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INTRODUCCIÓN SUCINTA A SU OBRA LITERARIA*

Todos
somos fruto de nuestro tiempo. Incluso los hombres más geniales,
aquellos que rompen con la forma de pensar de su época, con los modos
expresivos artísticos y con la sumisión social anterior.
César Dávila Andrade cambió para siempre la forma de hacer poesía en
su pequeña ciudad, la Cuenca de finales de los años 40, pero fue en
todo momento, incluso en los de búsquedas más intelectuales y
metafísicas un producto de su conflictivo tiempo y de su estirpe,
intensamente ligada a la historia de la región austral.
El ancestro, el pensamiento, la experiencia, la escritura y la vida
forman una sólida unidad en Dávila, y evolucionan a medida que el
poeta avanza en el camino de la existencia.
Desde muy joven, ocurre algo que caracterizará su contradictoria
personalidad: se inclina hacia dos concepciones vitales y filosóficas
contrarias:
Lo místico. El rosacrucismo y la masonería son vías por las cuales
encauza su inquietud espiritual.
Lo social. El socialismo le parece una vía de rescate de ese ser
humano explotado y maltratado por el que sufre y se interesa
reiteradamente en su obra; por ello, se afilia al Partido Socialista
Ecuatoriano. Nunca abandonará sus ideas, más que de izquierda,
progresistas, pero jamás tendrá una militancia como sí la tuvieron
otros artistas de la época: Joaquín Gallegos Lara o Enrique Gil
Gilbert, por ejemplo; él se siente, sobre todo, hombre de letras, no
político.
Estas preocupaciones convivirán claramente en su interior, llegando a
veces a un conflicto, cuya única salida era su inmensa capacidad
creativa, y con esas inquietudes se mezclaban muchas otras, que
giraban en torno a la condición humana y sus flaquezas.
Temas como el mal, ya fuera en forma de enfermedad, pasión o muerte;
el sexo como aniquilación; el amor como ideal, aparecen de manera
constante a lo largo de su obra, son resultantes de sus preocupaciones
reales y hundían sus raíces en lo más vital del poeta y de su entorno
físico y social.
La poesía que data de la década del cuarenta, es lo más popular de la
producción daviliana; esa obra, que se emparenta con el primer Neruda
y el Carrera Andrade joven, y que al finalizar los cuarentas él mismo
desdeñaba un poco.
Se trata de neo-romanticismo (por la sensibilidad) y neosurrealismo
(por la expresión), pero se revela ya en esta producción del período
cromático la verdadera estatura del poeta. Veinte poemas se publicaron
en el libro Espacio me has vencido, pero muchos otros no aparecieron en
volumen jamás. Hay composiciones de particular hermosura y calidad en
esta producción inicial, particularmente algunas de las cartas y
canciones del libro primogénito: "Esquela al gorrión doméstico", "Canción
a la bella distante", "Invitación a la vida triunfante" y "Espacio me
has vencido";y otras contemporáneas, como la inmortal "Carta a la
madre", quizás el más entrañable y amado de sus poemas, "Canción a
Teresita" y "Oda al Arquitecto"; estas dos, de lo más hermoso y
acabado de su creación.
Llamamos período experimental-telúrico, al segundo lapso creativo. De
este, en lo telúrico, lo vinculado con la tierra americana y sus
habitantes, sin duda, la pieza fundamental es Boletín y Elegía de las
Mitas, monumento épico-lírico al indio ecuatoriano. Y en lo que
respecta al experimentalismo, señalemos el libro Arco de Instantes y
el poema "Catedral Salvaje", de gran belleza, pese a ser un tanto
desarticulado, tal vez por su enorme extensión, o porque el escritor
se deja arrastrar por la catarata de imágenes que lo inundan todo.
Arco de instantes es libro nuclear en lo experimental y muestra los
resultados, no siempre exitosos, del intento de superación de la
primera lírica daviliana, que llega, lo repetimos, hasta fines de la
década del 40, como también del imaginismo gigantista y caótico de
"Catedral Salvaje".
El poeta quisiera desterrar el esplendor verbal, las metáforas
suntuosas y la idealización de la realidad. Para ello opta por una
expresión que quiere ser despojada, desnuda, pero cae en la ambigüedad
del vanguardismo y de lo surrealista.
Verdad es que surrealismo y audacias innovadoras no bastan para
ocultar las heridas vitales, las lacras y las frustraciones que
subyacen en el fondo de esta obra; pero ello no impide su poderosa
presencia en la mayor parte de los textos. El sueño es insuficiente
para refugiarse en él y olvidar "los pasos rotos" y "la blasfemia de
los ebrios"; la situación del poeta y del hombre en general, "ahogado
en piedra, con un cielo enloquecido en el corazón"; su peregrinar por
"calles, moradas, antros, desfiladeros del dolor civil"; su conciencia
de ser un "inútil puro"; su desesperada búsqueda de esa "esquirla de
los Espejos del Altísimo", de aquella sabiduría, apenas intuida, pero
hacia la que irá en adelante, libre ya de "la basura chispeante" de
cuanto escribiera en el pasado.
Arco de Instantes es íntegramente poesía de un surrealismo tardío,
pero intenso; cada uno de sus poemas contiene siquiera una de esas
desconcertantes imágenes en las que impera lo sorprendente, la
asociación impensada, insólita, como es frecuente en manifestaciones
artísticas de esta tendencia.
Por ejemplo: "El organista busca en sus gabanes, las manos de unos
novios, los límites del péndulo y de los clavicordios". ¿Cuáles son,
podemos preguntarnos, las ligazones entre los elementos de esta imagen?
Posiblemente sean tan subterráneas que no lleguemos a descubrirlas;
pero, se produce ese shock que es frecuente en la poesía del
surrealismo; ese desconcierto al tratar de establecer los parentescos
que unen a un organista con las manos espectrales de unos novios,
imposibles de ser encontradas en los bolsillos de un gabán fantasma, y
peor aún en compañía de los límites del péndulo, en su perpetua
oscilación, o de los clavicordios, con su evocación de pasado.
En ocasiones, la atmósfera de extrañeza es tan fuerte y la dosis de
sueño que se desprende de las imágenes tan densa, que poemas enteros
se vuelven difíciles de interpretar; es como si el poeta cerrara con
una llave de misterio el código usado para la composición, y no dejara
lugar sino a intuiciones.
Por cierto, se dan excepciones como la vívida "Infancia muerta, o el
desgarrado Origen", o de poemas plenos de vivencias directas tales "El
ebrio" y "Hospital", o de esa única presencia de la geografía en este
volumen La Corteza Embrujada, un nombre que fue una de las obsesiones
de Dávila.
En estos y en algunos más, la realidad, los referentes emergen de la
complicada trama surrealista-vanguardista, y lo hacen con todo su
amargo peso; pero, ya Dávila ha empezado su incursión en el
hermetismo, con la decisión de quien se lanza a las titánicas "batallas
del silencio", aunque conoce que su "afán de Paraíso está en desgracia"
y quién sabe si su voz "a las puertas de un Dios mudo".
Del último tiempo, al que quienes han estudiado a Dávila coinciden en
llamar período hermético, sus mejores composiciones son las que
contienen la poética del autor, es decir sus ideas sobre literatura,
estética y vida, como "Poesía quemada" y "Tarea poética".
De la narrativa, las grandes piezas son "Vinatería del Pacífico", de
la etapa inicial, cuento realista, pero de un desgarrado lirismo; la
mayoría de los Relatos, su obra del periodo de madurez, que la
conforman piezas narrativas impresionantes por su hondura humana, por
los dramas terribles que plantean: la enfermedad, la muerte, la
descomposición, el olvido, la locura, el mal, y dignas de admiración
también por su extraordinario sentido de lo poético; y "El viento", "La
carreta de heno" y "En la rotación viviente del dodecaedro", del
tiempo final y hermético; cuentos, sobre todo el último de los
mencionados, en los que se mezclan las ideas extrañas de las que
estaba saturado el autor, y la poesía más intensa, de manera admirable.
En la prosa no ficcional, son excelentes sus Evocaciones, del primer
período, en las que con una gran economía de la lengua, pero también
con un notable sentido de la caracterización del personaje, consigue
pintar para nosotros a algunos de los seres que admiraba, como Ghandi
o Antonio Machado; Magia, yoga y poesía, importantísimo ensayo sobre
poética, escrito en pleno período hermético, y algunos micro ensayos,
aparecidos frecuentemente como artículos en el periódico El Nacional
de Caracas, entre 1950 y 1966.
* Autor: Jorge Dávila Vásquez
en:
http://www.literaturaecuatoriana.com/jorgedav.htm
VIDA
Dávila
Andrade, poeta, narrador y ensayista nació en Cuenca - Ecuador. De
familia modesta, tuvo que abandonar sus estudios para trabajar en
diversas ocupaciones. Su obra neorromántica y surrealista, alcanzó su
plenitud al final de los años cuarenta cuando publica sus primeros
libros de poemas (Oda al arquitecto -1946), más tarde hizo parte del
grupo literario Madrugada y a partir de 1951 vivió en Venezuela, dónde
trabajó como periodista y reafirmó su carrera como escritor y poeta.
Allí, debido a su vida bohemia y desajustada, el sufrimiento y la
adversidad le llevaron al suicidio en Caracas en 1967. Dávila Andrade
fue un nombre fundamental en el proceso evolutivo y en la madurez de
la lírica ecuatoriana de la segunda mitad del siglo XX.
OBRA
(selección)
| POESÍA |
PROSA - CUENTOS |
| 1946 |
Oda al arquitecto |
1952 |
Abandonados en la tierra |
| 1947 |
Espacio me has vencido |
1955 |
Trece relatos |
| 1951 |
Catedral salvaje |
1966 |
Cabeza de gallo |
| 1956 |
Boletín y elegías de las
mitas |
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| 1959 |
Arco de instantes |
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| 1963 |
En un lugar no identificado |
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| 1964 |
Conexiones de la tierra |
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| 1966 |
La corteza embrujada |
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