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En un día como hoy:

LITERATURA ECUATORIANA

DÁVILA ANDRADE

RESEÑA

Jorge Carrera Andrade

Carrrera Andrade-Poemario

Versión de la tierra

Cuerpo de la amante

Biografía para el uso de los p...

Microgramas

César Dávila Andrade

D. Andrade-A respecto de

D. Andrade-Poemario

Jorge Enrique Adoum

Juan Bautista Aguirre

Jorge Icaza: Vida-Obras

Icaza - léxico popular ecuat.

Icaza - Prosa: Sed (1933)

Icaza - Prosa: Cachorros (1933)
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

JORGE CARRERA ANDRADE (1902-1978)  

Jorge Carrera Andrade: ANTOLOGÍA POÉTICA
México, Fondo de Cultura Económica, 2000
369 pg., 16,09 USD

 

Carrera Andrade es, junto a Gonzalo Escudero, Alfredo Gangotena y César Dávila Andrade, uno de los mayores poetas ecuatorianos del siglo XX, y el más conocido en el exterior. Su obra ha merecido estudios de Pedro Salinas, Gabriela Mistral, Robert Ganzó, Enrique Ojeda, del mismo César Dávila, y entusiastas opiniones de Octavio Paz, entre muchos otros.

Su poesía se despliega, desde sus orígenes bucólicos y posdarianos, como una gran poema de los dones, un solo gran inventario de los bienes terrenales. El ojo inquieto de este quiteño del siglo XX se asombra ante la certidumbre del mundo exterior y hace de la luz su materia prima para transfigurar el mundo.

Dos sendas ediciones conmemoraron en el 2000 la imagen y la palabra de este poeta fundamental: la Obra poética editada por Javier Vásconez y Raúl Pacheco, bajo el sello Acuario, y esta esmerada selección a cargo del escritor y catedrático ecuatoriano Vladimiro Rivas. Justa vindicta a quién pasó sus últimos días solo, pobre, entre los estrechos callejones de una biblioteca pública, condenado a soportar el destino que el país reserva para sus poetas.

 

 

POEMARIO

 

De: Biografía para uso de los pájaros (1937)  
Bienvenido, nuevo día:
Los colores, las formas
vuelven al taller de la retina.
 
He aquí el vasto mundo
con su envoltura de maravilla:
La virilidad del árbol.
La condescendencia de la brisa.
El mecanismo de la rosa.
La arquitectura de la espiga.
 
Su vello verde la tierra
sin cesar cría.
 
La savia, invisible constructora,
en andamios de aire edifica
y sube los peldaños de la luz
en volúmenes verdes convertida.
 
El río agrimensor hace
el inventario de la campiña.
Sus lomos oscuros lava en el cielo
la orografía.
He aquí el mundo de pilares vegetales
y de rutas líquidas,
de mecanismos y arquitecturas
que un soplo misterioso anima.
Luego, las formas y los colores amaestrados,
el aire y la luz viva
sumados en la Obra del hombre,

vertical en el día.            

 

 

Cuerpo de la amante

                  I
Pródigo cuerpo:
dios, animal dorado,
fiera de seda y sueño,
planta y astro.
ruente encantada
en el desierto.
Arena soy: tu imagen
por cada poro bebo.
Ola redonda y lisa:
En tu cárcel de nardos
devoran las hormigas
mi piel de náufrago.
 
      II
Tu boca, fruta abierta
al besar brinda
perlas en un pocillo
de miel y guindas.
Mujer: antología
de frutas y de nidos,
leída y releída
con mis cinco sentidos.
 
       III
Nuca:
escondite en el bosque,
liebre acurrucada
debajo de las flores,
en medio del torrente,
Alabastro lavado
mina
y colmena de mieles.
Nido
de nieves y de plumas.
Pan redondo
de una fiesta de albura.
 
        IV
Tu cuerpo eternamente está bañándose
en la cascada de tu cabellera,
agua lustral que baja
acariciando peñas.
La cascada quisiera ser un águila
pero sus finas alas desfallecen:
agonía de seda
sobre el desierto ardiente de tu espalda.
La cascada quisiera ser un árbol,
toda una selva en llamas
con sus lenguas lamiendo
tu armadura de plata
de joven combatiente victoriosa,
única soberana de la tierra.
Tu cuerpo se consume eternamente
entre las llamas de tu cabellera.
 
          V
Frente: cántaro de oro,
lámpara en la nevada,
caracola de sueños
por la luna sellada.
Aprendiz de corola,
albergue de corales,
boca: gruta de un dios
de secretos panales.
 
          VI
Tu cuerpo es templo de oro,
catedral de amor
en donde entro de hinojos.
Esplendor entrevisto
de la verdad sin velos:
iQué profusión de lirios!
iCuántas secretas lámparas
bajo tu piel, esferas
pintadas por el alba!
Viviente, único templo:
La deidad y el devoto

suben juntos al cielo.      

 

 

Biografía para uso de los pájaros

            
Nací en el siglo de la defunción de la rosa
cuando el motor ya había ahuyentado a los ángeles.
Quito veía andar la última diligencia
y a su paso corrían en buen orden los árboles,
las cercas y las casas de las nuevas parroquias,
en el umbral del campo
donde las lentas vacas rumiaban el silencio
y el viento espoleaba sus ligeros caballos.
 
Mi madre, revestida de poniente,
guardó su juventud en una honda guitarra
y sólo algunas tardes la mostraba a sus hijos
envuelta entre la música, la luz y las palabras.
Yo amaba la hidrografía de la lluvia,
las amarillas pulgas del manzano
y los sapos que hacían sonar dos o tres veces
su gordo cascabel de palo.
 
Sin cesar maniobraba la gran vela del aire.
Era la cordillera un litoral del cielo.
La tempestad venía, y al batir del tambor
cargaban sus mojados regimientos;
mas, luego el sol con sus patrullas de oro
restauraba la paz agraria y transparente.
Yo veía a los hombres abrazar la cebada,
sumergirse en el cielo unos jinetes
y bajar a la costa olorosa de mangos
los vagones cargados de mugidores bueyes.
 
El valle estaba allá con sus haciendas
donde prendía el alba su reguero de gallos
y al oeste la tierra donde ondeaba la caña
de azúcar su pacífico banderín, y el cacao
guardaba en un estuche su fortuna secreta,
y ceñían, la piña su coraza de olor,
la banana desnuda su túnica de seda.
 
Todo ha pasado ya, en sucesivo oleaje,
como las vanas cifras de la espuma.
Los años van sin prisa enredando sus líquenes
y el recuerdo es apenas un nenúfar
que asoma entre dos aguas
su rostro de ahogado.
La guitarra es tan sólo ataúd de canciones
y se lamenta herido en la cabeza el gallo.
Han emigrado todos los ángeles terrestres,
hasta el ángel moreno del cacao.
 
 

De: Microgramas

 

colibrí

el colibrí

aguja tornasol

pespuntes de luz rosada

en el tallo temblón

con la hebra de azúcar que sale de la flor.

 

ostión

ostión de dos tapas

tu cofre de calcio

guarda el manuscrito

de algún buque náufrago

 

lo que es el caracol

caracol:

la mínima cinta métrica

con que mide el campo dios.

 

nuez

nuez: sabiduría comprimida

diminuta tortuga vegeta,

cerebro de duende

paralizado por la eternidad.

 

araña

araña del suelo:

charretera

caída del hombro del tiempo.

 

definición de la gaviota

gaviota: ceja de espuma de la ola del silencio.

pañuelo de los naufragios,

jeroglífico del cielo.

 

alfabeto

los pájaros son las letras de mano de dios.