|
ANTOLOGÍA
POÉTICA DE CÉSAR DÁVILA ANDRADE
A respecto de esta obra de Edmundo Aray
*
Edmundo Aray: poeta, cuentista, ensayista y
cineasta venezolano, miembro de los grupos literarios Sardio y El
Techo de la Ballena, y fundador de la revista Rocinante, es el vate
que en este libro presenta al otro bardo: el ecuatoriano César Dávila
Andrade: "Angel abandonado, espina frontal, tuya fue la poesía, [...]
tuya la desgraciada manera de escucharte-lúcido, lúcido más allá de
toda lucidez; ebrio entre los ebrios de la más pura borrachera, tímido
ojo azul de la mañana".
Unidos ambos por la "sensibilidad americana" a la que
aludía Guillermo Sucre, poseen la pasión por las formas y la
perfección, como manera de dar cierta coherencia al sentimiento que
oscila entre el desarraigo y el arraigo, la evasión y el retorno. En
la Antología Poética [del griego Anthos : flor, y lego : recoger],
del ecuatoriano César Dávila Andrade, Edmundo Aray reúne las
inspiraciones más significativas del escritor. No conforme con agrupar
solamente los poemas de Dávila Andrade, Aray hermosea el texto con
una introducción poética titulada: "Mientras ellos disparan, rugen,
mienten" y añade al final unas "Valoraciones" que contemplan su propio
estudio personal, fundamentado en otros críticos, acerca de la vida y
obras del ecuatoriano.
César Dávila Andrade se presenta en las "Valoraciones"
de Edmundo Aray como un escritor nacido en Cuenca, cuya personalidad
contrastante oscilaba entre la sobriedad y el estado etílico. En
Quito, país natal, había sido célebre por la publicación de sus
diferentes obras poéticas, cuentos, ensayos y notas bibliográficas y,
además, por los premios literarios que había obtenido en Cuenca.
Desde l951 se había establecido en Venezuela y era recordado por la
divulgación de sus obras en las revistas Shell, Zona Franca y
Nacional de Cultura y en el periódico El Nacional. Después de viajar
a Quito de nuevo y publicar otros poemarios, se había residenciado en
Mérida desde l960 y allí continuó su labor literaria por tres años. En
el 63 fue definitivo su traslado a Caracas, donde murió: "por trágica
decisión personal" en l967.
La obra poética de César Dávila
Andrade ha sido dividida por Jorge Dávila Vázquez en tres etapas,
correspondientes a épocas bien definidas, como señala Edmundo Aray, el
artista de la selección y las notas de este libro, en las "Valoraciones".
La primera época, que abarca desde la adolescencia hasta los treinta
años, se ha denominado Cromática y está Influida por el modernismo,
remoto entonces, pero revivificado por el posmodernismo ecuatoriano.
En la obra tipificada por esa etapa, Dávila Andrade rescata valores
eternos de la revolución formal. Es el tiempo que marca sus obras más
accesibles y menos cargadas de símbolos. Para el gran público es el
momento mejor de su poesía y a ella pertenecen: "Canción a Teresita",
"Oda al Arquitecto" [primeros poemas] y "Espacio me has vencido" del
poemario con el mismo nombre.
En esta primera etapa hay
influencias evidentes del Modernismo. Están presentes la musicalidad:
"Cuando amanece enero, con su frío de nácar/ sé que tu pecho quema su
materia estelar [...] Cómo escucho en la noche de caídos termómetros /volar,
rotas las alas, el ave de tus tus"; la abundancia de colorido: "blancos
cuadernos", "aves de ceniza", "azules y hondas melodías", "crencha
ardiente de la espiga", "azul de la azucena", "sagrada blancura de la
nieve"; e imágenes exóticas:"dulces niñas de Francia", "paisaje de
estalactitas", "Adiós, Luis, Van Beethoven".
En la poesía amorosa de Dávila Andrade puede
observarse, también, un renovado espíritu romántico que recuerda las
rimas de Bécquer: "!oh quién te viera abriendo esos libros que amabas
/con el alma inclinada a la luz de las fábulas!", "Mañana en los
delgados calendarios de ausencia/ te encontraré buscando una
pedrezuela tierna/para marcar una hora lejana que aún espero", "Recuerdo
aquella tarde cuando quise besarte /tenían los cristales un fondo de
mimosas", "!Pienso en aquella tarde y me encuentro más solo! [...]
Pienso en aquella tarde y no sé por qué lloro...".
Como obra representativa de esta primera época
daviliana, Edmundo Aray comenta el poemario: Espacio me has vencido.
Para el escritor venezolano: "Este libro significa la definitiva
maduración de un estilo, nutrido por muchas corrientes poéticas y
voces hermanas". Contiene veinte composiciones de méritos innegables y
parecen ser las líneas más aventajadas de un cuaderno de esquelas y
canciones. La mejor de ellas, de índole sentimental como la mayoría,
es "Canción a la bella distante" que bebe sus fuentes en la poesía
romántica, en el parnasianismo, el modernismo y el post-modernismo: "
No era mi poesía. Mis poemas no eran/ Eras tú solamente, perfecto como
un surco/ abierto por palomas/ Eras tú solamente como un hoyo de
lirios [...] /Eras tú, !Oh distante presencia del olvido!".
La segunda etapa en la poesía
daviliana, corresponde a sus primeros años de matrimonio en
Venezuela. En el estudio de Edmundo Aray se ha denominado Etapa
Experimental y a ella pertenecen el poemario Arco de Instantes, los
dos grandes poemas telúricos y humanos "Catedral salvaje" y "Boletín y
elegía de las mitas", y el "interesante aunque menos logrado, Mi
América india". Aunque Aray comparte parcialmente la periodización
hecha por Dávila Vázquez acerca de la obra de Dávila Andrade,
particularmente no aprecia una segunda etapa en la época venezolana
del escritor estudiado y por este motivo, añade un nuevo tema de
estudio: que podría llamarse una etapa indiana- americanista en la
obra de César. Testimonios de estos temas serían: "Boletín y elegía
de las mitas", "Catedral salvaje", "Mi América india" y "La corteza
embrujada".
Catedral salvaje es un poema extenso, dividido en tres
partes: "Catedral salvaje", "El Habitante" y "Vaticino". En él existe
la evidente presencia de Neruda. El poema Boletín y elegía de las
mitas fue vertido al quechua por Manuel Muñoz Cueva. Es un poema
trascendental, con 26 series estróficas que rescatan un olvidado
momento de la conquista. Es símbolo de una raza, del pasado y la lucha
de la paciencia por la resistencia. En él, se viven: la denuncia y el
calvario sufrido por la raza explotada, cuyos temas ya eran
fundamentales en la Literatura Social Ecuatoriana del los años 30.
Estos poemas indiano-americanistas descubren un
evidente matiz indiano. El autor partía de su raíz inmediata y se
proyectaba en términos que caracterizan al indio americano. Al hacerlo,
no obedecía a una manía literaria ni a un recurso de estilo, sino al
propósito de reconocerse en esas palabras que son parte de su propia
vivencia: "amauta valeroso", "delgada vicuña", "cóndor con médula
partida","la iguana se desnuda de hierba", "los peones caminan en
hilera por el monte","mujeres adornadas con escorpiones de jade","destellantes
rocas del Chimborazo". En esta búsqueda de raíces, resulta sugerente
en el poema " El habitante", la imagen del mestizo americano: "Hijo de
dos inmensas carnes, nació contrario a sí mismo/ [...] porque de un
lado estaba la bestia fornicadora [...]/ y de otro, el indio de
zoológica espina y carne triste..."
La tercera etapa de la obra daviliana se ha denominado
Hermética y coincide con su "definitivo afincamiento en Venezuela". Es
una obra oscura en la que el autor procura una búsqueda espiritual y
esotérica. Este período coincide con los diez últimos de su vida y
durante ellos, se lanza a la exploración de un terreno impenetrable,
de un mundo en el que los demás no tienen acceso. En sus últimas
obras, buscaba un lenguaje que rebasara las esferas de la comunicación
con fines estéticos. Su hermetismo nace de la búsqueda de ese lenguaje
envuelto con angustia.
César buscaba la senda de la interiorización del saber
oculto en una línea cósmica oriental, aliada a una visión metafísica
esencialmente americana. En este tránsito difícil de insertar en el
mundo del yo, Dávila Andrade había hallado la certeza de una gran
armonía interior: "A través de punzantes injertos, oíanse/ los
pruritos del campo magnético/en el rostro del santo de los santos
[...] El polvo y sus agujeros físicos/trafican con la Resurrección",
"Porque absorbidos en la flor compuesta,/ te comemos un poco, dios mío,
y otro poco,/ te exhalamos hacia las Hecatombes".
Poeta de la sensibilidad, César está lejos de reducir
la poesía a la efusión afectiva. En su obra no se opta por la
sencillez, mucho menos por este style coulant que desdeñaba
Baudelaire. Aún los poemas más sencillos tienen otro signo: un
lenguaje incipiente que intenta rescatar su plenitud perdida y la del
mundo. No es la mera sencillez, pues, sino la inocencia. Al final de
su vida, tiende a optar por lo más difícil, no sería nada la
complejidad de su sintaxis, la violencia que se ejerce sobre las
palabras, las imágenes abruptas y hasta chocantes, las continuas
elipsis y los símbolos oscuros, todo ello, está en función de algo más
radical: el arraigo a un lenguaje que empieza por el desarraigo mismo
del lenguaje. El autor está en el mundo como si estuviera fuera de él,
se está en el mundo sin habitarlo de verdad.
La poesía hermética de César lo ha convertido en
dictador de sí mismo; el escritor destruye su propio ser natural, se
destierra a sí mismo del mundo para satisfacer su libertad. La obra
de esta época sólo acepta la angustia como paso hacia la luz y la
esperanza. Habla de acontecimientos, seres y objetos, sobre cuya
causa, tiempo y espacio, el lector no posee ni poseerá información.
Las expresiones no concluyen sino que se interrumpen. Muchas veces el
contenido no consiste más que en cambiantes actitudes lingüísticas,
para las cuales los acontecimientos objetivos o afectivos son
únicamente material sin sentido propio.
En estos poemas abunda la enumeración caótica: "tejados,
hojas, ascuas, gotas..","el gato expresivo/manzana de tinta, costilla
de luna". Lo importante es mostrar lo caótico y lo discorde reunidos
en haz, agrupados en un orden final. César Dávila Andrade presenta
la visión desengañada del caos total moderno; requiere la fe panteísta
que, con una serie de imágenes surrealistas, lo ordene o unifique.
Se sugieren ideas fantásticas, disgregadas de todo lo
existente, combinadas con la desarticulación del mismo yo. La realidad
aparece entreverada y ofrece una interpretación pesimista del poeta.
Se multiplican y deforman las cosas hacinadas en los rincones del
alma: "A través de los imperios, de los hechizos, de los túmulos, de
las pirámides, de las hecatombes, de los mástiles, de los istmos, de
las venas de magma enloquecido". Las enumeraciones caóticas de los
poetas modernos representan un rechazo al desorden de este mundo
creado; por esta misma razón, Dávila Andrade se lanza hacia el mundo
artificial y absoluto, creado por su imaginación. Su obra poética de
los últimos tiempos presenta un desorden enumerativo, como
manifestación del disgusto que siente el bardo frente a la realidad de
la vida, radicalmente desordenada.
Para concluir esta presentación, hay que rendir elogio
a la "colección de flores" revelada por Edmundo Aray en su libro:
Antología Poética. César Dávila Andrade; porque, además de ser un
valioso estudio acerca del escritor ecuatoriano, constituye un aporte
significativo del Fondo Editorial SOLAR, bajo la Dirección de Cultura
del Estado Mérida. Con esta nueva entrega, Solar de Poesía ofrece la
oportunidad de conocer a César Dávila Andrade, escritor de un país
hermano, quien se había residenciado por tres años en la Ciudad de los
Caballeros, y cuya Alma mater , la Universidad de los Andes, le había
publicado el poemario: En un lugar no identificado.
autor: Liduvina Carrera en
http://www.ucab.edu.ve/investigacion/cill/lapoe1.htm
|