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LITERATURAS HISPÁNICA
E HISPANOAMERICANA
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Antecedentes y periodos
literarios de la literatura hispánica y su relación con la literatura
hispanoamericana. |
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1-
La lengua castellana |
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Las
primeras palabras castellanas provienen de las palabras latinas con
leves modificaciones. El castellano se extendió al tiempo que Castilla
ensanchó sus dominios.
Antes del siglo III el castellano fue principalmente oral; a partir de
éste, se empleó en libros y traducciones como lenguaje literario,
naciendo así la primera prosa española.
Durante los siguientes doscientos años siguió evolucionando y
perfeccionándose. Un avance importante consistió en que la fonética
empezó a sujetarse a reglas uniformes.
Para el siglo XV, que se dedicó al estudio de la Antigüedad, en
especial Roma, el castellano sufrió el influjo del latín que se
manifestó sobre todo en el léxico y en la sintaxis. Paralelamente se
sintió interés por el lenguaje popular.
En
el siglo XVI la lengua castellana alcanzó el ápice de desarrollo y
belleza. En el siguiente siglo, adquirió plena madurez. En este
período la producción literaria de España abarca todos los campos de
la literatura y pensamiento. Se cultiva especialmente el teatro, la
novela y la poesía.
En
1713 se fundó la Real Academia Española.
En
la primera mitad del siglo XIX estuvo dominada por el movimiento
literario del Romanticismo. Los escritores se entregaron de lleno a la
imaginación, al sentimiento, hasta el grado de la exasperación. Poco a
poco fue transformándose en un movimiento literario más objetivo,
realista y naturalista.
La
enorme cantidad de literatura escrita en castellano se ha mantenido
gracias a las facilidades que ahora se tiene para editar libros. La
lengua castellana adquiere nuevos aspectos con la aportación vigorosa,
fresca y multiforme de los autores hispanoamericanos actuales. |
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2- Origen de la novela
castellana
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Los
gérmenes de la Novela Castellana se encuentran ante todo en apólogos
(fábulas) y cuentos de procedencia clásica, especialmente, oriental.
Una
colección de ellos, compuesta en árabe y traducida al latín, se titula
Disciplina clericalis y se debe al judío converso Pedro Alfonso
(1062-1140). Pero hay tres más importantes e influyentes, oriundas de
la India y llegadas a España a través de las traducciones árabes:
Calila et Dimna, Sendebar, y
Barlaam y Josafat. |
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3- Origen del teatro español
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El
Teatro en España nace y se desarrolla al margen del culto religioso
dirigido hacia los fieles con una intención didáctica de la fe
cristiana.
Comienza en el siglo IX dentro de los templos cristianos, durante las
grandes solemnidades de la Navidad y Pascua. Son declamados en latín
vulgar y representados por clérigos y estudiantes de los seminarios.
En
el siglo XII estas representaciones son hechas en los atrios de las
iglesias o en los claustros contiguos a los templos teniendo el nombre
de ‘juegos escolares’. Aunque comienzan diferenciándose poco de las
formas anteriores, van ampliando sus temas con glosas de textos
bíblicos y vidas y milagros de santos.
En
el siglo XIII, debido a la fundación de las Universidades y al
desarrollo de las lenguas romances, el Teatro Religioso en lengua
vulgar toma incremento enorme y los argumentos ya no se reducen a los
temas de Navidad y Pascua, sino que se amplían a todos los pasajes de
la Biblia o de los Evangelios. A estas representaciones religiosas de
Edad Media, comunes en toda Europa Cristiana, se les llamó: Autos,
en España; Misterios, en Francia; Miracleplays, en
Inglaterra; y Sacri Representazioni, en Italia.
En
España se conserva un pequeño fragmento de el Auto de los Reyes
Magos, que permite asegurar que tales manifestaciones artísticas
disponían de muy pobres recursos escénicos. También se encuentra, del
siglo XV, Diálogo entre el viejo y el amor, de Rodrigo de Cota.
El
Teatro Profano creció en un principio a lado del Teatro Religioso,
representado como éste: por clérigos y legos, dentro y fuera de los
templos. Pero multitud de leyes y prevenciones gubernativas o
eclesiásticas censuraron estos juegos de escarnio, condenando su
representación en la iglesia por juzgarlos deshonestos, irreverentes y
sacrílegos. Por lo que, al concluir el siglo XVI, han salido
definitivamente del recinto eclesiástico a los atrios y a las calles.
Ya
fuera de los templos, los juglares, que usan de su personal capacidad
para imitar diversas voces, impresionar con gestos o actitudes,
entretener y divertir al público que los rodea con monólogos o
diálogos ingenuos, están poniendo las bases del arte dramático y
perfilando los bocetos de los actores teatrales que en el siglo XVII
harán vivir las escenas del teatro español. |
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4- La Edad Media
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Entre las primeras
manifestaciones del castellano literario, en el siglo XI, se
encuentran las
Jarchas,
versos compuestos en castellano de los mozárabes (españoles sometidos
a los musulmanes), en poemas árabes y hebreos. En este siglo, los
poetas utilizan sobre todo el gallego y experimentan influencia
provenzal.
El
Mester (<<oficio>>) de Clerecía, o poesía culta, utiliza
una estrofa de cuatro versos de catorce sílabas, o alejandrinos, con
una sola rima consonante, y expone asuntos religiosos o clásicos con
el fin de divulgarlos entre el pueblo. En cambio, el de Juglaría,
más lírico que didáctico, es de tono popular y festivo
En
la segunda mitad del siglo XIII, Alfonso X ‘el Sabio’, lleva a cabo
una enorme labor cultural con la ayuda de la escuela de traductores de
Toledo.
La
prosa en el siglo XV, obedece a la orientación que la cultura adquiere
en la Europa Occidental. Por consiguiente, se encuentran obras
didácticas, humanísticas, satíricas, sentimentales, novelescas e
históricas. En este tiempo se traduce la Eneida y la Divina
Comedia. Por lo mismo, se va incorporando poco a poco la
influencia italiana en la poesía que, con el apoyo de los reyes, se
hace cortesana y culta. También se pone de moda los Cancioneros,
que son colecciones de poemas de distintos autores, que toman el
nombre de quien los reunió, como el Cancionero de Baena.
El
Romancero,
es una colección de romances, compuestos en versos de ocho sílabas con
rima asonante. Constituyen una producción típicamente española, que no
se encuentra en las otras literaturas europeas. Se derivan de algunos
episodios de los Cantares de Gesta, transmitidos de modo oral. Suelen
distinguirse en viejos y artísticos. Los primeros,
anónimos y anteriores al siglo XIV, se clasifican en históricos
-de asunto tradicional español-, de tema francés, novelescos,
líricos y, fronterizos -sobre las últimas luchas de la
Reconquista-. Los artísticos se deben a poetas cultos que los
componen desde el siglo XVII, con mayor brillantez, pero con menos
espontaneidad y sabor popular. Ejemplo de ellos son los de Góngora,
Quevedo, Lope de Vega, entre otros.
En
España, como en los demás países europeos, la Poesía Épica se presenta
como un género importante de la Literatura Medieval. Su expresión más
típica se encuentra en los Cantares de Gesta, de los cuales se
conservan sólo el Cantar de Mío Cid y un fragmento del
Cantar de Roncesvalles, aunque hubo otros como el Rey
Rodrigo o la pérdida de España, la leyenda de Fernán
González o la independencia de Castilla, el Cerco de Zamora
y el de Los siete infantes de Lara.
Sobre
Teatro Medieval sólo se conserva el Auto de los Reyes Magos y
Diálogo entre el viejo y el amor, de Rodrigo de Cota. Por otro
lado, también se representaba las Danzas de la Muerte, en que
ésta, en forma de esqueleto, obliga a bailar a los seres humanos la
danza macabra y les recuerda el fin que les espera.
El
los Libros de Caballerías, cuyo protagonista realiza hazañas por amor
o por honor, se encuentra el Amadís de Gaula. La
divulgación de éstas novelas tienen mucho éxito a fines de la Edad
Media al punto que Cervantes escribe contra ellas el Don Quijote
de la Mancha.
La
Novela Sentimental se desarrolla a finales del siglo XV, la trama es
sobre las penurias que sufren los protagonistas por el desdén de la
amada. La novela Bizantina es derivada de la anterior.
La
Novela Pastoril, importada de Italia, retrata como la Caballeresca, un
mundo inexistente, de origen clásico. Los pastores y pastoras hablan
de sus amores, se desdeñan, se enamoran, hablan de sus rebaños, etc.,
de modo ficticio y artificial. |
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5- La novela caballeresca
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La
Literatura Caballeresca fue prolongación de la épica de los pueblos
germanos, escandinavos, anglosajones y nórdicos. Los Cantares de
Gesta, relacionados con las empresas de Carlomagno, Sigfrido y
Bernardo, engendraron las novelas fantásticas en las que caballeros de
origen aristocrático realizan hazañas fabulosas luchando contra
gigantes, magos, brujos, o ayudados por ellos en defensa del honor
propio o ajeno, al servicio de su rey o de su dama, desinteresada y
heroicamente y alejados de toda preocupación vital. El Caballero
Cifar, escrito en el siglo XIV, probablemente sea la primera
novela española de Caballería.
El
Amadís de Gaula -cuya edición más antigua es de 1508-, por su
contenido, es una creación artificial que pudo aparecer en cualquier
país, ya que se desarrolla en un mundo fantástico por completo. Su
autor, cuya identidad se ignora, debió tener bastantes conocimientos
de la Literatura Caballeresca de Inglaterra, de la que derivan no sólo
la geografía de la novela, sino también los nombres de los personajes.
La
influencia de Dante Alighieri y Petrarca se deja sentir en toda Europa
desde la última década del siglo XIV, pero es creciente y vigorosa en
España durante todo el siglo XV. Entre sus características está la
tendencia a conocer, admirar, traducir e imitar lo clásico
grecorromano (humanismo), la afición a expresar el amor en forma
deliciosa e idealista como lo expresaron estos poetas, en especial
éste último (Petrarquismo); el empeño de escribir obras de carácter
alegórico en que sigue más o menos de cerca la trama de la Divina
Comedia (tendencia alegoricodantesca).
Entre los principales poetas de este siglo figuran: Enrique Villena,
Juan de Mena y Jorge Manrique. |
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6- El Siglo de Oro español
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Las
relaciones políticas, guerreras, religiosas y literarias que
existieron entre Italia y España desde la mitad del siglo XV, hicieron
que existiera una especie de sincretismo cultural entre estos dos
países. Las obras literarias españolas de mayor relieve se editaban o
traducían en Italia. Así lo fueron el Amadís de Gaula, La
Celestina, Cárcel de Amor, composiciones poéticas de Jorge
Manrique, del Marqués de Santillana y producciones populares como
romances, villancicos, etc. Otro tanto sucedía en España con obras
italianas. Entre ellas, de Torcuato Tasso, Jerusalén Libertada.
Los escritores del momentos que más se destacan en este período son
Garcilaso de la Vega y Juan Boscán Almogáver.
Se
le llama Siglo de Oro español a los cien años que comprende la segunda
mitad del XVI y la primera del XVII. España estuvo gobernada en ese
lapso por los Felipes, II, III y IV; el primero de ellos, hijo y
sucesor del Emperador Carlos V de Alemania y primero de su nombre en
España, por abdicación de éste, en 1556 tomó posesión del trono. El
último mencionado, nieto de Felipe II, murió en 1665.
Durante la centuria anterior de ésta, España había alcanzado su mayor
unidad y extensión territorial. Por herencias, conquistas, convenios
diplomáticos o matrimonios reales, llegaron a estar sometidas al cetro
de Carlos V, Nápoles y Sicilia; Flandes, Alemania, Hungría y Portugal,
aparte de las nuevas y ricas tierras de América. Pues bien, a los
Felipes les tocó perder una a una todas las tierras europeas. Esto
ocasionó graves problemas, religiosos, políticos, internos e
internacionales.
Durante la primera parte del Siglo de Oro, bajo Felipe II, monarca
sobrio y religioso, florecen los autores místicos como Fray Luis de
León y Santa Teresa de Jesús. El Renacimiento se nacionalizó con gran
influencia italiana. La poesía se dividió en dos escuelas: la
Salamantina (Fray Luis de León) y la Sevillana (Fernando de Herrera).
La
escuela Salamantina, entre sus características se encuentra que es
concisa en el lenguaje, llana en la expresión, realista en el
pensamiento; prefiere la estrofa corta y obtiene con ella muy
delicados efectos, la naturalidad y la sencillez lo acompañan siempre,
de lo cual deriva la espontánea elegancia de su producción. La escuela
Sevillana, en cambio, es grandilocuente, busca la forma y la pule de
modo extremado, su obra es más de meditación que de sentimiento, más
de documentación que de observación de la naturaleza y de la vida;
prefiere la estrofa larga y la composición extensa y usa con exceso
adjetivos y adornos recargados. Esta forma sirvió de base inmediata y
de puente necesario para enlazar con las formas italianizantes, los
movimientos poéticos que en el mismo siglo XVII se produjeron con los
nombres de Conceptismo y Culteranismo. |
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7- La Mística y la Ascética
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Durante el reinado de Felipe II, que abarca los años de 1557 a 1597,
la Literatura Religiosa en España tuvo su mayor auge. La religiosidad
del monarca, el espíritu de la Contrarreforma y las costumbres de la
época fueron parte en la extraordinaria importancia que ésta alcanzó.
La
Literatura Religiosa es muy vasta, pues incluye:
1. La
Apologética, la cual presenta argumentos en pro de la religión,
2. La
Ascética, que tiende a inculcar los preceptos de la moral,
3. La
Piadosa, que entona himnos, oraciones o plegarias, y
4. La
Mística, que procura el conocimiento de Dios dentro del propio
espíritu, por medio de la contemplación y la meditación.
La
producción de los místicos del siglo XVI es de gran importancia,
principalmente para el crecimiento y robustez del idioma. Las figuras
de mayor relieve en tal género son los carmelitas San Juan de la Cruz
y Santa Teresa de Jesús, el agustino Fray Luis de León y el dominico
Fray Luis de Granada. |
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8- Culteranismo y Conceptismo
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Con
el Barroco, la literatura perdió la serenidad que caracterizaba al
Renacimiento haciéndose artificiosa, ornamental y muy realista en unos
casos o muy idealizada en otros. En este período hubo dos grandes
tendencias: el Culteranismo y el Conceptismo.
El
Culteranismo tuvo su máxima expresión en la poesía. Buscó crear un
mundo de belleza absoluta y empleó para ello una serie de recursos
especiales que oscurecieron muchas veces lo que se proponía decir.
Representantes de este movimiento son Luis de Góngora y Argote y Sor
Juana Inés de la Cruz. En los diferentes países de Europa se
presentaron, al concluir el siglo XVI e iniciarse el XVII, fenómenos
análogos a éste como el Merinismo, en Italia y Alemania, el
Preciosismo en Francia y, el Enfuísmo en Inglaterra.
A
poco iniciado el Culteranismo en España, surge un movimiento en cierta
forma contradictorio, llamado Conceptismo.
El
Conceptismo debió su nombre a la asociación ingeniosa de ideas o
palabras, es decir, conceptos, no para crear un mundo, sino para
manifestar ideas, aún a costa de alterar el orden normal de la frase
recurriendo a significados caprichosos. El Conceptismo tuvo su
principal medio de expresión la prosa. El autor representativo de esta
corriente es Francisco de Quevedo y Villegas.
Paralelamente a estos dos movimientos, muchos autores siguieron fieles
a la tendencia renacentista por su serenidad formal de expresión, que
no consideraban contraria a temas típicamente barrocos como el
pensamiento de la muerte, el desengaño o la brevedad de la vida
humana. |
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9- Los Cronistas de la Nueva España
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Al
iniciarse el siglo XVI, las tierras descubiertas (Cristóbal Colón,
1492, Cuba y Santo Domingo; Juan Cabot, 1497, Terranova; Alonso de
Ojeda, 1499, Ecuador; Vicente Yáñez Pinzón, 1500, Río de las Amazonas;
Juan Ponce de León, 1512 La Florida; Vasco Núñez de Balboa, 1518, El
Océano Pacífico; y Francisco Pizarro, 1525, El Perú), pasan a la
categoría de tierras conquistadas. Descubridores y conquistadores
narran sus hazañas, por alcanzar renombre o, simplemente, para
conservar el recuerdo de cosas vistas y hazañas realizadas.
Posteriormente, los frailes llegan para mediar la sed de oro y la
afiliación de los indios a la fe católica, relatando las costumbres,
creencias, ritos, los medios y resultados de dicha evangelización.
Desde un punto de vista literario, las crónicas escritas por hombres
que vivieron los hechos que narran y a los que no animó propósito
literario propiamente dicho, muestran el castellano del siglo XVI.
Entre ellos se encuentran Bernal Díaz del Castillo, Hernán Cortés,
Motolinía y Fray Bernardino de Sahagún. |
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10- La novela pastoril, la histórica
y la picaresca
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La
Novela Pastoril es de origen italiano como la Sentimental. Al mediar
el año de 1558 apareció la primera Novela Pastoril española: La
Diana, escrita por Jorge Montemayor. El asunto de esta novela es
artificioso, insincero y sin vigor en la forma ni viveza en la
descripción; pero es valiosa, a pesar de ello, por la tersura de su
prosa y por ser la primera de su género producida en España.
Posteriormente, por el éxito obtenido, surgió La Diana enamorada
de Gaspár Gil Polo. De este género, Lope de Vega escribió La
Arcadia y, Miguel de Cervantes compuso La Galatea.
La
Novela Histórica es un género en que se aprovecha elementos de la
historia y de la leyenda, con fines moralistas, satíricos o
simplemente de pasatiempo. Los elementos legendarios e históricos
relacionados con las guerras de moros y cristianos constituyeron muy
valiosos recursos en los siglos XVI y XVII.
La
Novela Picaresca es el género más español, fecundo y vigoroso de los
anteriores. Se caracteriza por el realismo de los tipos que en ella se
mueven, el ambiente social en que se desarrollan las aventuras que
refiere, la ironía de que satura las situaciones y personajes que
pinta y por la forma desaliñada y auténtica del lenguaje que en ella
se habla.
La
Picaresca baja en línea directa de La Celestina, El Corbacho,
y El Libro de Buen Amor. Es regularmente autobiográfica, como
se necesita para que el autor pueda expresar las interioridades del
pensamiento y de la emoción del personaje principal. Por la extracción
social del protagonista, y el ser ‘una apología negativa y humorística
del hambre’, es la Picaresca el polo opuesto de la Caballeresca que es
aristocrática, artificiosa y del todo irreal.
La
primera Novela Picaresca conocida es El Lazarillo de Tormes; a
ésta siguen: El Pícaro Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán;
La Vida del escudero Marcos de Obregón, de Vicente Martínez
Espinel; El diablo Cojuelo, de Luis Vélez de Guevara y, La
Vida del Buscón llamado Don Pablos, Ejemplo de Vagabundos y espejos de
Tacaños, de Quevedo. |
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11- El teatro en el Siglo de Oro
español
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Juan
de la Cueva, en la mitad del siglo XVI, introduce dos elementos de
gran importancia para el auge de esta producción artística: la ética
popular, que dio origen a las comedias de carácter histórico nacional
y la libertad de componer obras dramáticas teniendo en cuenta el gusto
del público. Lope de Vega y Tirso de Molina llevaron a su plena
realización estas características. Por otro lado, en México, se
destaca la producción de Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza.
Las
representaciones teatrales de Lope, Tirso, Alarcón y Calderón de la
Barca, se efectuaban en sitios abiertos, plazas o corrales fijos.
Comenzaban por las dos de la tarde y duraban hasta el anochecer. No
había por lo común asientos, y los espectadores permanecían de pie
toda la representación, por lo que eran llamados la infantería,
y por asistir armados con legumbres y otros proyectiles que disparaban
contra autores y actores cuando la representación no era de su agrado,
se les llamaba la mosquetería. La nobleza ocupaba los balcones
y ventanas de las casas que rodeaban la plaza o daban al corral, y las
damas asistían al espectáculo con la cara cubierta con mascarillas o
tras de las celosías.
La
función comenzaba con la ejecución en guitarra de una pieza popular;
en seguida se cantaban canciones acompañadas con diversos
instrumentos. Venía luego, la loa, especie de explicación de
los méritos de la obra y síntesis de su argumento. Principiaba la
comedia u obra principal, y en los entreactos se ejecutaba bailes o se
representaban entremeses.
El
escenario era un simple tablado y la decoración una cortina. Los
cambios de escena eran anunciados por uno de los actores que
dirigiéndose al público decía: estamos en el palacio; ahora estamos en
la calle o en la iglesia. La imaginación del espectador hacía lo demás.
Las
representaciones de los Autos Sacramentales eran en la plaza
pública, en los días de fiesta religiosa, particularmente en la del
Corpus donde asistía el rey, la nobleza y gente de todas condiciones. |
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12- El Neoclasicismo
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Al
principiar el siglo XVIII, por la muerte sin sucesión de Carlos II,
‘El Hechizado’, hijo de Felipe IV, ocupó el trono español el primer
borbón, Felipe V, nieto de este último y de Luis XIV de Francia. Este
período de gobierno abarca de 1661 a 1715.
En
todas las artes se manifiesta, principalmente en Francia, una
tendencia hacia las fuentes grecorromanas. La influencia francesa se
proyecta en toda Europa y, en España, se intensifica tanto en la
política como en el pensamiento y en la vida. Las costumbres, modas y
aficiones artísticas se afrancesan. Se imita pobremente los modelos
neoclásicos importados y el mundo intelectual español se revuelve
contra lo popular y castizo. Por ende se prohiben las representaciones
de Lope y Calderón así como de los Autos Sacramentales por
ofensa al arte y a la religión.
En
cambio, los filósofos y dramaturgos franceses como Voltaire,
Montesquieu, Rousseau y Diderot, son leídos, traducidos y admirados en
Europa. El espíritu crítico de éstos se infiltra en el mundo entero y
prepara grandes acontecimientos sociales y políticos que habrán de
culminar con la Revolución Francesa (1780), la Era Napoleónica (1799),
y la Independencia política de los pueblos de América (1810).
La
producción de la lírica española, se reduce a composiciones de tipo
clásico: églogas, anacreónticas y apólogos; en la dramática sólo se
cultiva la tragedia a la manera francesa, ceñida celosamente a las
tres unidades clásicas de tiempo, lugar y acción; en la prosa, la
tendencia razonadora era abundante en prosaísmo por el afán de
alejarla del Culteranismo y Conceptismo. La excesiva mesura y los
estrechos cánones a que se somete la poesía durante ese período,
ahogaron la fantasía y el ingenio personal de escritores y poetas; no
obstante, algunas personalidades sobresalieron cono Ignacio Luzán y
Fray Benito Jerónimo Feijoó; entre los autores de tragedias
neoclásicas, Nicolás Fernández de Moratín; y en fábula, Tomás de
Iriarte y Félix María de Samaniego. |
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13-
El Prerromanticismo
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Después de los clásicos, de gusto francés, de la primera mitad del
siglo XVIII, se encuentra en España valiosas muestras de transición
que, sin dejar de ser clásicas, revelan ya indudablemente caracteres
de iniciación romántica. Éstos se preocuparon de dar rienda suelta a
su imaginación para expresar los sentimientos y pensamientos que
despertaba en ellos la naturaleza, la patria, lo exótico, lo sombrío y
lo sentimental.
Quintana y Larra se encuentra entre los principales. |
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14-
El Romanticismo
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El
Romanticismo es una reacción contra el Clasicismo, caracterizada por
el predominio del sentimiento y la sensibilidad contra la lógica, el
instintivo horror a los preceptos, la rebeldía contra todo lo que
signifique limitación de la personalidad, visible contraste entre "el
yo" (lo subjetivo), y "el mundo circundante" (lo objetivo); el amor
libre por la naturaleza, culto por lo heroico, audaz o galante, y
exaltación en fin, de las pasiones, la soledad, el dolor y la muerte.
Los poetas, en especial, cultivaron la exaltación de la imaginación,
los sentimientos y las emociones, expresados con gran libertad métrica
y con estilo lleno de color, sonoro y apasionado.
Este movimiento se inicia en Alemania con Goethe y, en Inglaterra con
Lord Byron. En Francia nace con Chateaubriand, Lamartine y Sant Pierre
y llega a su culminación con Víctor Hugo. En España se encuentra José
de Espronceda y José Zorilla. |
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15- El Posromanticismo
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El
mundo poético en el último tercio del siglo XIX se encamina
rápidamente al Realismo, rumbo de reacción contra su precedente el
Romanticismo.
En
el teatro, al limitar lo excesivo de la forma romántica en el drama
legendario o histórico, va en camino del drama social, que pinta las
costumbres y el ambiente de la época.
En
lírica, algunos como Gustavo Adolfo Bécquer producen obra de
romanticismo realista. |
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16- El Costumbrismo, Naturalismo y
Realismo
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Al
mediar el siglo XIX se inicia en España la escuela del Costumbrismo,
que, como su nombre lo indica, trata de costumbres, paisajes y tipos
españoles un tanto exagerados o borrosos, nunca preciso ni fuertes.
Cecilia Böhl de Faber (Fernán Caballero), Pedro Antonio de Alarcón,
Juan Valera, Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán, son
representantes de este movimiento.
En
México, por el amparo de las leyes expedidas por las Cortes de Cádiz
sobre la libertad de prensa en 1812, nace el periódico moderno, por
ejemplo El Pensador Mexicano fundado por Joaquín Fernández de
Lizardi.
La
vida política de México de 1821 a 1867 se desenvuelve en forma
trágica. El país busca su autonomía. Derrocado el gobierno español, la
Junta Provisional Gubernativa es la encargada de guiar los primeros
pasos del naciente régimen. El Congreso se declara como Imperio. En el
mismo año se proclama la República, la que sucesivamente es central y
federal. Esto ocasiona pronunciamientos y sublevaciones hasta 1847, en
que la invasión norteamericana hace que se suspenda la lucha civil.
Pasada la guerra extranjera, la dictadura conservadora continúa dueña
del poder hasta 1855 que se efectúa la revolución de Ayutla.
El
partido reformista liberal, que ha promulgado la Constitución del 57,
se enfrenta a la intervención francesa, tras la que se parapetan los
conservadores teniendo como desenlace el Cerro de las Campanas.
Pues bien, la Literatura Mexicana de todo este período, refleja el
estado político. La narración de acontecimientos contemporáneos hecha
por quienes la presenciaron o participaron en ellos de modo directo, y
la literatura política, son los únicos géneros que en prosa se
cultivan; los demás apenas se producen.
En
los primeros decenios de este lapso, el Romanticismo hace su aparición
en la lírica y en el teatro; pero no como un movimiento de importación
y allegadizo, sino nacido de la entraña del momento social que se
vivía. Los poetas que en política militaban al lado de los
conservadores, eran en literatura clásicos; los partidarios de la
reforma, tendencia política que significaba libertad y renovación,
fueron románticos. De este período destaca Ignacio Ramírez ‘El
Nigromante’, y Guillermo Prieto.
Triunfante el partido liberal y establecido definitivamente el
gobierno republicano en 1867, el Romanticismo se va transformando en
Realismo que prevalece hasta los ochentas, en que bajo la influencia
del pensamiento francés, va originando lo que se llama Modernismo. En
este lapso existen autores como Ignacio Manuel Altamirano, Justo
Sierra, Juan de Dios Peza, Manuel Payno y Vicente Riva Palacio
provenientes de la Academia de Letrán. |
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17-
La Generación del 98
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Cuando el siglo XIX se acerca a su fin, la Literatura Española pasa
por una crisis. El Realismo y Naturalismo del período inmediato ha
llegado al prosaísmo creando un espíritu utilitario que ahoga a la
poesía. Algunos escritores de los años finales del último decenio se
muestran inconformes con el ambiente político, social y artístico;
contra ese ambiente y ese espíritu, surge el movimiento literario
llamado Modernismo. Se le llama generación al conjunto de
escritores de edad similar, cuya obra ofrece caracteres comunes.
La
pérdida de las colonias españolas (1898) agrupó a autores que trataron
de hallar remedio al desastre nacional, la gran preocupación
sociológica que aspira a un cambio radical de rumbos de pensar, en el
sentir, en la política, en la ética y en el arte. La generación de
escritores y pensadores de ese momento en España es conocida con el
nombre de Generación del 98, de la cual son Miguel de Unamuno, Pío
Baroja, Antonio Machado y Ramón del Valle-Inclán. |
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18- El Modernismo
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Este
movimiento se inició tanto en España -llamada Generación del 98-, como
en América y en otros países de Europa, como Francia Alemania,
Inglaterra e Italia.
El
Modernismo fue un movimiento poético, que incluyó la prosa y el
teatro, teniendo por fin cultivar el arte por el arte. Se distinguió
por la abundancia de elementos subjetivos, propios de la manera
personal de pensar y sentir, el sensualismo, el exotismo, etc. Rechaza
por sistema "la frase hecha" y se aplica a la búsqueda de un estilo
personal, en el que cada autor da a las palabras, añadido un
significado general de las mismas, el valor emotivo, estético,
particularísmo del poeta y destinado a ser comprendido o adivinado por
selectas minorías.
En
la búsqueda de matices delicados, se relaciona este movimiento con el
simbolista, cuyo poeta representativo en Francia fue Paul Verlaine.
Otro simbolista francés, Charles Baudelaire fue seguido por los
modernistas en el empleo de múltiples correspondencias entre colores,
sonidos y sensaciones táctiles.
En
la poesía modernista los poemas son breves e intensos, el tema es raro
o misterioso y la forma llena de novedad; en tales poemas se percibe
gran melancolía, un anhelo hacia lo vago, lo musical y lo
intencionadamente impreciso; abundan muestras de la imaginación
sobrenaturalizada y singulares correspondencias entre las más diversas
sensaciones, en particular entre las visuales y auditivas.
En
América, lo mismo que en España, esta tendencia tuvo seguidores de
valía personal que con sus obras las robustecen y abrillantan; otros,
en cambio, sólo cultivaron lo que la escuela tiene de artificioso,
caprichoso o confuso, y dieron pábulo a enconada crítica.
En
México, como precursores de los modernistas se consideran Salvador
Díaz Mirón y Manuel Gutiérrez Nájera. Modernistas son José Asunción
Silva (Colombia), Rubén Darío (Nicaragua), José Santos Chocano (Perú),
Leopoldo Lugones (Argentina), Amado Nervo, Luis G. Urbina, Ramón López
Velarde (México) y Juan Ramón Jiménez (España). |
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19- La Generación del 27
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Antes
de la Guerra Civil española (1936-1939), sobresalió la poesía de los
posmodernistas y la de los miembros de la Generación del 27. Algunos
de sus representantes son Pedro Salinas. Jorge Guillén, Gerardo Diego,
entre otros. Éstos buscaron la poesía pura, libre de emociones. La
tendencia posterior fue hacia la expresión del subconsciente, también
conocido como Surrealismo.
La
poesía posterior a la Guerra Civil española, aunque muestra la
influencia de la Generación del 27 en bastantes casos, tiene una
expresión distinta, sobria, sincera, que se orienta hacia temas
personales, o más amplios, como lo social y lo religioso. |
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20- El Ultraísmo
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El
Ultraísmo aparece al término de la Primera Guerra Mundial y consiste
en introducir en la poesía, asuntos relacionados con el
perfeccionamiento industrial: el automóvil, el avión, el deporte, la
electricidad, la ametralladora, el autobús, etc., haciendo a un lado
los viejos temas sentimentales. Esta tendencia tuvo corta duración.
Gerardo Diego escribió con matiz ultraísta en algún tiempo. |
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21- El Neopopularismo
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El
Neopopularismo evade el mundo Ultraísta, mecánico y complicado, para
volver a las formas populares, infantiles y unir tendencias en cierto
modo clásicas, con otras de muy fina tradición popular. Su
representante principal es Federico García Lorca. El fondo de los
poemas de Lorca es sentimental pero sus metáforas están llenas de
audacia y en gran parte de su poesía se marca la iniciación del rumbo
hacia el Superrealismo. |
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22- El Superrealismo
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Tiene
su origen en la valoración del mundo subconsciente. Se busca dar una
versión literaria sin limitación alguna racional o preceptiva. Este
anhelo de libertad aparece ya en los Románticos, pero los
Superrealistas lo llevan a la exageración. Se puede ver matices de
superrealismo en Rafael Alberti y, en su inicio, a Juan Ramón Jiménez. |
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23- La Forma Intimoafectiva
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Entre
los años de 1930 a 1950 aparece esta forma de poesía reducida a la
sutil expresión de lo íntimo, de lo sentimental, con el mínimo gesto
preciso. Se considera este movimiento como una manifestación de
‘poesía pura’ o ‘poesía esencial’. Uno de los más representativos de
esta tendencia en España es Pedro Salinas. |
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