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LITERATURA ECUATORIANA

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CÉSAR DÁVILA ANDRADE (1918-1967)  

 

ANTOLOGÍA POÉTICA DE CÉSAR DÁVILA ANDRADE

 

A respecto de esta obra de Edmundo Aray *

    Edmundo Aray: poeta, cuentista, ensayista y cineasta venezolano, miembro de los grupos literarios Sardio y El Techo de la Ballena, y fundador de la revista Rocinante, es el vate que en este libro presenta al otro bardo: el ecuatoriano César Dávila Andrade: "Angel abandonado, espina frontal, tuya fue la poesía, [...] tuya la desgraciada manera de escucharte-lúcido, lúcido más allá de toda lucidez; ebrio entre los ebrios de la más pura borrachera, tímido ojo azul de la mañana".

Unidos ambos por la "sensibilidad americana" a la que aludía Guillermo Sucre, poseen la pasión por las formas y la perfección, como manera de dar cierta coherencia al sentimiento que oscila entre el desarraigo y el arraigo, la evasión y el retorno.  En la Antología Poética  [del griego Anthos : flor, y lego : recoger], del ecuatoriano César Dávila Andrade, Edmundo Aray reúne las inspiraciones más significativas del escritor. No conforme con agrupar solamente los poemas de Dávila Andrade,  Aray hermosea el texto con una introducción poética titulada: "Mientras ellos disparan, rugen, mienten" y añade al final unas "Valoraciones" que contemplan su propio estudio personal, fundamentado en otros críticos,  acerca de la vida y obras del ecuatoriano.

César Dávila Andrade se presenta en las "Valoraciones" de Edmundo Aray como un escritor nacido en Cuenca, cuya personalidad contrastante oscilaba entre la sobriedad y el estado etílico. En Quito, país natal, había sido célebre por la publicación de sus diferentes obras poéticas, cuentos, ensayos y notas bibliográficas y, además, por los premios literarios que había obtenido en Cuenca.  Desde l951 se había establecido en Venezuela y era recordado por la divulgación de sus obras  en las revistas Shell, Zona Franca y Nacional de Cultura  y en el periódico El Nacional.  Después de viajar a Quito de nuevo y publicar otros poemarios, se había residenciado en Mérida desde l960 y allí continuó su labor literaria por tres años. En el 63 fue definitivo su traslado a Caracas, donde murió: "por trágica decisión personal" en l967.

La obra poética de César Dávila Andrade ha sido dividida por Jorge Dávila Vázquez en tres etapas,  correspondientes a épocas bien definidas, como señala Edmundo Aray, el artista de la selección y las notas de este libro, en las "Valoraciones". La primera época, que abarca desde la adolescencia hasta los treinta años, se ha denominado Cromática y está Influida por el modernismo, remoto entonces, pero revivificado por el posmodernismo ecuatoriano. En la obra tipificada por esa etapa, Dávila Andrade rescata valores eternos de la revolución formal. Es el tiempo que marca sus obras más accesibles y menos cargadas de símbolos. Para el gran público es el momento mejor de su poesía y a ella pertenecen: "Canción a Teresita",  "Oda al Arquitecto" [primeros poemas] y "Espacio me has vencido" del poemario con el mismo nombre.

En esta primera etapa hay influencias evidentes del Modernismo. Están presentes la musicalidad: "Cuando amanece enero, con su frío de nácar/ sé que tu pecho quema su materia estelar [...] Cómo escucho en la noche de caídos termómetros /volar, rotas las alas, el ave de tus tus"; la abundancia de colorido: "blancos cuadernos", "aves de ceniza", "azules y hondas melodías", "crencha ardiente de la espiga", "azul de la azucena", "sagrada blancura de la nieve"; e  imágenes exóticas:"dulces niñas de Francia", "paisaje de estalactitas", "Adiós, Luis, Van Beethoven".

  En la poesía amorosa de Dávila Andrade puede observarse, también, un renovado espíritu romántico que recuerda las rimas de Bécquer: "!oh quién te viera abriendo esos libros que amabas /con el alma inclinada a la luz de las fábulas!", "Mañana en los delgados calendarios de ausencia/ te encontraré buscando una pedrezuela tierna/para marcar una hora lejana que aún espero", "Recuerdo aquella tarde cuando quise besarte /tenían los cristales un fondo de mimosas", "!Pienso en aquella tarde y me encuentro más solo!  [...] Pienso en aquella tarde y no sé por qué lloro...".

Como obra representativa de esta primera época daviliana, Edmundo Aray comenta el poemario: Espacio me has vencido. Para el escritor venezolano: "Este libro significa la definitiva maduración de un estilo, nutrido por muchas corrientes poéticas y voces hermanas". Contiene veinte composiciones de méritos innegables y parecen ser las líneas más aventajadas de un cuaderno de esquelas y canciones. La mejor de ellas, de índole sentimental como la mayoría, es "Canción a la bella distante" que bebe sus fuentes en la poesía romántica, en el parnasianismo, el modernismo y el post-modernismo: " No era mi poesía. Mis poemas no eran/ Eras tú solamente, perfecto como un surco/ abierto por palomas/ Eras tú solamente como un hoyo de lirios [...] /Eras tú, !Oh distante presencia del olvido!".

La segunda etapa en la poesía daviliana, corresponde  a sus primeros años de matrimonio en Venezuela. En el estudio de Edmundo Aray se ha denominado Etapa Experimental y a ella pertenecen el poemario Arco de Instantes, los dos grandes poemas telúricos y humanos "Catedral salvaje" y "Boletín y elegía de las mitas", y el "interesante aunque menos logrado, Mi América india". Aunque Aray comparte parcialmente la periodización hecha por Dávila Vázquez acerca de la obra de Dávila Andrade,  particularmente no aprecia una segunda etapa en la época venezolana del escritor estudiado y por este motivo, añade un nuevo tema de estudio: que  podría llamarse una etapa indiana- americanista en la obra de César. Testimonios de estos temas serían:  "Boletín y elegía de las mitas", "Catedral salvaje", "Mi América india" y "La corteza embrujada".

Catedral salvaje es un poema extenso, dividido en tres partes: "Catedral salvaje", "El Habitante" y "Vaticino". En él existe la evidente presencia de Neruda. El poema Boletín y elegía de las mitas fue vertido al quechua por Manuel Muñoz Cueva. Es un poema trascendental, con 26 series estróficas que rescatan un olvidado momento de la conquista. Es símbolo de una raza, del pasado y la lucha de la paciencia por la resistencia. En él, se viven: la denuncia y el calvario sufrido por la raza explotada, cuyos temas ya eran  fundamentales en la Literatura Social Ecuatoriana del los años 30. 

Estos poemas indiano-americanistas descubren un evidente matiz indiano. El autor partía de su raíz inmediata y se proyectaba en términos que caracterizan al indio americano. Al hacerlo, no obedecía a una manía literaria ni a un recurso de estilo, sino al propósito de reconocerse en esas palabras que son parte de su propia vivencia: "amauta valeroso", "delgada vicuña", "cóndor con médula partida","la iguana se desnuda de hierba", "los peones caminan en hilera por el monte","mujeres adornadas con escorpiones de jade","destellantes rocas del Chimborazo". En esta búsqueda de raíces, resulta sugerente en el poema " El habitante", la imagen del mestizo americano: "Hijo de dos inmensas carnes, nació contrario a sí mismo/ [...] porque de un lado estaba la bestia fornicadora [...]/ y de otro, el indio de zoológica espina y carne triste..."

La tercera etapa de la obra daviliana se ha denominado Hermética y coincide con su "definitivo afincamiento en Venezuela". Es una obra oscura en la que el autor procura una búsqueda espiritual y esotérica. Este período coincide con  los diez últimos de su vida y durante ellos, se lanza a la exploración de un terreno impenetrable, de un mundo en el que los demás no tienen acceso. En sus últimas obras, buscaba un lenguaje que rebasara las esferas de la comunicación con fines estéticos. Su hermetismo nace de la búsqueda de ese lenguaje envuelto con angustia. 

César buscaba la senda de la interiorización del saber oculto en una línea cósmica oriental, aliada a una visión metafísica esencialmente americana. En este tránsito difícil de insertar en el mundo del yo, Dávila Andrade había hallado la certeza de una gran armonía interior: "A través de punzantes injertos, oíanse/ los pruritos del campo magnético/en el rostro del santo de los santos [...] El polvo y sus agujeros físicos/trafican con la Resurrección", "Porque absorbidos en la flor compuesta,/ te comemos un poco, dios mío, y otro poco,/ te exhalamos hacia las Hecatombes".

Poeta de la sensibilidad, César está lejos de reducir la poesía a la efusión afectiva. En su obra no se opta por la sencillez, mucho menos por este style coulant que desdeñaba Baudelaire. Aún los poemas más sencillos  tienen otro signo: un lenguaje incipiente que intenta rescatar su plenitud perdida y la del mundo. No es la mera sencillez, pues, sino la inocencia. Al final de su vida, tiende a optar por lo más difícil, no sería nada la complejidad de su sintaxis, la violencia que se ejerce sobre las palabras, las imágenes abruptas y hasta chocantes, las continuas elipsis y los símbolos oscuros, todo ello, está en función de algo más radical: el arraigo a un lenguaje que empieza por el desarraigo mismo del lenguaje. El autor está en el mundo como si estuviera fuera de él, se está en el mundo sin habitarlo de verdad. 

La poesía  hermética de César lo ha convertido en dictador de sí mismo; el escritor destruye su propio ser natural, se destierra a sí mismo del mundo  para satisfacer su libertad. La obra de esta época sólo acepta la angustia como paso hacia la luz y la esperanza. Habla de acontecimientos, seres y objetos, sobre cuya causa, tiempo y espacio, el lector no posee ni poseerá información. Las expresiones no concluyen sino que se interrumpen. Muchas veces el contenido no consiste más que en cambiantes actitudes lingüísticas, para las cuales los acontecimientos objetivos o afectivos son únicamente material sin sentido propio.

En estos poemas abunda la enumeración caótica: "tejados, hojas, ascuas, gotas..","el gato expresivo/manzana de tinta, costilla de luna". Lo importante es  mostrar lo caótico y lo discorde reunidos en haz, agrupados en un orden final.  César Dávila Andrade  presenta la visión desengañada del caos total moderno; requiere la fe panteísta que, con una serie de imágenes surrealistas, lo ordene o unifique. 

 Se sugieren ideas fantásticas, disgregadas de todo lo existente, combinadas con la desarticulación del mismo yo. La realidad aparece entreverada y ofrece una  interpretación pesimista del poeta. Se multiplican y deforman las cosas hacinadas en los rincones del alma: "A través de los imperios, de los hechizos, de los túmulos, de las pirámides, de las hecatombes, de los mástiles, de los istmos, de las venas de magma enloquecido". Las enumeraciones caóticas de los poetas modernos representan un rechazo al desorden de este mundo creado; por esta misma razón, Dávila Andrade se lanza hacia el mundo artificial y absoluto, creado por su imaginación. Su obra poética de los últimos tiempos presenta un desorden enumerativo, como manifestación del disgusto que siente el bardo frente a la realidad de la vida, radicalmente desordenada. 

Para concluir esta presentación,  hay que rendir elogio a la "colección de flores" revelada por Edmundo Aray en su libro: Antología Poética. César Dávila Andrade;  porque, además de ser un valioso estudio acerca del escritor ecuatoriano, constituye un aporte significativo del Fondo Editorial SOLAR, bajo la Dirección de Cultura del Estado Mérida. Con esta nueva entrega, Solar de Poesía ofrece la oportunidad de conocer a César Dávila Andrade, escritor de un país hermano, quien se había residenciado por tres años en la Ciudad de los Caballeros, y cuya Alma mater , la Universidad de los Andes, le había publicado el poemario: En un lugar no identificado.
 

autor: Liduvina Carrera en http://www.ucab.edu.ve/investigacion/cill/lapoe1.htm