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Jorge
Carrera Andrade: ANTOLOGÍA POÉTICA
México, Fondo de Cultura Económica, 2000
369 pg., 16,09 USD
Carrera Andrade es, junto a Gonzalo Escudero, Alfredo
Gangotena y César Dávila Andrade, uno de los mayores poetas
ecuatorianos del siglo XX, y el más conocido en el exterior. Su obra
ha merecido estudios de Pedro Salinas, Gabriela Mistral, Robert Ganzó,
Enrique Ojeda, del mismo César Dávila, y entusiastas opiniones de
Octavio Paz, entre muchos otros.
Su poesía se despliega, desde sus orígenes bucólicos y
posdarianos, como una gran poema de los dones, un solo gran inventario
de los bienes terrenales. El ojo inquieto de este quiteño del siglo XX
se asombra ante la certidumbre del mundo exterior y hace de la luz su
materia prima para transfigurar el mundo.
Dos sendas ediciones conmemoraron en el 2000 la imagen
y la palabra de este poeta fundamental: la Obra poética editada por
Javier Vásconez y Raúl Pacheco, bajo el sello Acuario, y esta esmerada
selección a cargo del escritor y catedrático ecuatoriano Vladimiro
Rivas. Justa vindicta a quién pasó sus últimos días solo, pobre, entre
los estrechos callejones de una biblioteca pública, condenado a
soportar el destino que el país reserva para sus poetas.
POEMARIO
De: Biografía para uso de los pájaros (1937)
vuelven al taller de la retina.
con su envoltura de maravilla:
La condescendencia de la brisa.
La arquitectura de la espiga.
La savia, invisible constructora,
en andamios de aire edifica
y sube los peldaños de la luz
en volúmenes verdes convertida.
el inventario de la campiña.
Sus lomos oscuros lava en el cielo
He aquí el mundo de pilares vegetales
de mecanismos y arquitecturas
que un soplo misterioso anima.
Luego, las formas y los colores amaestrados,
sumados en la Obra del hombre,
vertical en el día.
Cuerpo de la amante
Tu cuerpo eternamente está bañándose
en la cascada de tu cabellera,
La cascada quisiera ser un águila
pero sus finas alas desfallecen:
sobre el desierto ardiente de tu espalda.
La cascada quisiera ser un árbol,
de joven combatiente victoriosa,
única soberana de la tierra.
Tu cuerpo se consume eternamente
entre las llamas de tu cabellera.
Tu cuerpo es templo de oro,
en donde entro de hinojos.
iQué profusión de lirios!
iCuántas secretas lámparas
suben juntos al cielo.
Biografía para uso de los pájaros
Nací en el siglo de la defunción de la rosa
cuando el motor ya había ahuyentado a los ángeles.
Quito veía andar la última diligencia
y a su paso corrían en buen orden los árboles,
las cercas y las casas de las nuevas parroquias,
donde las lentas vacas rumiaban el silencio
y el viento espoleaba sus ligeros caballos.
Mi madre, revestida de poniente,
guardó su juventud en una honda guitarra
y sólo algunas tardes la mostraba a sus hijos
envuelta entre la música, la luz y las palabras.
Yo amaba la hidrografía de la lluvia,
las amarillas pulgas del manzano
y los sapos que hacían sonar dos o tres veces
su gordo cascabel de palo.
Sin cesar maniobraba la gran vela del aire.
Era la cordillera un litoral del cielo.
La tempestad venía, y al batir del tambor
cargaban sus mojados regimientos;
mas, luego el sol con sus patrullas de oro
restauraba la paz agraria y transparente.
Yo veía a los hombres abrazar la cebada,
sumergirse en el cielo unos jinetes
y bajar a la costa olorosa de mangos
los vagones cargados de mugidores bueyes.
El valle estaba allá con sus haciendas
donde prendía el alba su reguero de gallos
y al oeste la tierra donde ondeaba la caña
de azúcar su pacífico banderín, y el cacao
guardaba en un estuche su fortuna secreta,
y ceñían, la piña su coraza de olor,
la banana desnuda su túnica de seda.
Todo ha pasado ya, en sucesivo oleaje,
como las vanas cifras de la espuma.
Los años van sin prisa enredando sus líquenes
y el recuerdo es apenas un nenúfar
que asoma entre dos aguas
La guitarra es tan sólo ataúd de canciones
y se lamenta herido en la cabeza el gallo.
Han emigrado todos los ángeles terrestres,
hasta el ángel moreno del cacao.
De:
Microgramas
colibrí
el colibrí
aguja tornasol
pespuntes de luz rosada
en el tallo temblón
con la hebra de azúcar que sale de la flor.
ostión
ostión de dos tapas
tu cofre de calcio
guarda el manuscrito
de algún buque náufrago
lo que es el caracol
caracol:
la mínima cinta métrica
con que mide el campo dios.
nuez
nuez: sabiduría comprimida
diminuta tortuga vegeta,
cerebro de duende
paralizado por la eternidad.
araña
araña del suelo:
charretera
caída del hombro del tiempo.
definición de la gaviota
gaviota: ceja de espuma de la ola del silencio.
pañuelo de los naufragios,
jeroglífico del cielo.
alfabeto
los pájaros son las letras
de mano de dios.
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