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En un día como hoy:

LITERATURA ECUATORIANA

DÁVILA ANDRADE

RESEÑA

Jorge Carrera Andrade

Carrrera Andrade-Poemario

César Dávila Andrade

Introducción a su obra literaria

Vida

Obra

D. Andrade-A respecto de

D. Andrade-Poemario

Jorge Enrique Adoum

Juan Bautista Aguirre

Jorge Icaza: Vida-Obras

Icaza - léxico popular ecuat.

Icaza - Prosa: Sed (1933)

Icaza - Prosa: Cachorros (1933)

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

CÉSAR DÁVILA ANDRADE (1918-1967)  

 

INTRODUCCIÓN SUCINTA A SU OBRA LITERARIA*

 

Todos somos fruto de nuestro tiempo. Incluso los hombres más geniales, aquellos que rompen con la forma de pensar de su época, con los modos expresivos artísticos y con la sumisión social anterior.

César Dávila Andrade cambió para siempre la forma de hacer poesía en su pequeña ciudad, la Cuenca de finales de los años 40, pero fue en todo momento, incluso en los de búsquedas más intelectuales y metafísicas un producto de su conflictivo tiempo y de su estirpe, intensamente ligada a la historia de la región austral.

El ancestro, el pensamiento, la experiencia, la escritura y la vida forman una sólida unidad en Dávila, y evolucionan a medida que el poeta avanza en el camino de la existencia.

Desde muy joven, ocurre algo que caracterizará su contradictoria personalidad: se inclina hacia dos concepciones vitales y filosóficas contrarias:

Lo místico. El rosacrucismo y la masonería son vías por las cuales encauza su inquietud espiritual.

Lo social. El socialismo le parece una vía de rescate de ese ser humano explotado y maltratado por el que sufre y se interesa reiteradamente en su obra; por ello, se afilia al Partido Socialista Ecuatoriano. Nunca abandonará sus ideas, más que de izquierda, progresistas, pero jamás tendrá una militancia como sí la tuvieron otros artistas de la época: Joaquín Gallegos Lara o Enrique Gil Gilbert, por ejemplo; él se siente, sobre todo, hombre de letras, no político.

Estas preocupaciones convivirán claramente en su interior, llegando a veces a un conflicto, cuya única salida era su inmensa capacidad creativa, y con esas inquietudes se mezclaban muchas otras, que giraban en torno a la condición humana y sus flaquezas.

Temas como el mal, ya fuera en forma de enfermedad, pasión o muerte; el sexo como aniquilación; el amor como ideal, aparecen de manera constante a lo largo de su obra, son resultantes de sus preocupaciones reales y hundían sus raíces en lo más vital del poeta y de su entorno físico y social.

La poesía que data de la década del cuarenta, es lo más popular de la producción daviliana; esa obra, que se emparenta con el primer Neruda y el Carrera Andrade joven, y que al finalizar los cuarentas él mismo desdeñaba un poco.

Se trata de neo-romanticismo (por la sensibilidad) y neosurrealismo (por la expresión), pero se revela ya en esta producción del período cromático la verdadera estatura del poeta. Veinte poemas se publicaron en el libro Espacio me has vencido, pero muchos otros no aparecieron en volumen jamás. Hay composiciones de particular hermosura y calidad en esta producción inicial, particularmente algunas de las cartas y canciones del libro primogénito: "Esquela al gorrión doméstico", "Canción a la bella distante", "Invitación a la vida triunfante" y "Espacio me has vencido";y otras contemporáneas, como la inmortal "Carta a la madre", quizás el más entrañable y amado de sus poemas, "Canción a Teresita" y "Oda al Arquitecto"; estas dos, de lo más hermoso y acabado de su creación.

Llamamos período experimental-telúrico, al segundo lapso creativo. De este, en lo telúrico, lo vinculado con la tierra americana y sus habitantes, sin duda, la pieza fundamental es Boletín y Elegía de las Mitas, monumento épico-lírico al indio ecuatoriano. Y en lo que respecta al experimentalismo, señalemos el libro Arco de Instantes y el poema "Catedral Salvaje", de gran belleza, pese a ser un tanto desarticulado, tal vez por su enorme extensión, o porque el escritor se deja arrastrar por la catarata de imágenes que lo inundan todo.

Arco de instantes es libro nuclear en lo experimental y muestra los resultados, no siempre exitosos, del intento de superación de la primera lírica daviliana, que llega, lo repetimos, hasta fines de la década del 40, como también del imaginismo gigantista y caótico de "Catedral Salvaje".

El poeta quisiera desterrar el esplendor verbal, las metáforas suntuosas y la idealización de la realidad. Para ello opta por una expresión que quiere ser despojada, desnuda, pero cae en la ambigüedad del vanguardismo y de lo surrealista.

Verdad es que surrealismo y audacias innovadoras no bastan para ocultar las heridas vitales, las lacras y las frustraciones que subyacen en el fondo de esta obra; pero ello no impide su poderosa presencia en la mayor parte de los textos. El sueño es insuficiente para refugiarse en él y olvidar "los pasos rotos" y "la blasfemia de los ebrios"; la situación del poeta y del hombre en general, "ahogado en piedra, con un cielo enloquecido en el corazón"; su peregrinar por "calles, moradas, antros, desfiladeros del dolor civil"; su conciencia de ser un "inútil puro"; su desesperada búsqueda de esa "esquirla de los Espejos del Altísimo", de aquella sabiduría, apenas intuida, pero hacia la que irá en adelante, libre ya de "la basura chispeante" de cuanto escribiera en el pasado.

Arco de Instantes es íntegramente poesía de un surrealismo tardío, pero intenso; cada uno de sus poemas contiene siquiera una de esas desconcertantes imágenes en las que impera lo sorprendente, la asociación impensada, insólita, como es frecuente en manifestaciones artísticas de esta tendencia.

Por ejemplo: "El organista busca en sus gabanes, las manos de unos novios, los límites del péndulo y de los clavicordios". ¿Cuáles son, podemos preguntarnos, las ligazones entre los elementos de esta imagen? Posiblemente sean tan subterráneas que no lleguemos a descubrirlas; pero, se produce ese shock que es frecuente en la poesía del surrealismo; ese desconcierto al tratar de establecer los parentescos que unen a un organista con las manos espectrales de unos novios, imposibles de ser encontradas en los bolsillos de un gabán fantasma, y peor aún en compañía de los límites del péndulo, en su perpetua oscilación, o de los clavicordios, con su evocación de pasado.

En ocasiones, la atmósfera de extrañeza es tan fuerte y la dosis de sueño que se desprende de las imágenes tan densa, que poemas enteros se vuelven difíciles de interpretar; es como si el poeta cerrara con una llave de misterio el código usado para la composición, y no dejara lugar sino a intuiciones.

Por cierto, se dan excepciones como la vívida "Infancia muerta, o el desgarrado Origen", o de poemas plenos de vivencias directas tales "El ebrio" y "Hospital", o de esa única presencia de la geografía en este volumen La Corteza Embrujada, un nombre que fue una de las obsesiones de Dávila.

En estos y en algunos más, la realidad, los referentes emergen de la complicada trama surrealista-vanguardista, y lo hacen con todo su amargo peso; pero, ya Dávila ha empezado su incursión en el hermetismo, con la decisión de quien se lanza a las titánicas "batallas del silencio", aunque conoce que su "afán de Paraíso está en desgracia" y quién sabe si su voz "a las puertas de un Dios mudo".

Del último tiempo, al que quienes han estudiado a Dávila coinciden en llamar período hermético, sus mejores composiciones son las que contienen la poética del autor, es decir sus ideas sobre literatura, estética y vida, como "Poesía quemada" y "Tarea poética".

De la narrativa, las grandes piezas son "Vinatería del Pacífico", de la etapa inicial, cuento realista, pero de un desgarrado lirismo; la mayoría de los Relatos, su obra del periodo de madurez, que la conforman piezas narrativas impresionantes por su hondura humana, por los dramas terribles que plantean: la enfermedad, la muerte, la descomposición, el olvido, la locura, el mal, y dignas de admiración también por su extraordinario sentido de lo poético; y "El viento", "La carreta de heno" y "En la rotación viviente del dodecaedro", del tiempo final y hermético; cuentos, sobre todo el último de los mencionados, en los que se mezclan las ideas extrañas de las que estaba saturado el autor, y la poesía más intensa, de manera admirable.

En la prosa no ficcional, son excelentes sus Evocaciones, del primer período, en las que con una gran economía de la lengua, pero también con un notable sentido de la caracterización del personaje, consigue pintar para nosotros a algunos de los seres que admiraba, como Ghandi o Antonio Machado; Magia, yoga y poesía, importantísimo ensayo sobre poética, escrito en pleno período hermético, y algunos micro ensayos, aparecidos frecuentemente como artículos en el periódico El Nacional de Caracas, entre 1950 y 1966. 

 

* Autor: Jorge Dávila Vásquez

       en: http://www.literaturaecuatoriana.com/jorgedav.htm

 

VIDA

Dávila Andrade, poeta, narrador y ensayista nació en Cuenca - Ecuador. De familia modesta, tuvo que abandonar sus estudios para trabajar en diversas ocupaciones. Su obra neorromántica y surrealista, alcanzó su plenitud al final de los años cuarenta cuando publica sus primeros libros de poemas (Oda al arquitecto -1946), más tarde hizo parte del grupo literario Madrugada y a partir de 1951 vivió en Venezuela, dónde trabajó como periodista y reafirmó su carrera como escritor y poeta. Allí, debido a su vida bohemia y desajustada, el sufrimiento y la adversidad le llevaron al suicidio en Caracas en 1967. Dávila Andrade fue un nombre fundamental en el proceso evolutivo y en la madurez de la lírica ecuatoriana de la segunda mitad del siglo XX.

 

OBRA (selección)

POESÍA PROSA - CUENTOS
1946 Oda al arquitecto 1952 Abandonados en la tierra
1947 Espacio me has vencido 1955 Trece relatos
1951 Catedral salvaje 1966 Cabeza de gallo
1956 Boletín y elegías de las mitas    
1959 Arco de instantes    
1963 En un lugar no identificado    
1964 Conexiones de la tierra    
1966 La corteza embrujada