí mismo murió en 1913, después de haber
vivido varias décadas en el manicomio. La muerte civil del poeta es una de
las historias más tristes de aquella época. Todo en él era intenso y
nostálgico. Espíritu bondadoso y noble que después de los 31 años ingresó
a las tinieblas de la memoria. Se desempeñó como comerciante y siempre
estuvo vinculado a los derroteros de su tierra natal.
Entre sus
principales obras merece destacarse Canto del antioqueño. Si bien
no es una obra maestra, por lo menos tiene un hálito vital y sencillo,
genuino y no artificial. Al lado de Antioquia o la mano de Dios (La
retirada de los héroes), constituye la exaltación del vigor y a la nobleza
de su pueblo. La vena emotiva del nativista es considerada superior a la
de Gutiérrez González. Sus versos son realistas, transparentes, naturales.
El cóndor, las selvas antioqueñas, las tradiciones y la pugna de una raza
en su constante sobrevivencia, son sus temas esenciales. No hay en su
versos tremendismo sino suave ansiedad y melancolía. Y aún más: un
sentimiento armónico del paisaje: de ese paisaje donde se construye la
vida, el amor, el trabajo. Curiosamente, Antioquia ha dado una cuna de
poetas que se unifican en su canto épico a lo rural, a las sendas abiertas
por donde transita el progreso. El héroe no es mitológico. Es un héroe
anónimo, silencioso, que realiza diariamente sus ceremonias de canto y
dolor.
La ceiba
de Junín, La muerte del novillo, Anita, La historia de una tórtola
completan lo mejor de su obra. En realidad, la producción de Epifanio
Mejía no fue muy numerosa. Sólo nos dejó más o menos 70 poemas.
La muerte
del novillo
es un poema sugestivo, pulcro y sentido. La emoción (dolor humano) se
encuentra con el dolor del animal. Una comunión de sangre y muerte. Es su
fidelidad a la realidad la que limita las posibilidades del poema. El
novillo no llega al perímetro de lo simbólico. La realidad oprime al poema
por su dinámica formalista. No obstante, al igual que en La historia de
una tórtola, el verso duele.
Epifanio
Mejía nos deja también su poema Amelia. Poema que no fue el mejor y
que concluyó de manera definitiva. Al igual que a Gregorio Gutiérrez
González, podemos expresar para Epifanio Mejía: "Lo triste es así, como su
locura". Un factum de muerte a sitiado a los poetas colombianos:
accidentes, suicidios, demencia, asesinatos. Las poéticas ambiciosas que
estaban por consagrar fueron malogradas por la muerte.
9. Ricardo Nieto
Nació en
Guacarí en 1878, y murió en Cali en 1952. Poeta romántico por actitud,
modernista inicial por la forma. Abogado, parlamentario, educador, hombre
con vocación pública. Entre sus libros figuran: Cantos de la noche, La
oración del rocío, Tierra caucana, En la oscura lejanía, Voces de la selva.
Este autor tuvo un poema que hizo época llamado En el crepúsculo.
Fue coronado el 31 de mayo de 1930 en Cali.
Religión,
patria y terruño son los caminos de Ricardo Nieto. Como ejemplo de su
visión del mundo, viajemos sin ánimo simplificador por su camino:
¡No sé si
estás afuera
o estás
dentro de mi alma! ¡Oh, si pudiera
pabellón
de la patria colombiana
que entre
los brazos de sus hijos flota
y la
gloria no inclina con su peso
convertir
en estrella cada nota
y clavar
cada estrella con un beso!
HIMNO A
LA BANDERA
En estos
versos contemplamos a un romántico de época, siempre en su ánimo de
exaltar los símbolos patrios. Probablemente su limitación radica en que no
incorporó otros elementos del mundo en su poesía para densificarla y
otorgarle una mayor riqueza y vitalidad. Ricardo Nieto recogió la
melancolía del fin del siglo y logró reflejar un "estado del ánimo" con
acentos finos.
10. José Asunción Silva
10.1.
El precursor del modernismo en Colombia
La vida
trágica y apasionante de este hombre es esencialmente romántica. Es el
poeta más ambicioso y más estable que ha dejado la literatura colombiana.
Es un auténtico creador y con un puñado de poemas se tomó por asalto la
inmortalidad. En él, nuestro romanticismo pudo ser (estabilidad de la
forma y el sentimiento) y, a partir de él, el modernismo no lo pudo
superar, sólo complementar. Analizar e interpretar su obra, al igual que
la obra de Gabriel García Márquez, en breves páginas es un acto, de hecho,
perdido. Por eso, sólo totalizaremos las arterias fundamentales de su
universo personal mediante una síntesis y una valoración.
La sola
historia de su vida es una novela fatídica. José Asunción Silva encierra
en su funeral todos los funerales de nuestros infortunadamente silenciados
en su plenitud. Comencemos por el principio. Nació en Bogotá en 1865. Hijo
de una familia ilustre, se educó en colegios privados. Por su belleza
física varonil le decían los amigos: "José Presunción". El padre de Silva
poseía una tienda de porcelanas y artículos de arte, además era escritor
costumbrista y miembro de la Academia de la Lengua. El joven José
frecuentaba las tertulias literarias que se realizaban en su casa. De 1863
a 1886 emprendió un viaje a Europa, entabló amistad con la obra de los
simbolistas franceses y con Tennyson. En sí fue un autodidacta que leyó
ávidamente sobre temas literarios, filosóficos, psicológicos, y que
aprendió algunos idiomas (francés, inglés).
En 1886
regresó a Colombia. Al morir su padre ejerció el poder familiar y
económico. No obstante, las deudas heredadas lo dejaron con saldo en rojoy
fracasa. A los pocos años, Elvira, su amada hermana, presencia de su arte,
muere (1891).
El
gobierno nacional decide ayudarlo y lo designa secretario de la legación
en Caracas (1894). Allí, Silva se aísla y confronta con furor las faenas
de la burocracia. Para gravar su tragedia, cuando regresa a Colombia en el
navío Amérique éste naufraga cerca de nuestros costas y, con él,
algunas de sus obras inéditas.
Apenas se
reinstala en Bogotá, intenta de nuevo recuperar su fortuna y el prestigio
familiar. Establece una fábrica de baldosines y fracasa. Los sucesos que
ha vivido –la muerte de su padre, de Elvira, la pérdida de sus poesías-
son de carácter
irremediable en su existencia. Hundido en la desesperación hace marcar su
traje. El lugar: sobre el corazón. El balazo suicida desangrará el corazón
de la poesía colombiana. Refieren que en su dormitorio se hallaron libros
que probablemente había estado leyendo el poeta. Fue enterrado con su
traje nocturno. La fecha histórica: mayo 23 de 1896. A partir de entonces
José Asunción Silva comienza a vivir definitivamente.
10.2 Los árboles centenarios de José Asunción Silva
Las fases
de la obra poética de Silva son:
·
Formación.
Tendencia hacia el romanticismo becqueriano. Crisálidas, Ars, Al oído
del lector, Juntos los dos, Resurrecciones, Mariposas, Luz de luna, Obra
humana, La respuesta de la tierra, conjunto éste donde navega el
sentimiento suave, la fantasía, música asordinada, la evocación, el
romanticismo depurado. No existe el sepulcralismo ni lo melodramático.
Sólo un dolor hondo, suavemente bañado de amargura. Silva no era
reaccionario, como muchos lo piensan; su actitud era antiburguesa. Por
ello perdió su posición social y económica. En estos poemas, el poeta se
pregunta por el destino del hombre después de la tierra, duda de la fe y
pregunta más a la naturaleza que la divinidad, afirma que el hombre es el
que transforma la naturaleza y no la divinidad.
·
Fase
dos.
Encuentro con el simbolismo y estilización. Los poemas de esta fase son:
Nocturnos, Día de difuntos, Crepúsculos, Los maderos de San Juan,
Muertos, Midnight dreams, Vejeces.
Expresión personal en ritmos y metros, musicalidad, corrección, precisión.
·
Fin
del conjunto.
El mal del siglo, El recluta, Serenata, Al pie de la estatua, Egalité,
Filosofías.
Fondo
amargo y desencantado, realismo duro, pesimismo, amarga ironía.
10.3
Ventana abierta a J. A. Silva
·
Parentesco.
Lo obra poética de José Asunción Silva ha sobrevivido al olvido. Silva se
inicia como romántico (Campoamor, Bartrina
y Querol) y propiamente con un sesgo decadente, saturado de ingenio y
amargo filosofismo. En América Latina sólo un creador le disputa el título
fronterizo de seductor de dos épocas para trascenderlas y darles un nuevo
molde: José Martí. En el fondo poético de Silva hallamos un estrato de
influencias universales: interés por los simbolistas franceses, renovación
por los temas, el aristocratismo de su actitud, la sugestión como forma
elíptica, lo irónico y lo humorístico, el impresionismo, la musicalidad
del verbo, el verso eneasílabo y el empleo del verso libre.
·
Psicología y poesía.
El poeta hizo a su poesía y la poesía hizo al poeta. El primero le dio la
vida, la segunda lo mató. Silva era un hombre neurótico, un dandy,
un corazón agobiado. Su tristeza lo sedimenta todo con un velo mágico y
lunar. Su melancolía es fina como el invierno de sus versos. En Silva
siempre está lloviendo. Fue un total desadaptado: nunca estuvo muerto
en ningún lugar. Da la depresión pasaba al ímpetu. Fracaso de negocios,
instauración de empresas. Viajes y regresos. Las manos del fatum lo
fueron encaminando por encima de sus muertes familiares y estéticas hacia
su última muerte. Su poesía es el hilo posible de su existencia errátil,
misteriosa y plenilunada.
·
El
nocturno Una noche. Este tercer nocturno es la obra maestra del
modernismo. Una noche es un poema matemático, einsteniano, donde se
asienta el decálogo de la vanguardia modernista. Este monolito policromo,
sinfónico, con pausas silenciosas, no fue una presencia en su época: fue
una Biblia y lo sigue siendo. Su estructura es tan simple como la
de una red de araña: evocación, musicalidad, sentimiento y, ante todo, un
natural hábito vital.
11. León de Greiff
El
maestro León de Greiff nació en 1895 en Medellín y falleció en 1976. Su
larga vida es un testimonio de la aventura. Fue ingeniero, ejerció
múltiples actividades en la banca, en los ferrocarriles, en la dirección
de extensión cultural, fundó la revista Panida y dirigió la
Revista de las Indias. ¿Cómo definirlo no con el ánimo de
simplificarlo sino de comprenderlo en un punto de partida? Es posible que
podamos hacerlo. León de Greiff no era un hombre: era y seguirá siendo un
mito. Porque sólo murió en un hombre y dejó otros para prolongarlo: Ramón
Antigua, Leo le Gris, Matías Aldecoa, Guillaume de Lorges, Gaspar von der
Nacht, Miguel Zulaibar, Beremundo de Lelo, Lope de Aguinaga, Erik Fjordson,
Diego de Estúñiga, Sergio Stepansky, Harold el Obscuro, Beremundo el
Skalde, Propicio, Claudio Monteflavo, Grunar Tromholt, Gaspar de la Nuit,
Sirg-el Oel, Bogislao, Abdenagodonosor el Tartajoso (o Tartamudo), Alipio
Falopio y Pantono Bandullo. La inteligencia y la audaz creatividad de León
de Greiff no necesitan epítetos porque los ha devorado todos. Es la
invención misma.
León de
Greiff es uno de los poetas americanos más intensos y originales, que sólo
tiene un punto de referencia: Pablo Neruda. La vasta rueda de su
imaginación crea un mundo legítimo, coherente, sincrético, gobernado por
sus alter egos. En su obra se acentúa lo autobiográfico: la
soledad, las pasiones demoníacas, la bohemia del músico y el músico de la
bohemia. La muerte como la vida, la nostalgia como el mundo, anudan los
cabellos lunares de sus textos. Con León de Greiff la poesía colombiana se
hace mayor: es decir, ya no deja una hoja del árbol de las gracias, sino
deja un árbol con buena sombra. Leerlo es la mejor manera de vivirlo. No
existe otra mediación.
Sus
obras: Tergiversaciones de Leo le Gris, Primer
mamotreto, Libro de los signos, Variaciones alrededor de nada, Prosas de
Gaspar, Fárrago, Relatos de los oficios y menesteres de Beremundo, Nova et
Vetera.
Su obra
se organiza con un dominio audaz del idioma, en una profunda sensualidad,
un amor sin claudicaciones, y con una independencia desesperada.
Su
poética, satírica y saturnal centra cuatro ángulos: la naturaleza (el mar,
el cielo, la tierra y el aire), el amor (la mujer, la juventud, los
amigos, las presencias del mundo), lo demoníaco (la soledad, la muerte, la
locura, la angustia) y, finalmente, la música (el universo, la estética,
la ideología y la cultura –arte, literatura, la cultura musical y el
mito).
En el
centro de este trono reina León de Greiff en medio de su coro de dobles.
No existe una metafísica líquida en nuestro melómano. Existe un universo
en expansión, que se va viviendo. Es igual al mundo real pero dentro de
dimensiones más simbólicas y potentes.
12. Jorge Zalamea
Nació y
murió en Bogotá (1905-1969). Todo en Zalamea fue ilustre en el sentido
clásico de la palabra: sus lecturas, sus viajes, sus disputas, sus amores,
sus libros. Ministro y diplomático, hombre de aquí y de allá, inquieto
promotor cultural, presencia polémica ardiente. Sus libros son el reflejo
de su baraja temible. No era un hombre: era un arsenal de personalidades
brillantes, no mediocres, sino mitológicas. El periodismo, el ensayo, los
libros maravillosos, son testimonio de su palabra bravía y elocuente,
recia e irreductible.
Su obra
no ha sido valorada porque es una pirámide que los indiferentes no pueden
subir. Y además, porque allí, hay un desafío: el mundo y su diabólica
comedia. Eludir a Zalamea en un libro como éste, es eludir nuestra
identidad. Porque Zalamea tiene lo mejor de los poetas colombianos:
creación, alto vuelo y universalidad.
Del verbo
tradicional construyó una expresión crítica en América Latina, tan
galvánica como la de José María Vargas Vila. La palabra del Tuerto
López es frágil ante el acento zalaméico, capaz de romper paredes y
blindados muros invisibles. Este verbo tensa lo puso al servicio de su
arte: la estética de la demolición, donde las palabras chillan, lloran,
cantan, gimen y preguntan. El objetivo de la épica de Zalamea: las
dictaduras y la pobreza del Tercer Mundo.
Sus obras
principales son: La vida maravillosa de los libros, obra para
enamorarse del mundo literario. La metamorfosis de su excelencia y
El gran Burundún Burundá a muerto (1949-1952), díptico del
dictador. La poesía ignorada y olvidada, hermosa flor del indio y
la mula, y otros estudios, ensayos que han llenado de fuerza y robustez
las letras nacionales. Imprecación del hombre de Kenya y
La queja del niño negro.
13. Jorge Isaacs
Nació el
1º de abril de 1837 en Cali. Desciende de una familia judía inglesa de
Jamaica y de una familia criolla. Después de realizar sus estudios de
secundaria en Bogotá, regresa a Cali en 1852. Como guerrero, interviene en
las guerras civiles del país. Combate al general Melo y al general
Mosquera. Son los tiempos sombríos de la segunda Patria Boba, en que la
nación es centro de la anarquía partidista. En 1856 se casa y comienza su
ejercicio poético. Algunas de sus poesías, inscritas en El manifiesto
romántico, son leídas en el grupo El Mosaico. Hace publicar algunos
trabajos.
En el
Cauca acepta un puesto de inspector en la construcción del camino público
de Cali a Buenaventura. En los campamentos viales padece el paludismo. Por
entonces ya había comenzado a escribir su novela mitológica María,
que continuó en los meses de su convalecencia, en el Peñón, una villa
mirador de la ciudad de Cali.
Tan
pronto como es elegido diputado por el partido conservador, se radica en
Bogotá y publica su novela, gracias a la colaboración del señor Caro. El
éxito fue fulminante: continental y nacional. Y más aún: inicia su carrera
universal. Sin pulsarlo en sus horas de creación, estaba escribiendo una
de las novelas más hermosas del país y la primera del romanticismo
latinoamericano.
Después
de 1857, modifica sus ideas políticas y se liga al partido liberal.
Nuevamente es elegido diputado y, en 1870, se marcha a Chile con el cargo
de cónsul. Cuando regresa a Colombia, obtiene en compañía de un amigo
chileno una hacienda próxima a Cali, con el ánimo de recobrar la perdida
fortuna familiar, pero al igual que José Asunción Silva, fracasa.
Oprimido
por la derrota, se marcha a Cali por el camino del no retorno y se
establece en la nostálgica Popayán, donde trabaja en la inspección
escolar. Se desempeña como maestro en la escuela normal y redacta un
diario liberal (1875). En los años venideros lo hallaremos en medio de las
pugnas políticas, entre las escaramuzas y las revoluciones sin revolución,
ya encabezando una de ellas (1880).
Escribe
su poema Saulo con una dedicatoria al presidente argentino Julio
Roca, actitud que encuentra eco en el caballero pampeño y que lo mueve a
invitarlo a su país. Los factores políticos vetarán este viaje. En la
pobreza, solitario, se refugia en
el
ambiente familiar. Las aventuras han quedado atrás. Las minas que exploró
ya no le darán el dorado. Y para ironía del destino (¿fatum o azar?)
conoce a José Asunción Silva. Dos fracasados parciales: dos vidas
auténticamente románticas. Pocos meses después el gobierno decide
otorgarle los derechos de descubridor minero, hecho que le permitió
formalizar un contrato ventajoso con una compañía norteamericana (1894).
Ya
enfermo, lleno de proyectos literarios, muere en Ibagué en 1895: año de
los nocturnos. El paludismo no le permitió sobrevivir a su gloria. Unos
años más y habría escrito Camilo o Alma negra y Fania, novelas
proyectadas sobre la gesta emancipadora y sobre la disolución de la Gran
Colombia.
Su vida
es misteriosa. Puede definirse como una parábola aventurera. El desengaño
lo persiguió durante toda la vida. Fue parlamentario, periodista
explosivo, guerrero, poeta, novelista, investigador antropológico en la
Guajira, explorador del carbón y del petróleo y presencia ilustre. ¿Qué
ocurrió con Jorge Isaacs para que no hubiera escrito otra novela? Todos
piensan que no podía escribir una obra desastrosa. Por lo menos una obra
rica en facetas humanas de su época. ¿Entonces? Un crítico responde la
pregunta de Isaacs y de María, un libro de ensayo: "Perdida aquella
concepción del mundo (su María) originaria, ninguna realmente le
será posible, pues su existencia se absorbe en la verdadera dimensión de
la historia nacional: el anacronismo generado bajo las condiciones
neocoloniales"
Sobre
Jorge Isaacs se han escrito múltiples libros que, al recopilarse, podrían
formar un infolio infinito. Igualmente acontece con María. Este
mundo de amor y muerte ha sido una y otra vez simplificado, una y otra vez
interpretado. María ya no es un libro solitario: es todo cuanto se
ha dicho sobre ella: las maldiciones, los elogios, las lecturas amorosas,
los silencios. En el presente, muchos procuran socavar su dimensión
reprochándole su tono lacrimógeno. Las sensibilidades cambian con las
épocas pero María sigue presente, invicta, porque en ella nos
vivimos con o sin pañuelos, llenos de prejuicios o sin ellos. Sólo una
obra capaz de resistir tantos años de pruebas penosas, es una obra de
hecho clásica. María no es una novela artificial: artificial es la
época en que la leemos. María no es un libro absurdo: absurdo es el
tiempo en que la asumimos. Para llegar a ella, como dice X-504, sólo basta
estar desnudos. Entonces otra vez será posible "el paraíso" y también la
historia de nuestra propia identidad: esa libertad que se muere y que
renace. Esos sueños humanos que se agrietan y se recomponen. María,
océano para todas las voluntades y para todas las teorías. Pero he aquí la
reflexión del crítico, del psicólogo, del sociólogo, del marxista, del
sacerdote, del positivista, no la han simplificado sencillamente porque la
vida no es reducible, tampoco la poesía, mucho menos el amor del hombre.
Apenas
delinearemos los rasgos de este mundo apasionante llamado María. Su
lectura es la única razón de esta exploración sencilla. Más allá no existe
nada. De algún modo y del sentido más profundo, María la mujer, es
el paraíso perdido del pasado y de algún modo el paraíso recobrado del
futuro: el hombre nuevo. Esta novela tendrá un lugar de honor en el reino
de la alegría, porque sólo comprendiendo nuestra muerte comprenderemos lo
que fuimos y lo que seremos.
14. Eugenio Díaz
Eugenio
Díaz nació en 1803 en Soacha y murió en 1865 en Bogotá. Campesino por
ejercicio, estudiante en el colegio San Bartolomé, fundador de El Mosaico,
poeta en el diario vivir del campo, mente atenta para capturar la
psicología del habitante rural. Con Juan Rodríguez Freyle, Vargas Tejada y
Gregorio Gutiérrez González, se une a la mirada nacional.
Su
presencia pervive hasta el presente. Lo que María vale para el
realismo romántico (la más traducida, la más americana, la más universal,
la que dejó una escuela y, ante todo la mejor novela del siglo XIX en
nuestro continente), asimismo Manuela lo es para el realismo
costumbrista (la más novela, la más profunda, la que por sus
imperfecciones no puede ser considerada una obra maestra, pero sí una obra
sugerente y mucho más notable que mil novecientas cuarenta novelas del
país). Eugenio Díaz es el fundador, al igual que Jorge Isaacs, de nuestra
tradición narrativa. Con los dos comienzan los aciertos y los yerros, pero
también la fundación de una realidad. Manuela y El Rejo de
enlazar afirman su legado.
La
densidad de Manuela, y la semilibertad de sus personajes la
convierten en una novela relativamente coherente. El profundo conocimiento
de la vida social le sirve a Eugenio Díaz para capturar un testimonio
sociológico.
Se le
apunta el hecho de no ser una novela histórica. Mejor aún: una crónica
novelada. Eugenio Díaz refleja la realidad pero también la interpreta en
una acción y unos personajes. Ése es su mérito y ése es su legado. Por eso
aún sobrevive aunque sea con un pie sobre el abismo. Frente a las novelas
sociales, entre ellas, las indigenistas, guarda un nivel sino igual, por
lo menso sí más rico en otras facetas. No se deja sentir la voz
panfletaria y esto la favorece.
15. José Manuel Marroquín
Nace y
muere en Bogotá (1827-1908). Su lira es festiva pero rodeada por el
escarnio y las tinieblas. Huérfano, aventurero en sus primeros años,
apasionado por el ambiente rural, siempre cumplirá tres trabajos: la
lectura, la faena agrícola y la enseñanza. Es el fundador del grupo El
Mosaico y de la Academia Colombiana de la Lengua. No es extraño que nos
haya legado manuales de urbanidad y de ortografía. Su familia tenía
parentesco con importantes señores vinculados al virreinato. Su fuga del
colegio, su relación social con las tías, ejemplifican el origen de su
veta afable y audaz. Su vida está inscrita en el torbellino del poder.
Asumió la presidencia de la República en 1900 ignorando el gobierno de
Sanclemente. Bajo su régimen se libró la cruel Guerra de los Mil Días,
en la cual triunfó su mano de hierro. Inmediatamente vino la separación de
Panamá. Tristes hitos para un poeta presidencial que en el fondo de la
gloria del poder ocultaba un ser festivo.
La
perrilla
es la única obra que ha sobrevivido a las tinieblas de José Manuel
Marroquín. Es popular desde el río Bravo hasta la Patagonia. Como fábula
tiene una estructura muy bien ajustada, tanto en el metro como en la
sintaxis del ritmo. Su nivel de contenido está cimentado en una estructura
filigranada. Los críticos que escriben el mismo libro de la historia de la
literatura nacional con los mismos tonos pasivos, dicen que este poema es
un juguete gracioso, una obra maestra del género, que trabaja las más
difíciles asonancias y que parodia símbolos literarios. Otros consideran
que su obra más meritoria es El Moro, autobiografía de un caballo.
Lo cierto es que en esta fábula se deja sentir el encanto, al festividad y
la complicidad con esta perrilla que pertenece a los personajes animales
antihéroes. Entra a formar parte de la galanura de los rocinantes y Gatos
Bandidos. Más placentero resulta leer esta fábula de La perrilla
que someterla no a un análisis sino a una interpretación, dado que la
anécdota es muy elemental y no admite más recodos que aquél que se ve
visitado por ríos encontrados.
16. José María
Vergara y Vergara
Nació y
murió en Bogotá (1831-1872). Hombre público. Intelectual de valía. Fundó
los periódicos: El Mosaico y La Siesta. Fue uno de los
fundadores de la Academia Colombiana de la Lengua. Es uno de los pioneros
de la crítica literaria con su obra Historia de la literatura de la
Nueva Granada.
Entre sus
cuadros costumbristas dejó: Las tres tazas, Consejos a mi potro, El
chino de Bogotá y otros más. Entre sus novelas figuran: Jacinta,
Olivos y aceitunos, todos son uno, Mercedes, Un odio a muerte, Un chismoso.
Su novela Dramas domésticos quedó inconclusa.
Su obra
más celebrada es Olivos y aceitunos, todos son unos.
Secuencia de cuadros costumbristas que se concentran alrededor de un drama
de amor. José María Vergara y Vergara deja sentir su humor finísimo, su
palabra irónica e ingeniosa, para revelar los vicios políticos de aquella
época que emergía de la Colonia y llegaba a la República en medio de
pasiones y guerras sin fin. La novela costumbrista se enriquece con este
tono burlón y cáustico que utiliza el santafereño para demoler las
máscaras de aquellos políticos corruptos y necios. José María Vergara y
Vergara tenía una fuerte conciencia social que le permitía comparar a los
encomenderos con los hacendados de la naciente república: todos juntos una
dinastía de hombres ambiciosos y crueles.
17. Tomás Carrasquilla
La
tradición literaria antioqueña encuentra en don Tomás Carrasquilla su
esplendor. Nació el 17 de enero de 1858 en Santo Domingo, Antioquia, y en
1940 muere en Medellín. Sastre, empleado público, bohemio, conquistador de
la palabra regional, hombre dedicado a su obra literaria, mal estudiante y
excelente novelista, oído atento del latido popular de su comunidad.
Algunos críticos citan en sus ensayos sobre él, que es el primer novelista
regional de América y establecen esta cita con el asombro de saberlo. El
hecho es bien sencillo: Tomás Carrasquilla era un novelista por encima de
sus fisuras. Las aseveraciones de Federico Onis o de Cejador no tienen
nada de sorprendente. Carrasquilla es antes de ellos y después de ellos.
Si Jorge Isaacs es el conquistador de la novela colombiana, Tomás
Carrasquilla es su fundador. Regatearle la consagración es un modo de
vergüenza. Carrasquilla está por encima de nuestro complejo de
inferioridad: es un novelista monumental con todo y sus abismos menores.
Por eso no necesitamos demostrarlo en este estudio. Sencillamente llegar a
él a través de su obra que de por sí se adelantó a su tiempo y es actual
como un recién nacido.
Su
limitación en el espacio universal no le resta méritos a su novelística.
Si hubiera tenido un boom publicitario, sería más conocido en el
planeta mas no por eso sería mejor Carrasquilla. A un autor no lo hace el
número de sus lectores, sino la coherencia y la calidad de su obra. No se
trata aquí de disfrazar sus limitaciones por su lenguaje regional. Tampoco
de otorgarle una consagración inmerecida. Él ya la tiene y suficiente, y
aún más: es un novelista en la dimensión magna de la palabra: un novelista
épico. No fue un visitador de la literatura. Dejó un mundo
carrasquilliano. Una trilogía de espacios novelísticos y un cúmulo de
cuentos sólidos.
Sus
homilías demuestran irrebatiblemente que no era un turista. Era un
intérprete, fronterizo en el nivel de la creación, que dejó como legado
algunas proposiciones importantes.
Entre ellas destacamos:
·
Proclama la virtud de lo autóctono y lo terrígeno frente a lo erudito y lo
extranjero. Rechaza el modernismo escapista y asume la nacionalidad y la
americanidad en sus consecuencias máximas.
·
Propone
un 20 de julio literario: emancipación literaria y emancipación política.
Es con José Martí el pensador que busca su identidad en su propia cultura
mestiza. Dice "no" a los modelos importados y ensamblados artificialmente.
Si erró, erró siendo honesto, siendo buzo primigenio en su aventura
regional. Su frase que podemos resumir en "la literatura colombiana para
los colombianos y no para los europeos" es revolucionaria. ¿Qué significa
esto? Que no podemos escribir en europeo para ellos, sino en americano
para nosotros y para el mundo. Sólo siendo
nosotros mismos podemos ser en todas partes.
·
Tomás
Carrasquilla era muy consciente de que sólo por la comarca se puede llegar
al mundo. Muchos años después, los novelistas mayores del medio siglo
afirmarían este concepto. Entre ellos Mario Benedetti, ese creador plural
de nuestros pueblos.
·
Cuando Tomás Carrasquilla escribe sus homilías, también establece una base
fundamental: atrapar la nacionalidad en el paisaje, costumbres, psicología
y clases de nuestra sociedad, espacio geográfico, luz y ambiente,
alimentos y rituales, ya no como espectáculo sino como escenario de amor y
muerte.
Otras de
sus obras. En novelística: Frutos de mi tierra (1896), Grandeza
(1910), La Marquesa de Yolombó (1928), Hace tiempos
(1935-1936). En cuentos destacamos: Simón el mago, En la diestra
de Dios Padre, Salve Regina. Una idea de peripecia narrativa y
temática de Carrasquilla la ofrecen cinco planos:
Estudiantes, Mineros, Vagabundos, Campesinos y Salutaris.
De este
modo, el universo antioqueño se hace colombiano, americano y universal.
Tomás Carrasquilla es en sus novelas hombre y tierra, costumbre y canto,
ser confrontado con la ternura, el vicio, la soledad y el destino. Ésa es
su clave.
18. José Eustasio Rivera
José
Eustasio Rivera nació en Neiva, Huila, en 1889 y murió en Nueva York en
1928. Después de concluir sus estudios primarios, viaja a Bogotá. En 1909
se gradúa de maestro en la Escuela Normal Superior de Bogotá. En 1917
obtiene el título de abogado de la Universidad Nacional de Colombia.
Entonces ingresa a la diplomacia. Marcha a México, Perú y Cuba
(1921-1928). Por su trabajo legal, hizo parte de la comisión que habría de
trazar los límites en la frontera colombo-venezolana. Agregado a esto,
José Eustasio Rivera era propietario de un negocio de ganado, lo que le
permitió conocer a fondo no sólo el mundo llanero sino también el invierno
verde de la Orinoquia y las selvas amazónicas. Muchos años después habría
de concluir ese trabajo épico en una casa de Sogamoso, el umbral del
Llano. Este expedicionario silencioso, explorador de los problemas
dramáticos de las caucherías y de los obreros del petróleo, hará estallar
la novela americana. Para hacerlo, recurrirá a todas sus destrezas y sus
vínculos con la literatura universal. Puede decirse sin titubeos que con
él se instaura la novela de la identidad.
José
Eustasio Rivera escribió dos libros: una hermosa colección de versos de
estilo parnasiano: Tierra de promisión (1921) y su novela poemática
La vorágine (1924).
Tierra de
promisión
está constituido por 55 sonetos. Desde la misma adolescencia se fijó el
plan de expresar la vida de Colombia, particularmente su faz tropical
(fauna y flora). Enamorado de este proyecto lo hizo realidad con la pasión
de un Arturo Cova. Estos alejandrinos y endecasílabos fueron apareciendo
en revistas y diarios de la capital y no se hizo tardar su consagración
nacional, especialmente entre los intelectuales de mayor valía. El tema de
sus sonetos atrapa la personalidad del mundo amazónico y sus geografías
aledañas. En la galería de sus personajes desfilan escarabajos y volcanes
míticos, águilas y cóndores del reino azul, tigres y palomas, siempre en
movimiento, penetrados por un hábito sugerente y maravilloso. No son meras
traducciones naturalistas de museo, sino sonetos con alas, temblorosos
como los remolinos perdidos, que exhalan la vitalidad torrencial de la
geografía americana. La estructura de sus poemas es matemática y perfecta.
Ritmo, rima y metro marchan a la par orquestando la sinfonía tropical en
55 variaciones. Sensorialidad, sentimiento y vitalismo son las fuentes por
donde salen a la luz estos sonetos encantadores, donde ya existen
presagios terribles. No obstante, en Tierra de promisión, el mundo
aún es posible para la contemplación y el canto dulce. Más tarde, ese
universo se convertirá en un rival supremo e implacable. Resultado de esta
batalla será La vorágine (1924).
18.1. Estructura de
La vorágine
Tanto la
forma del libro como la misma acción del relato se complementan en una
unidad perfecta.
La
estructura formal es la siguiente: un prólogo, narración de Arturo Cova en
tres partes y un epílogo. Tanto el prólogo como el epílogo representan los
sellos del infierno verde: el sello del descubrimiento y el sello del
silencio. De este modo, el autor de los sellos es el novelista José
Eustasio Rivera, el mensajero que trae el texto del apocalipsis escrito (y
pulido) por el protagonista Arturo Cova. De aquí surge entonces una
educación triangular del mundo negro: el averno no de Dante sino de la
vida americana. Ahora bien, cada una de las etapas, a su vez, tiene otro
triángulo: los tres cantos a la selva que hace el narrador-protagonista
antes de continuar en su expedición. De esta manera, Arturo Cova se
distancia de la selva y se sumerge en ella. Es consciente de ser víctima y
no es consciente cuando vive las circunstancias de su destino trágico. La
estructura triangular además se da entre la sierra (paraíso), los Llanos
(purgatorio) y la selva (infierno). Igualmente a nivel de personajes:
Clemente Silva y Arturo Cova, Alicia y Griselda, Barrera y Zoraida Ayram.
Los primeros son los ángeles en descenso al infierno. Alicia y Griselda
los ángeles del purgatorio. Y los dos últimos: los príncipes del infierno.
Los
personajes, la acción y la selva se muerden la cola. Así llegamos a una
definición riveriana de lo que significa vorágine: infierno verde
que se devora a sí mismo para renacer, animal que resurge de su propia
sangre. Nadie pierde pie en La vorágine. Su ingeniería es un reto a
la imaginación.
19. Manuel Mejía Vallego
Nació en
Jericó (Antioquia) el 23 de abril de 1923. Su existencia ha girado en
torno al periodismo, la cátedra universitaria, los viajes por los caminos
del mundo, la poesía, el cuento y la novela. Bohemio profundo, mente
reflexiva y creadora, presencia discreta. Nada traiciona a Manuel Mejía
Vallego: cuando la virgen no se le aparece ante su escritorio, él se le
aparece a la virgen. Su dedicación a la literatura tiene un sentido
profesional: vive para la ficción aunque no de ella. Pero en sí, es un
diestro del oficio, que ha conquistado uno de los estadios más respetables
en las letras nacionales. Su obra permanece fresca y de manera excepcional
va de mano en mano del lector colombiano. Aunque actualmente no ha sido
valorada con la profundidad suficiente, por lo menos la tradición del
silencio no ha podido demolerla.
Por el
espacio del realismo crítico cruza el tema de la violencia colombiana.
Antes de llamarlos novelistas de la violencia, preferimos ubicarlos en un
territorio más vasto: el mundo del realismo crítico, mundo que inscribe no
sólo el fenómeno de la violencia (1948-1958) sino también la épica del
hombre nacional frente a su destino histórico. El criterio de la violencia
sirve más para desvalorizar a los novelistas de este conjunto que para
interpretarlos en su riqueza universal. No son cronistas de un hito
histórico: son creadores e intérpretes del mundo contemporáneo. El
fenómeno de la violencia es una materia prima pero también lo son el
sueño, los conflictos familiares, la soledad de una comunidad. Creemos que
este grupo de novelistas tiene la capacidad de trascender el
apocalipsis de los 300.000 muertos y de alcanzar nuevas dimensiones.
Ellos exploran la nacionalidad, la identidad, el mestizaje y la conciencia
de nuestro pueblo actual. Por eso, subrayamos que su clasificación e un
tema de la violencia, es una camisa muy estrecha para ellos. Del mismo
modo como a Mario Benedetti no lo contiene el aspecto político, asimismo
la hecatombe partidista no contiene a nuestros escritores del medio siglo.
Estos marcos históricos simplifican muchas veces la realidad y no permiten
evidenciar el mundo diverso y pluridimensional de los consagrados.
La obra
de Manuel Mejía Vallego básicamente se proyecta entre el periplo social y
las herencias culturales. Éstas son tango y violencia: amor y pesadilla,
nostalgia y dolor, como en su poética Prácticas para el olvido y El
viento lo dijo (1977-1981).
Sus otras
obras fueron: La tierra éramos nosotros (novela), Tiempo de
Sequía (cuentos), Al pie de la ciudad (novela), Cielo
cerrado, El Día señalado (novela),
Cuentos
de Zona Tórrida, Aire de Tango
(novela),
Las noches de la vigilia (cuento), Las muertes ajenas, Tarde de
verano (novelas), Y el mundo sigue andando, La sombra de tu paso
(novelas), El hombre que parecía un fantasma (reportaje), Hojas
de papel (poemas), La casa de las dos palmas (novela),
Memoria de olvido (coplas), Soledumbres (poemas), Los
abuelos de cara blanca (novela), Otras historias de Balandú
(cuentos), Los invocados, novela próxima a salir.
Manuel
Mejía Vallego ha publicado, hasta abril de 1997, once novelas –pues está a
punto de ver la luz Los invocados-, seis libros de cuentos, cuatro de
poesía, un gran reportaje sobre el poeta Barba Jacob (El hombre que
parecía un fantasma) y un libro de ensayos sobre los ecritores antioqueños
de su generación. Ha escrito, asimismo, miles de artículos periodísticos y
docenas de presentaciones y prólogos para libros diversos, incluidos los
de algunos de sus alumnos del Taller de Escritores de la Biblioteca
Pública Piloto de Medellín, que el escritor fundó en los albores de la
década del ochenta.
19.1. Premiaciones
19.1.1.
Internacionales para sus cuentos
1951:
El milagro, Sexto Concurso anual de cuento. Caracas, Venezuela.
1952:
La guitarra, Séptimo Concurso anual de cuento. Caracas Venezuela. Tercer
premio.
1955:
Tiempo de Sequía, Concurso internacional de cuento, auspiciado por el
diario El Nacional, de México. Primer Premio.
1956:
Al pie de la Ciudad, Undécimo Concurso nacional de cuento,
Caracas, Venezuela. Primer premio.
1956:
La muerte de Pedro Canales, Concurso centroamericano de cuento. El
Salvador. Primer premio.
1957:
Riña para cuatro gallos, Concurso nacional de cuento autóctono de
Manizales. Colombia. Primer Premio.
19.1.2. Premios nacionales y extranjeros de novela
1958:
Al pie de la ciudad, Concurso de la Editorial Lozada. Buenos Aires,
Argentina. Segundo Premio.
1963:
El día señalado, Premio Eugenio Nadal. España.
1972:
Las muertes ajenas, Premio Casa de Las Américas, mención especial, La
Habana, Cuba.
1973:
Aire de tango, Premio Vivencias en la I Benial Colombiana de Cali.
1979:
Las muertes ajenas, mención especial, primer Concurso nacional de novela
Plaza y Janés.
1989:
La casa de las dos palmas, Premio Rómulo Gallegos. Caracas,
Venezuela.
19.1.3.
Premios nacionales de cuento
1959:
Aquí yace alguien, Segundo Premio en el Concurso nacional de cuento
auspiciado por el diario El Tiempo, de Bogotá.
1962:
El sillón del forastero, tercer premio en el Concurso nacional de cuento,
auspiciado por el diario El Colombiano, de Medellín.
1963:
La venganza, primer premio en el Concurso nacional de cuento de Bogotá.
19.1.4.
Premios internacionales de ensayo
1956:
Breve elogio de la muerte, segundo premio en el Concurso centroamericano
de literatura.
20. Gabriel García
Márquez
Gabriel
García Márquez nació en Aracataca en 1928. Su existencia forma ya parte de
la memoria popular. Sobre su pasado, su presente y su futuro y también
sobre sus obras, se han escrito tantos libros que con ellos se podría
construir una biblioteca fantástica. Su influjo ha destacado escuelas
mágicas, un horizonte de embrujo y un soplo de insomnio sobre el pueblo
latinoamericano. Sus personajes viven entre las pesadillas y los sueños
felices de las doncellas, los adolescentes y los coroneles nostálgicos. Es
el primer escritor nacional y uno de los más representativos de la
literatura universal de todos los tiempos.
Sus
expediciones por el planeta están signadas por una misión. Entre las
noches y los amaneceres, este humorista melancólico despierta en la
Colombia de la violencia, en la dictadura de Trujillo, en el París de
1954, entre sus guayabos con los mitológicos obregones y el aire verde de
México, donde escribió una de sus obras maestras. La revolución cubana y
la defensa de los derechos humanos perfilan su trabajo político. La
Alternativa de otros tiempos es hoy la "alternativa" del escritor
colombiano. No hay espacio donde su pie esté ausente: el Chocó lo recuerda
por sus reportajes sociales, los países socialistas por sus memorias de
fuego, la ciudad de Barranquilla por sus mariposas amarillas. Sus frases
son dignas del perpetuo resurrecto: "El deber de todo escritor es
escribir bien", "La revolución no es para que el pobre sea más pobre sino
para que sea más rico", "Los críticos son hombres muy serios y la seriedad
dejó de interesarme hace mucho tiempo", "Lo único que sé sin ninguna duda
es que la realidad no termina en el precio de los tomates", "Yo pienso que
nuestra contribución para que la América Latina tenga una vida no será más
eficaz escribiendo novelas bien intencionadas que nadie lee, sino
escribiendo buenas novelas", "Toda buena novela es adivinanza del mundo",
"Yo creo que tarde o temprano el mundo será socialista, quiero que lo sea
y mientras más pronto mejor". "¿Y quién dijo que no vivo en Colombia?",
"Lo único que me ha interesado desde niño: que mis amigos me quieran más".
Gabriel García Márquez es un hombre comprometido con la vocación de ser
del pueblo latinoamericano. Pero también como escritor es un hombre fiel a
la creación. No produce libros en serie. Sus libros parten de una
necesidad irrefrenable. En él vanguardia artística y vanguardia ideológica
se dan la mano. Gabriel García Márquez ha sufrido dos experiencias
notables: la primera marcada por la acusación de plagio que le hizo
Miguel Ángel Asturias. La segunda, por su exilio de Colombia marcado por
el punto de mira del poder. No obstante, tiene un poder de clarividencia
que lo vence todo. Este hombre eternamente indocumentado y feliz, este
mago escalador del cine, el periodismo, los viajes y los sueños, sigue
hablando de su tierra natal, allí donde vivió sus verdaderos Cien años
de soledad.
Su
invulnerabilidad radica en su modestia. La fama como montaje
publicitario que rodeó al boom latinoamericano, no es una sombra
que lo disminuye a la luz de los incrédulos. Al contrario: los vuelve
crédulos. Porque su fama va más allá de las revistas y se hace auténtica.
Aunque sus obras no son para dormir, por lo menos permiten un refresco de
alegría para aquéllos que siguen construyendo el futuro entre sus muertes
cotidianas y sus derrotas, pero también sus victorias calladas. En esa
medida su Premio Nobel 1982 es un reconocimiento glorioso.
20.1. Obras
20.1.1. Novelas:
La hojarrasca (1955), La mala hora (1961), El
coronel no tiene quién le escriba (1958), Cien años de soledad, El otoño
del patriarca (1975), Crónica de una muerte anunciada (1981), El amor en
los tiempos del cólera (1985) y El general en su laberinto (1989).
20.1.2. Cuentos:
Ojos de perro azul (1952), Los funerales de la
mamá Grande (1962), La increíble y triste historia de la cándida Eréndira
y de su abuela desalmada, Doce cuentos peregrinos (1992).
20.1.3. Periodismo:
Relato de un náufrago, Cuando era feliz e
indocumentado, Textos costeños, Entre chacaos, Crónicas y reportajes.
20.1.4. Cine:
Presagio (guión cinematográfico), La viuda de Montiel.
Bibliografía
INSTITUTO
COLOMBIANO DE NORMAS TÉCNICAS Y CERTIFICACIÓN. Norma Técnica Colombiana
para la presentación de trabajos de investigación.
Santafé de Bogotá D.C.,
ICONTEC, 1997, 104 p. NTC 1486
AYALA Poveda Fernando.
Manual de Literatura Colombiana. Santafé de Bogotá D.C.,
EDUCAR EDITORES, 1994, 416 p.
CORPORACIÓN FOMENTO DE LA MÚSICA. Manuel Mejía Vallego, una semblanza.
Medellín,
http://www.banrep.gov.co/biblio/bvirtual/literatu/lvalle00.htm,
1994, 11 p.
* autor:
Camilo Andrés Santos Rodríguez
fuente:
FUNDACIÓN INSTITUTO TECNOLÓGICO DEL SUR
DPTO.
DE ESPAÑOL Y LITERATURA
SANTA FÉ DE BOGOTÁ D.C. 1998
ÁLBUM DE
REPRESENTANTES DE LITERATURA COLOMBIANA
Agradecimientos
El autor
agradece profundamente a:
DIOS, por
ser mi apoyo, mi amigo y mi instructor en todo momento.
Ruth
Yanira Urzola, mi "profe", que con sus clases llenas de enseñanzas y
sabiduría, nos hace comprender cuál es la importancia del estudio en
nuestras vidas y a la vez hace que con su genio y paciencia le tengamos
mucho más cariño a éste.
|