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RÓMULO GALLEGOS - DOÑA BÁRBARA
LOS PROBLEMAS DE CONSTRUCCIÓN DE UN PERSONAJE *
I.
INTRODUCCIÓN
II.
UBICACIÓN ESPACIO-TEMPORAL DE LA OBRA DE RÓMULO GALLEGOS
A. Tiempo
de Venezuela y tiempo del mundo
B.
Elementos de su obra
C. El
tiempo literario de Venezuela no es el tiempo literario del mundo
III.RÓMULO
GALLEGOS Y LA VENEZUELA QUE SE HACE
IV.¿DOÑA
BÁRBARA ES UNA HEROÍNA O ES UN PERSONAJE PROBLEMATIZADO?
V. CONCLUSIÓN
VI.REFERENCIAS
BIBLIOGRAFICAS
I.INTRODUCCIÓN
Algunos especialistas creen que la obra de Rómulo Gallegos debe ser
revalorada en función de métodos críticos. Este ejercicio, que aportaría
una lectura novedosa, haría a un lado ciertos enfoques que han viciado la
lectura de la obra galleguiana. Según Juan Liscano en "Otra Doña Bárbara",
hace alusión a los valores y colores localistas, folklóricos,
nacionalistas, costumbristas, argumentales y textuales, por un lado y por
otro, la necesidad de rescate de la valoración profunda en función de
símbolos, arquetipos, proyecciones trascendentes y contenidos
insuficientemente expresados por significantes. que nutren los estudios
analíticos de la obra del escritor venezolano.
Acogiéndonos a esta propuesta, hemos decidido leer a Doña Bárbara desde
otro punto de vista. Por ello, el objetivo fundamental de este trabajo es
referirnos a los problemas de construcción que ofrece Doña Bárbara como
personaje, y las relaciones actanciales que se desprenden de ésta hacia
sus compañeros ficcionales.
Primero haremos una breve presentación del autor y de su obra, haciendo
una ubicación espacio-temporal. Nos referiremos, brevemente, a sus valores
como escritor y la importancia de su novelística, con particular
referencia a su novela Doña Bárbara, para luego adentrarnos en el análisis
del personaje central de esta obra.
Como
es sabido, los personajes son portadores de significación del universo
ficticio. Pero no es casual, tampoco, que algunos personajes bañados de "autenticidad"
traspasen las fronteras de la ficción para convertirse en modelos de lo
real, como en el caso de Doña Bárbara. Este personaje es un eje en el que
confluye, no sólo la identificación del lector, sino también la del autor.
Todo ello conduce al diálogo autor/lector a través de múltiples niveles de
identificación que ofrece la figura.
El
personaje es una figura del discurso. El diseño de Doña Bárbara arroja
luces sobre las claves de su construcción y de su significación como
productora de sentido, mientras sigue los modelos convencionales y no se
edifica en función de la trasgresión de los mismos. Se desea un
funcionamiento específico, de acuerdo a su interrelación con los otros
elementos del discurso, y siempre de acuerdo a su desplazamiento y
jerarquización de la historia y la intriga en la composición total de la
novela de Gallegos. Las preguntas se suceden: ¿Es doña Bárbara un simple
portavoz de un mensaje ideológico positivista? ¿Cuáles son los mecanismos
de ficcionalización que utilizó el autor para construirla?, ¿Cómo operan
éstos y qué efectos producen en los elementos del discurso?. Nos
proponemos redimensionar a Doña Bárbara como ente individual en su
tránsito por la historia, como cifra de actitudes vitales arquetípicas y,
además, como elemento del discurso. Por ello, nuestra metodología toma en
consideración varios autores como Forster, Henry James, Juan Liscano,
Joseph Cambell y otros que resulten importantes para nuestro trabajo.
Doña
Bárbara es una figura a la que Gallegos le dedica más peso en el espacio
narrativo y, a la vez, proyecta la mayor carga semántica. Es ella el
principal portavoz del cuadro de (anti)valores del autor y, en esa
medida, puede ser antiheroína, porque representa el opuesto a las
expectativas y convenciones de un sistema ideológico y estético. Su
oponente será Santos Luzardo, un personaje que crece a la sombra de la
mujerona, inmerso en la ginecocracia que lo devora. Es Hécate la que
intenta seducirlo, mientras la madre terrible acosa a Marisela.
Marisela
y Doña Bárbara se unen en un gesto narcisista. Narcisismo entendido como
la proyección de un personaje en otro. Sin embargo, en esa conflictiva
relación que se desata entre ambas, la ausencia tiene un papel protagónico
y dicha ausencia está planteada con relación al otro, es decir, de doña
Bárbara a Marisela y viceversa. Hay una enorme cantidad de datos que
yacen en la ficción para configurar las principales dimensiones del
carácter contradictorio de ambos personajes, que son recipientes de la
hostilidad del personaje.
También
verificamos que este personaje de Gallegos, va a refractar el mundo
estructuralmente y la verbalización que lo construye diseñará su propia e
interna verosimilitud, siempre y cuando responda a su función estética
privilegiada que supere lo social o lo ético. Solución no siempre feliz,
en el caso de Gallegos, dado su discurso moralizante que impregna y
reprime las acciones de los personajes.
II.
UBICACIÓN ESPACIO-TEMPORAL DE LA OBRA DE RÓMULO GALLEGOS
A.
Tiempo de Venezuela y tiempo del mundo.
Rómulo Gallegos forma parte de esa gama de escritores de su época que
lograron traspasar las fronteras de las letras hispanas, aquéllos que,
según José Ramón Medina son clásicos del género narrativo. Acompañan al
maestro: Manuel Díaz Rodríguez, Rufino Blanco Fombona, José Rafael
Pocaterra y Teresa de la Parra. También podemos ubicar dentro de este
grupo a Pedro Emilio Coll y Luis Manuel Urbaneja Achelpohl, por nombrar
algunos de los más destacados.
Como
es sabido, nuestra narrativa surgió tardíamente en el siglo pasado. El
movimiento positivista de 1895 va a dar el empuje al cuento y a la novela
venezolana.
Los
antecesores de Gallegos dan pie para que este autor se encuadre dentro de
su tiempo histórico. Desde el período de la Emancipación, en Venezuela,
algunos escritores intentaron verter en sus obras, de carácter épico, los
aspectos nacionalistas; exaltaban los valores telúricos y geográficos en
función de una toma de conciencia de lo americano.
La
época antes mencionada comienza con la literatura política, la cual se
reduce, casi toda, a la oratoria y al periodismo. La encabezan Juan Germán
Roscio, con sus artículos publicados en La Gaceta de Caracas; Simón
Rodríguez, con sus escritos sobre política y principalmente sobre
educación, y Simón Bolívar, con sus cartas y discursos. La obra de este
último constituye el material más representativo del nuevo estilo: muy
afrancesado, coloreado y apasionado; metafórico y entrecortado, que
responde a las circunstancias históricas. Posteriormente, Juan Vicente
González y Eduardo Blanco intentarán convertir esas escrituras en materia
literaria. Fermín Toro y Rafael María Baralt, entre otros, también tantean
los caminos de una narrativa nacional.
Hacia
finales del siglo XIX, surgen dos manifestaciones literarias que van a
significar, en cierto modo, los verdaderos antecedentes de nuestra
narrativa:
El
Tradicionismo que insinúa un relato de época que mucho tiene de regazo
colonial en cuanto a que sus cultores tienden, precisamente, a revivir
aspectos olvidados o desconocidos de aquella aparentemente apacible edad
venezolana, lindante, a veces, con la memoria desdibujada de una fábula
tierna.
El
Costumbrismo tiende a descubrir ágiles facetas de la vida real de la época
ejerciendo el costumbrista oficio de pintor liviano de hechos, tipos y
costumbres de la sociedad venezolana decimonónica, con preciso sentido de
actualidad, sal del ingenio popular y hasta ironizante, crítica que muchas
veces regocija, humorísticamente, con los males o supuestos males de la
pequeña circunstancia de la existencia criolla.
Estas
dos manifestaciones serán el material de nuestra literatura de ficción;
darán a conocer los escritores, según su propia visión "un sentido
venezolano de la vida, un aliento autóctono en temas y problemas de
exploración literaria que en su mayor edad habrán de servir de elementos
de creación para una perspectiva y mensaje de trascendencia".
A
principios del siglo XX, está en boga en nuestro país el Modernismo,
movimiento de una gran riqueza estilística, de una nueva sensibilidad
frente al fenómeno literario, y de actitud más humana ante la historia
viva. Va a ser éste la fuente directa del Criollismo venezolano que, con
la novela En este país de Urbaneja Achelpohl, conformará los
cimientos de la narrativa nacional de comienzos de siglo. Toda esa
literatura, hasta ese momento, se apoya definitivamente, en la realidad y
no en la escritura, o en el juego de la imaginación y el lenguaje.
Basado
en sus antecedentes, el escritor venezolano de principios del siglo XX,
tiende a tomar parte, a ser combatiente y juez de su narración. Tenemos
como ejemplo de esto El Cabito de Pío Gil; El Hombre de Hierro y El Hombre
de Oro, novelas de Rufino Blanco Fombona; Política feminista y Tierra del
sol amada, las novelas y algunos cuentos de José Rafael Pocaterra. Todos
estos autores, quienes se comprometen con su país, y políticamente sufren
los quehaceres de la dictadura, convierten sus obras en una denuncia
realista y satírica. No penetran en el estudio psicológico de sus
personajes, sólo reflejan las lacras nacionales, tipos ciudadanos
pertenecientes a diversas clases sociales, no con su función literaria
sino bajo una responsabilidad social.
Gallegos condena maravillosamente los valores vernáculos; trata de hacer
un arte literario más ambicioso y universal. Todo ese proceso anterior es
como una preparación para fijar un rumbo al arte nacional de novelar.
Con
sus grandes facultades creadoras, fija las posibilidades de un nuevo
estilo, a las aportaciones de los escritores citados anteriormente.
Gallegos, según afirma José Ramón Medina "agrega una desbordante pasión de
contornos humanos, de arraigo elemental, primero, sobre la realidad, que
lo coloca en el centro de un vasto campo de autenticidad nacional,
lindante con la épica".
Vemos, entonces, cómo Venezuela se encuentra totalmente aislada con
respecto a la literatura universal. Este apartamiento hace que Gallegos
sólo se centre en el campo social del país. Juan Liscano dice:
Con Gallegos culmina una etapa de nuestra narrativa, aquélla de
inspiración nativista y costumbrista, de corte realista, de lirismo
descriptivo. Cesa el confinamiento naturalista; se toma del Modernismo
cierta virtud estetizante, cierta riqueza lingüística y adjetivante, lo
subjetivo queda relegado y el novelista se convierte en espejo de la
realidad multiforme de su país; geografía, fauna y flora, humanidad
variada, historia y destino.
B.
Elementos de su obra.
Es
importante hacer referencia a varios aspectos definitorios de Rómulo
Gallegos que lo llevan a destacarse como hombre dedicado a las letras en
Venezuela.
1.-
Vocacionalmente fue escritor, pues, al igual que sus antecesores, es
diversificado. En Venezuela no hay profesionales de la literatura. El
escritor es a la vez diplomático, periodista, educador, pero, a diferencia
de ellos, Gallegos crea todo un mundo de ficción y se dedica a escribir.
2.- Cohesión dentro del criterio tradicional de la novela. Unifica todo un
mundo de cosas de la realidad de su época.
3.- Lo que el Criollismo, como escuela, había dado a conocer dentro de la
narrativa nacional, Rómulo Gallegos lo valora y lo hace arte.
4.- Dentro de la Venezuela literaria de su época, no es atrasado, sino que
engrana en los lineamientos claramente establecidos.
5.- Profundiza el tema social dentro de la literatura venezolana y lo
trata con delicadeza.
C. El
tiempo literario de Venezuela no es el tiempo literario del mundo.
Se
ha advertido anteriormente el atraso, el aislamiento que Venezuela tiene
con respecto al resto del mundo. Esto se debe, según Efraín Subero en su
obra El problema de definir los hispanoamericano, a tres aspectos:
1.-
Aislamiento entre el creador y el público. Ha faltado el instrumento que
lo unifique. Los creadores sienten que el contexto histórico europeo los
agobia. No hay originalidad en Hispanoamérica. "Ese es el grave problema
nuestro. La inteligencia no ha regido el destino de nuestros países. La
inteligencia ha denunciado realidades o propuesto soluciones que se han
quedado en el plano ideológico". Hemos tenido grandes pensadores: Simón
Rodríguez, Andrés Bello, Cecilio Acosta, pero las ideas se han quedado
allí, no ha habido quien las haga progresar. El público se mantiene
marginado.
2. Aislamiento entre una región y otra del país: Cada quien anda por su
lado. Los escritores urbanos se conocen entre sí, a veces, pero no
conocen a los foráneos. Nos hemos preocupado por solventar este
aislamiento a nivel nacional.
3. Aislamiento Continental: A nosotros, todos los avances culturales nos
llegan tardíamente.
Apartando la gran obra de Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha,
hasta la primera década del siglo XX, las obras literarias se mantuvieron
bajo unos lineamientos estipulados, entre otros, por Aristóteles, Horacio
y Boileau. José Balza en su obra Los Cuerpos del Sueño, dice:
Durante siglos, el arte de novelar atendió a convicciones que derivaban
-por error- de la Poética (Aristóteles) y de hábitos orales o escritos
típicos en ciertas narraciones populares. Así, el desarrollo lineal del
relato, la figura del personaje, los componentes del paisaje, se juntaban
alrededor de un tema político o amoroso, para crear novela.
Con
la publicación, en 1931, de Por el camino de Swan, de Marcel Proust, se
opera un cambio en la noción de la novela. Se podría decir que "ha surgido
el desarrollo corporal del relato". Con Proust aparecen Kafka, Joyce,
Faulkner, John Dos Pasos, Huxley, Dunell, Robbe Grillet, Juan Rulfo, Juan
Carlos Onetti, Guillermo Meneses, Julio Cortázar y otros, quienes lograrán
plasmar en la literatura las innovaciones técnicas.
Con
estos escritores, surgen dos ejes de la narración: el tiempo y el espacio
narrativo. La base de la anécdota va a ser la palabra. Ella constituye
la tercera unidad mínima para percibir, seleccionar e identificar la
realidad. También el punto de vista del narrador varía. Ya no sólo sería
el narrador omnisciente, conocedor de los más recónditos mundos internos
de sus personajes, sino que ellos mismos (los personajes) se dan a conocer.
Surge el monólogo como base de ese mundo interior, hay un cambio de él a
yo. En las transformaciones que hace la novela en este siglo, y lo que
verdaderamente es literatura, Guillermo Meneses dice:
Todo es literatura y todo sirve a la literatura y, en cambio, la
literatura no puede ser utilizada fuera de su propio y exacto significado
(que es la expresión del hombre artista) sin desvirtuarla y destruirla.
Sin embargo, hay escritores para quienes el ejercicio de escribir tiene
que ser utilizado. Son los que suponen que el contenido de una obra es
superior a su forma, que la expresión es menos importante que la imagen
del mundo que el autor quiere dar. Son esos escritores los que afirman que
la literatura existe para enseñar deleitando, para esconder en el grato
exterior una profunda lección…
Visto de esta manera, se podría decir que Rómulo Gallegos no encuadra en
el tiempo literario del mundo. Si Venezuela no está en el tiempo literario
del mundo, tampoco lo esta él.
III.
RÓMULO GALLEGOS Y LA VENEZUELA QUE SE HACE
Rómulo Gallegos hace las primeras tentativas ideológicas por medio de la
revista La Alborada, la cual tenía una orientación política, y quienes
escriben en ella tienen su interés puesto en Venezuela. Los que escribían
en esta revista "estaban mucho más pendientes de fijar posiciones ante
la
realidad social y política venezolana que de adquirir sobre las búsquedas
de los artistas y de los escritores noveles de París, Roma o Londres".
Además, también hay que agregar lo difícil de los medios de comunicación
entre nuestros países y Europa; éstos eran muy lentos para los primeros
años del siglo XX, los movimientos literarios vernáculos estaban al margen
de las corrientes más nuevas y de actualidad.
Gallegos
utiliza la revista como su primer instrumento para difundir sus ideales
reformistas, en el campo de la acción social. Se siente comprometido en la
lucha. En 1909, refiriéndose a La Alborada dice:
A esta obra, cada quien debe aportar su entero valor, sus energías todas,
toda la decisión y buena fe que pide labor tan alta y todo el desinterés
que se necesita para la realización de un ideal elevado. Y, no redunda
decirlo, ninguno otro más alto y noble que este: la patria.
Gallegos conoce la historia de Venezuela, donde aparecían constantemente
alzamientos, revoluciones y enguerrillamientos, todos ellos para traer
sólo males y víctimas al país. Frente a esto y ante las tradiciones del
machismo, del hombre de presa, de la guerra civil y del asalto al poder,
quiere la voluntad civilista, deseosa de establecer entre los venezolanos
un régimen de convivencia y de respeto por los sentimientos nobles de una
moral tradicional.
Posteriormente, también utilizará la novela y todos sus escritos, como su
arma de pelea. La necesidad de dar a conocer su ideología lo lleva a hacer
de sus obras el medio para acercarse a su pueblo.
Ángel
Damboriena dice que Gallegos ha sabido acercarse al dolor de su patria con
amor de padre y no con indiferencia de médico, ni amargura de resentido;
su aproximación se ha realizado con hondo calor humano, con actitud libre
de prejuicios doctrinarios y con una visión directa, limpia de influencias
exóticas.
En el
tema de todas sus novelas veremos solapadamente cómo para Gallegos el
hombre es lo más importante, el cumplimiento del deber, la humildad, el
amor y la educación serán necesarios para una regeneración nacional.
En
cada una de sus obras, junto con el valor literario, se aprecia una
proposición civilizadora. Una llamada al lector para que asuma su
responsabilidad ciudadana. Así La Trepadora (1925), Doña Bárbara
(1929), Cantaclaro (1934), Canaima (1935), Pobre
Negro (1937), Sobre la misma tierra (1943), El Forastero
(1942), La brizna de paja en el viento (1952), de ambiente cubano y
Tierra bajo los pies (cuya acción acontece en México, publicada
después de la muerte del autor), realizan, de alguna forma, las propuestas
de La Alborada, en cuanto se refiere a la responsabilidad del
intelectual venezolano en la orientación de su pueblo, el rechazo a la
violencia, a la inmoralidad, al facilismo irresponsable, a la ausencia de
ideales, a la improvisación y a la incultura.
Como
escritor, Gallegos es de corte clásico. Su lenguaje y su técnica llegan a
todo tipo de lector. Conoce la necesidad del pueblo, y sabe que, gracias a
la lectura de obras literarias, también se puede enseñar. El lenguaje
utilizado en sus obras es sencillo, claro y por lo tanto comprensible..
Cuando utiliza los modismos y las expresiones coloquiales está
justificando la riqueza de nuestro idioma.
La
intención de este escritor, al hacer tomar conciencia de la realidad
venezolana, no le resta, desde el punto de vista formal, nada a sus
escritos. En las descripciones que hace vemos un fluir de figuras
literarias. Encontramos páginas espléndidas como ese pasaje de la novela
Doña Bárbara en que describe el alba de los llanos con sabor a tierra
bravía, con ritmo salvaje de vida exuberante y rica. En la palabra, en los
modismos, en la frase, en el diálogo, en las descripciones, vemos presente
el alma ruda del llanero venezolano.
La
pasión por Venezuela lleva a Gallegos a un alejamiento de la literatura
contemporánea. Como escritor, no busca caminos nuevos, no busca técnicas
modernas para mostrar su obra. Sin embargo, hay belleza y literatura
cuando pinta la realidad venezolana. Su obsesión por el planteamiento
social limita su técnica en el campo literario. Respecto a esto Felipe
Massiani dice:
La
novela de Gallegos significa una fecha en la trayectoria de las letras
nacionales. Representa, hasta ahora, la versión más amorosa y acertada del
paisaje venezolano, y de las vicisitudes cordiales del hombre que dialoga
con él; fija una nueva manera de acercarse a ese nuevo paisaje, manera que
lo vivifica y dramatiza.
Gallegos
se mantuvo subyugado por las convenciones que Europa había descartado años
atrás: el tiempo y la narración lineal, la descripción física y
psicológica de los personajes y el paisaje, el narrador en tercera persona,
conocedor del mundo interior de sus personajes.
Como
escritor preocupado por su país, mantuvo una escritura tradicional, pero
no cerrada. Sus obras han sido analizadas desde muchos puntos de vista.
Tal vez sea Gallegos el escritor venezolano que más ha recibido críticas a
sus obras, unas positivas y otras negativas; sin embargo, se mantiene
gracias a las enseñanzas que dejó a través de ellas.
Queda en nosotros hacer diferentes lecturas de sus escritos para mantener
viva su obra. Han sido muchos y seguirán siendo múltiples los análisis que
se hagan de su obra. Siempre habrá algo diferente y nuevo en ellas.
IV.¿DOÑA
BÁRBARA ES UNA HEROÍNA O ES UN PERSONAJE PROBLEMATIZADO?
Los
personajes son portadores de significación del universo ficticio, y la
orientación va del autor y su referente al texto, y finalmente, al lector,
quien recibe y, por lo general, resemantiza. Pero, estudiar al personaje
como ente de ficción, aislándolo del referente real (del modelo de persona)
impuesto por anteriores modelos críticos, resulta casi imposible. Para
Carmen Bustillo, "hay en el personaje demasiado de la figura del hombre
mismo como para no caer en las tentaciones de la aproximación mimética,
incluso invirtiendo los términos de movimiento realidad-invención". No es
casual, entonces, que algunos personajes, bañados en "autenticidad"
traspasen las fronteras de la ficción para convertirse en modelos de lo
real como Doña Bárbara.
Este
personaje es un eje en el que confluye no sólo la identificación del
lector (por analogía o por rechazo, el lector se reconoce en el personaje)
sino también la del autor (quien hace una proyección de su concepción del
hombre y de sí mismo, fragmentada o completa). Todo esto conduce al
diálogo lector/autor a través de "múltiples niveles de identificación que
ofrece la figura del personaje" .
El
personaje es una figura del discurso. Cuando se diseña a Doña Bárbara, las
claves de su construcción y de su significación como productora de
sentido, sigue los modelos convencionales y no se diseña en función de la
trasgresión de los mismos. Una idea se ha convertido en una imagen y se
desata un funcionamiento específico, de acuerdo a su interrelación con los
otros elementos del discurso, siempre de acuerdo con su desplazamiento y
jerarquizaciòn en la historia y la intriga en la composición total de la
novela de Rómulo Gallegos. Pero, ¿es Doña Bárbara un simple portavoz de
un mensaje ideológico abiertamente positivista?. ¿Tiene coherencia
interna? ¿Por qué es protagonista o, si se prefiere, columna vertebral
de la obra? ¿Por qué desata relaciones catóptricas en las cuales se
envuelven los personajes? ¿Qué mecanismos de ficcionalización utilizó el
autor para construirla? ¿Cómo operan éstos y qué efectos producen en los
elementos del discurso?. A Doña Bárbara hay que redimensionarla como ente
individual en su tránsito por la historia, como cifra de actitudes vitales
arquetípicas y, además, como elemento del discurso.
Si
vemos a Doña Bárbara bajo la óptica de autores-teóricos como Forster y
Henry James , quienes enjuician a los personajes según proyecten una
imagen auténticamente humana e identificable para el lector, ella entraría
dentro de la categoría de characters. que son personajes con densidad y
fuerte contorno, opuestos siempre a personajes diluidos o desdibujados, o
apenas esbozados que llamaremos figuras o ficelles (elementos importantes
dentro del tratamiento general de la historia, pero sin interés en sí
mismos). El problema de esta visión analítica propuesta por James es que
se resuelve en una proyección de vida. Sin embargo, la novela telúrica, en
la que cabe la inserción de la obra galleguiana, concede más espacio a una
visión como la propuesta por Jitrik , quien rastrea el proceso de
selección que lleva de los personajes masa y secundarios a la protagonista
-Doña Bárbara-, "como condensador jerárquico de la acción, y de allí al
héroe, que sería el punto máximo de la energía transformativa ".
Para
Jitrik, surge la noción del héroe (heroína en nuestro caso) "que es la
protagonista como paradigma, el personaje aparece en todo su esplendor, no
sólo como función en el mundo narrativo, para ordenarlo y hacerlo
comprensible, sino referencia y relación con el mundo exterior incrustado
en el campo narrativo imaginario" . La noción del héroe absorbe todas las
otras y rige polarizadamente casi todo el universo narrativo conocido. De
acuerdo con esta teoría, Doña Bárbara se construye a partir de modelos
reales que simbolizan los valores de una sociedad dada. Doña Bárbara es
una representación ideológica de la sociedad agrícola, y acaso bárbara,
que exalta sus fundamentos afirmándolos y mitificándolos. En ese
movimiento de "trasvasamiento" semántico, se reconocen autor y lector, por
eso, esta noción está relacionada intrínsecamente con la verosimilitud.
Con
la ayuda de la sociedad -los críticos y lectores- alimentan y
redimensionan la forma de Doña Bárbara, proposición enunciada por el
escritor venezolano Juan Liscano, como ya hemos mencionado en páginas
anteriores.
Doña
Bárbara es una figura a la que Gallegos -aún desde el título que es por
demás indicial- le dedica más peso en el espacio narrativo y a la vez,
proyecta la mayor carga semántica. Es ella el principal portavoz del
cuadro de (anti)valores del autor y en esa medida puede ser antiheroína,
porque representa el opuesto a las expectativas y convenciones de un
sistema ideológico y estético. Su oponente será Santos Luzardo, un
personaje que crece a la sombra de Doña Bárbara, inmerso en una
ginecocracia literaria que lo devora.
Tomando como referencia a Fernando Risquez, Doña Bárbara es Hécate quien
intenta seducir a Santos Luzardo y además es la madre terrible que acosa a
Marisela.
Para
Feldman, Cywiner y Kaplan: Gallegos muestra lo que debe ser América y
también lo que no debe ser; lo bueno y lo malo en la naturaleza y en los
hombres (...) La Protagonista de la novela, y que le da su nombre, es
justamente Doña Bàrbara, criatura y personificación de los tiempos que
corrían. El autor la presenta como el resultado lógico de su origen, su
educación y el ambiente físico y espiritual en el que se ha criado (...) A
un temperamento impetuoso, se suman en ella supuestos poderes de
hechicería que cuida de alimentar en el espíritu simple y supersticioso de
los sencillos campesinos (...) Frente a Doña Bárbara, símbolo de las
fuerzas oscuras y primitivas de la tierra, se yergue Santos Luzardo,
verdadero antagonista, empeñado en hacer triunfar los valores de la
civilización por su consagración al trabajo.
Doña
Bàrbara se inscribe en lo que Jitrik llama héroe naturalista (versión del
héroe problemático de Luckacs) porque es capaz de ejercer un criterio de
discernimiento (alejado de la noción del héroe clásico). La construcción
de este personaje ilustra la visión positivista. Por otra parte, se
demuestra el afán de verosimilitud (entendida como reflejo de una realidad
observable) en la que el personaje puede enfrentarse a la sociedad o
identificarse con ella (Santos Luzardo). Pero si nos quedamos en este
nivel analítico, no exploramos a los personajes como elemento del
discurso, sino su representatividad como persona o símbolo de una
colectividad.
La
heroicidad y la noción de héroe sigue existiendo en la literatura
galleguiana, aunque articulada a los arquetipos intemporales, consideramos
válido y pertinente revisar el enfoque arquetipal propuesto por Joseph
Campbell en El héroe de las mil caras. Doña Bárbara, a ratos, celebra la
destrucción -y aquí hay indicios de modernidad-, la desintegración, el
desastre y el fragmento, opciones de muchos para ver el mundo. Una imagen
arquetipal es un espejo de la naturaleza colectiva que toma un lugar en la
tierra y constituye, a partir de allí, el mito. Si héroes y hazañas
sobreviven en nuestro tiempo, obviamente la literatura los va a registrar.
Por ello, la aventura mitológica de Doña Bárbara y de su oponente Santos
Luzardo, estaría marcada por la separación, la iniciación y el retorno (la
separación del mundo, penetración en una fuente de poder y regreso a otra
vida para vivirla con más sentido). Y esto apunta a lo que Delprat esboza.
Pero
no es Doña Bárbara de tan sencilla construcción. La aventura de la
protagonista principal y la de Santos Luzardo, segundo personaje del libro,
son de doble dirección. En cada uno se ilustra la posibilidad de seguir un
camino determinado: a la regresión o al progreso. La historia no es una
vía de sentido obligatorio; no hay una necesidad histórica sino una
alternativa. Como en las leyendas tradicionales, (...) el protagonista
puede escoger entre el bien y el mal, entre el amor y el odio, entre la
acción constructiva y la destructiva, en ningún caso se sugiere la
elección entre las formas del pasado y las del futuro (excepto al final,
cuando Santos Luzardo es mostrado como visionario en sus proyectos de
transformación de los llanos.
Doña
Bárbara es recipiente de arquetipos universales, especialmente los
referidos a la figura de la mujer, trina en esencia y una en persona: (Hécate-Kore-Ceres).
El complejo arquetipal griego toma y modeliza a las figuras femeninas y
las resuelve en la tríada previamente mencionada (Ceres es la madre
eterna; Hécate es la bruja y el eterno misterio; es decir, la esfinge, y
Kore es la hija, la doncella eterna). El complejo arquetipal femenino de
naturaleza triforme hace acto de presencia en Doña Bárbara. Ella es Ceres,
madre dadora de vida, capaz del sacrificio (al Final); pero es también
madre mala, expulsadora, dominante, devoradora de hombres y castradora.
Ni
aun la maternidad aplacó el rencor de la devoradora de hombres; por el
contrario, se lo exasperó más. Un hijo en sus entrañas era para ella una
victoria del macho, una nueva violencia sufrida, y bajo el imperio de este
sentimiento concibió y dio a luz una niña que otros pechos tuvieron que
amamantar, porque no quiso ni verla siquiera.
Kore
está representada por Barbarita, la muchacha dulce e ingenua que se
enamoró de Asdrúbal en el bongo, y por Marisela, la hija de La Dañera,
virgen, cerrada, fría y rechazante. Y la otra cara de Doña Bárbara, la de
Hécate: hechicera, bruja, seductora de los filtros del amor, bruja
diabólica y cortesana. Sólo ella sabe que el arquetipo de la brujería
cristaliza la feminidad. Es la esfinge, enigma por excelencia.
En
efecto, la superioridad de aquella mujer, su dominio sobre los demás y el
temor que inspiraba, parecía radicar especialmente en su saber callar y
esperar. Era inútil proponerse arrebatarle un secreto; de sus planes nadie
sabía nunca una palabra; en sus verdaderos sentimientos acerca de una
persona, nadie penetraba.(pp.132-133)
Es la
legendaria Eva sierpe:
En
la habitación de los conjuros, ante la repisa de las imágenes piadosas y
de los groseros amuletos, donde ardía una vela acabada de encender. Doña
Bárbara, de pie y mirando el guaral que medía la estatura de Luzardo,
musitaba la oración del ensalmamiento:
-Con dos te miro, con tres te ato; con el Padre, con el Hijo y con el
Espíritu Santo. ¡Hombre! Que yo te vea más humilde que Cristo ante Pilatos.(p.323)
Los
espectros internos, los dobles femeninos, atraen a sus víctimas-cómplices
y las dejan abandonadas. Enmascarada, Doña Bárbara, esconde una Eva-sierpe,
una virgo satánica, nefasta. Es mujer dañina, castradora para el hombre.
El deseo femenino está imbricado con la muerte, porque los que beben de la
fuente matricial saben de su poder mortífero, letal:
Y
en vez de procurar conquistarse el amor de Santos Luzardo, sólo por artes
lícitas de mujer enamorada, o apoderarse de su albedrío como se apoderó
del de Lorenzo Barquero, o suprimirlo a mano armada, como había hecho con
todos los hombres que se atrevieran a oponerse a sus designios...(p.326)
El
personaje de Doña Bárbara, como todo el diseño narrativo de Gallegos, va a
refractar el mundo estructuralmente y la verbalización que lo construye
diseñará su propia e interna verosimilitud, siempre y cuando responda a
una función estética privilegiada que supere lo social o lo ético.
Solución no siempre feliz en el caso de Gallegos, dado su discurso
moralizante que impregna y reprime las acciones de los personajes.
Por
la construcción de la enigmática Doña Bárbara sí podemos inferir que ésta
parece haberse escapado de la censura del hablante implícito, pues se
mueve con creciente libertad. Si bien su diseño no trasgrede las nociones
más contemporáneas de la literatura, porque, por razones obvias, no pudo
ser así -el momento histórico y literario no lo permitía- hay esbozos
incipientes de una sólida construcción con ecos y resabios míticos.
Gallegos cae en el diseño de dos tipos de personajes: dinámicos y
estáticos, chatos y redondos. Pero el intento del autor es el de
representar tipos que se construyen alrededor de ideas o cualidades. Sus
personajes son siempre predecibles y es muy raro que uno de éstos llegue a
sorprender al lector de una manera convincente. Hay una reflexión
didáctica que opera en el hablante implícito en cuanto a los rasgos
humanos que definirán a uno de sus personajes y la cualidad de movimiento
que esos rasgos alcancen.
En el
caso de Doña Bárbara, como personaje, su inspiración está basada en la
esfinge, como hemos señalado anteriormente, porque ésta como aquélla son
violadoras y asesinas de varones, pero nunca de mujeres. Ambas son íncubos
femeninos que matan abrazando y sofocando. Doña Bárbara es portadora de
enigmas y es una mujer de estética envenenada, una especie de diosa
histérica que preside altares y terrenos, es en todo caso, el paradigma de
la mujer fatal. Doña Bárbara como esfinge es capaz de seducir por su
naturaleza arcaica, sus connotaciones esotéricas y su fuerte potencial
erótico.
El
parentesco de Doña Bárbara con la esfinge puede extenderse, si queremos, a
Medusa, una de las Gorgonas, ambas terribles con una mirada penetrante,
capaces de convertir a los hombres en piedra o de destruirlos con una
simple caricia. Enigma por excelencia, Doña Bárbara contiene, en su
significado, un último reducto inexpugnable. Si apelamos a Jung, veríamos
un símbolo de la madre terrible en la que se hallan rasgos mitológicos.
Bajo la máscara que concierne a la imagen de la madre y también a la
naturaleza, se esconde el mito de la multiplicidad y la fragmentación
enigmática del Cosmos y también se esconde la Bruja. Doña Bárbara aparece
revestida de una ambivalencia notable: como imagen de la naturaleza y como
la imagen terrible, como sentido y figura de la muerte. Vemos, por eso,
que para Marisela, regresar a la madre significa morir.
La
existencia de Marisela es posible en la medida en que la mujer mata
simbólicamente a su madre y así será siempre porque "la cosas vuelven al
lugar de donde salieron". Esto hace que lo ajeno se mezcle con la esencia
propia. Sombra e imagen se funden. El reflejo remite siempre a la imagen
original, primigenia, y la imagen que ve Marisela muestra una bruja, una
mujer seductora. Hécate se enfrenta al Falo, y lo hace subliminalmente.
Por eso Doña Bárbara es capaz de dominar bajo las sábanas, dominación
sexual de una Eva primigenia que seduce a un Adán asustado (Lorenzo
Barquero).
La
primera víctima de esta horrible mezcla de pasiones fue Lorenzo Barquero
(...) y allá se tropezó con Barbarita, una tarde (...), una tormenta
llanera que se prepara y desencadena en obra de instantes, no se
desarrolla, sin embargo, con la violencia con que se desataron en el
corazón de la mestiza los apetitos reprimidos por el odio, pero éste
subsistía y ella no lo ocultaba.
Cuando te vi por primera vez, te me pareciste a Asdrúbal- díjole después
de haberle referido el trágico episodio-. Pero ahora me representas a los
otros, un día eres el taita, otro día eres el Sapo. Y como el replicara,
poseedor de orgullo:
Sí cada uno de los hombres, todos aborrecibles para ti; pero,
representándotelos, uno a uno, yo te hago amarlos a todos a pesar tuyo.
Ella concluyó rugiente: -Pero yo los destruiré a todos en ti. (p.65)
Doña
Bárbara está ligada íntimamente al destino, es decir, ella representa la
figura maternal bajo la divinidad del destino. Ella es el aspecto cruel de
la naturaleza, su indiferencia con el dolor humano. En este territorio
íntimo (narrativo), la realidad se confunde con las necesidades animales.
La aterradora imagen de la feminidad tiene un reverso siempre presente de
anarquía, fealdad, vicio y terror que se yergue con su fuerza
divino-satánica para precipitar el caos.
Todo
lo que se aproxima a Doña Bárbara se torna ambiguo. Ella prepara pociones
mágicas de amor y venenos de sórdidos encantamientos. Esta parte terrible
nutre a la Gran Madre. La mujer, siempre en la encrucijada, espera
inmortal, puesto que se repite; representa la traición, la venganza, se
apodera del alma de los hombres que la rodean y los va castrando. Las
manipulaciones de la bruja-mujer consisten en hacer creer al varón muy
importante, como en efecto sucede con Lorenzo Barquero, a quien al mismo
tiempo que le oculta su risa despiadada, le va quitando todo lo que posee.
Ella humilla al falo, pero sin duda lo revindica para sí y en cierto modo,
lo hace con su mágica y destructora sabiduría.
Algunos autores han creído que a la mujer la hace hembra lo que permite a
la serpiente derribarla y la capacita para inducir a un hombre a unirse
con ella en pecado. Lorenzo Barquero será tiernamente vencido por el
encanto femenino. Doña Bárbara cumple con la antigua función de la bruja:
atormentar a los hombres en los sueños. Doña Bárbara pone perpetuamente
ante los hombres la amenaza de la no existencia; ella sabe dominarlos y
posee conocimientos para seducirlos y abortarlos:
El
diabólico poder que reside en las pupilas de los dañeros y las terribles
virtudes y las hierbas y raíces con que las indias confeccionan la "pusana"
para inflamar la lujuria y aniquilar la voluntad de los hombres renuentes
a sus caricias, apasiónanla de tal manera, que no vive sino para
apoderarse de los secretos que se relacionan con el hechizamiento del
varón. (p.63)
Doña
Bárbara es la bella atroz, es la esfinge. La sensualidad profunda de esta
mujer reside en el enigma, y el enigma, si nos remitimos a la mitología,
lo representa la esfinge Doña Bárbara, como ésta, aterroriza la población
proponiendo enigmas y devorando a los que no son capaces de resolverlas.
Es evidente, entonces, que algunos arquetipos permean el tejido mismo de
la construcción de este personaje galleguiano. Basta recordar, de nuevo,
las múltiples formas que adquieren las relaciones de poder entre las
figuras masculinas y femeninas, porque detrás de cada aventura que
emprende el personaje hay un héroe que la ha cumplido antes, porque el
mundo del mito es una fuerza secreta que condiciona el destino, es la
geometría secreta que tiene amplias implicaciones textuales.
Ya
iba a hacerlo, pasado el momentáneo desconcierto, cuando Marisela volvió a
detenerla exclamando:
-¡Bruja!
Tal como dos masas que chocan, saltan en el encontronazo y caen luego
desmoronadas, confundiendo sus fragmentos, así sucedió en el corazón de
Doña Bárbara cuando en los labios de la hija estalló el epíteto infamante,
que nadie fuera osado a pronunciar en su presencia. El hábito del mal y el
ansia del bien, lo que ella era y lo que anhelaba ser para que pudiese
amarla Santos Luzardo, chocaron, se encresparon, desechos, en una masa
informe de sentimientos elementales. (p.324)
Tras
la escena que protagonizan Marisela y Doña Bárbara, desfilan muchas
imágenes y pruebas de dominación, sublevación y sumisión. Doña Bárbara se
suprime como esclava y trasciende, puesto que su conciencia servil inicial
va diluyéndose interiormente. Siempre dispuesta para la transformación,
persigue la autonomía que encuentran en el origen mismo de su servidumbre,
encarnado en el amo-hombre que, posteriormente, será devorado, porque el
esclavo triunfa donde el amo fracasa.
Doña Bárbara desea reducir a su hija para privarla de su amenazadora
potencia-presencia. Aquí hay una ambivalencia afectiva: amor odioso y odio
amoroso. Marisela, por su parte, inicia su propia construcción en
solitario y materniza (posee) su realidad. Las verdades que arguyen los
personajes, siempre diferentes, suprimen y complementan otras.
Solitarias, Marisela y Doña Bárbara dan rienda suelta a sus alucinados
proyectos de eliminación:
Pero, ¿quién ha dicho que sea necesario que él se me declare? ¿no puedo
seguir queriéndolo por mi cuenta? ¿y por qué ha de llamarse amor el cariño
que le tengo? No, Marisela, Cariño se le puede tener a todo el mundo y a
muchas personas a la vez. ¿Adoración?... pero, ¿por qué razón todas las
cosas deben tener un nombre?. (p.294).
También Doña Bárbara proyecta:
... hasta allí todos sus amantes, víctimas de la codicia o instrumentos de
su crueldad, habían sido suyos, como las bestias que llevaban la marca de
su hierro; pero al verse desairada una y otra vez por aquel hombre que ni
la temía ni la deseaba, sintió -con la misma fuerza avasalladora de los
ímpetus que siempre la habían lanzado al aniquilamiento del varón
aborrecido- que quería pertenecerle, aunque tuviera que ser como le
pertenecían a él las reses que llevaban grabado a fuego en los costillares
el hierro altamireño.(p.245)
Hay
cantidad de datos que están allí para configurar las principales
dimensiones del carácter contradictorio de ambos personajes, que son
recipientes de la hostilidad del ambiente: la madre y la bruja, la unidad
y la desunidad. En lo femenino se anquilosa el poder del mito y la mujer
devorará el mundo ficticio. Una compleja metamorfosis está presente, un
simulacro que concentra la belleza y la fealdad, es decir, la madre y la
hija, a Doña Bárbara y a Marisela. Ellas son dueñas de voces de murmurante
memoria, voces que revelan la secreta y terrible trampa: la unidad del
todo. Doña Bárbara-Hécate surge voraz, como la terrible y castradora
madre, la bruja eterna. Entre mujeres se roban la cuota de poder que se
van acumulando como capas de polvo, y el poder femenino contrata su
participación en el orden cultural o histórico de estos personajes.
El
régimen social matriarcal se impone por los lazos de la sangre, por las
relaciones telúricas y por la aceptación pasiva de los fenómenos naturales,
en el caso de Santos Luzardo, que va a representar el Patriarcado, hay
respeto a la ley del hombre y a la obediencia jerárquica. Pero, los
hombres de esta novela atraviesan por una fase en la cual se sienten
dominados por el principio femenino. Doña Bárbara se presenta como enigma
porque puede encantar, divertir y alejar de la evolución, pero también
puede aparecer como la Gran Madre, es decir, como la Naturaleza. Como
imagen arquetípica, este personaje es complejo, y la participación de
elementos morfológicos femeninos, en símbolos tradicionales, como en este
caso la esfinge, alude siempre al fondo de la naturaleza sobre el que se
proyecta una idea, un concepto o una sumatoria de cosas. Doña Bárbara es
instintiva y sentimental.
Pareciera que la existencia de Doña Bárbara es necesaria por la
permanencia de los lazos que genera la posesión de la tierra, ella exalta
la magia, el esplendor de la Naturaleza agreste. Su fin primordial es
vencerse a sí misma, por eso entrega sus obras. En su destino coinciden lo
histórico y lo simbólico. El poder es Doña Bárbara.
...la superioridad de aquella mujer, su dominio sobre los demás y el temor
que inspiraba parecían radicar especialmente en su saber callar y esperar.
Era inútil proponerse arrebatarle un secreto. De sus planes nadie sabía
nunca una palabra, en sus verdaderos sentimientos acerca de una persona,
nadie penetraba. Su privanza lo daba todo, incluso la incertidumbre
perenne de poseerla realmente; cuando el favorito se acercaba a ella, no
sabía nunca con qué iba a encontrarse. Quien la amara, como llegó a amarla
Lorenzo Barquero, tenía la vida por tormenta.(pp.131-132)
El
enfoque arquetipal es imprescindible, según algunos teóricos, para acceder
a otras zonas de interpretación del texto -siempre y cuando exista la
convicción de la persistencia de ciertos mitos compartidos- que muchas
veces son el sostén del diseño de los personajes y de la estructura
significativa de muchos relatos. No es gratuito, entonces, que un
personaje sea la confluencia de un efecto de contexto, y cuando esto
ocurre, es a través de la reconstrucción de las relaciones semánticas
intratextuales como opera el lector.
Si en
efecto hay resonancias míticas en Doña Bárbara, éstas deberán rastrearse
dentro de la concepción del hombre (símbolo para el mismo cuando tiene
conciencia de su ser) y su relación con el medio en que vive, para
delimitar los rasgos que definen su época o su momento histórico. El
personaje siempre será portador u opositor del sistema de valores
propuestos intrínsecamente en la novela. Doña Bárbara y Santos Luzardo se
sumergen en una realidad degradada y reviven los mitemas (unidades
estructurales mínimas del mito en el discurso) del llamado, camino de
pruebas, regreso y umbral.
Santos Luzardo emprende un viaje hacia el llano. Ese viaje lo pone en
contacto con otros niveles de la realidad, y además lo enfrenta con Doña
Bárbara. Pero, al final, ese enviado será el agente transformador del
medio y el vocero del positivismo o de la civilización. Se cumple así la
función ética del personaje moralizante. Por lo tanto, el personaje se
siente exiliado, insatisfecho con el entorno. Doña Bárbara y Santos
Luzardo deberán enfrentarse al descenso a los infiernos, a la experiencia
de la noche, al encuentro -fundamental en la novela- a la persecución y a
la huida. Esos son los caminos de la iniciación:
En el
primer momento Santos Luzardo se presenta como el hombre americano que ha
perdido su identidad verdadera y regionalista al contacto con la ciudad.
El trasplante ha producido en él la pérdida del sentimiento de patria, y
está dispuesto a emigrar(...) Cuando después de pasar varios años en la
ciudad, Caracas, donde ha seguido estudios universitarios, Santos Luzardo
vuelve al llano, el contacto con el paisaje de la infancia despierta en él
sentimientos olvidados; y siente crecer en su interior las fuerzas morales
que le permitirán luchar contra Doña Bárbara para imponer leyes objetivas
y justas.
Doña
Bárbara rechaza y fascina, por ello es una figura abyecta (esa encrucijada
donde lo bello y lo feo se entroncan). Doña Bárbara es la imagen -para
Marisela_ del reproche casi permanente. La doña es un monumento
enloquecedor, donde lo opuesto femenino/masculino, se junta para formar un
fantasma defensivo contra el poder persecutorio de la madre. Marisela se
desplaza hacia su madre y finalmente toma el lugar de lo femenino, puesto
que ésta es jánica: ella enlaza belleza y muerte. En esta particular
circunstancia, el personaje se transforma y la violencia la posee. Así el
abrazo se transforma en estrujón y la palabra en grito.
Marisela se había precipitado a la repisa y echado al suelo, de una
sola manotada, toda la horrible mezcla que allí campaba: imágenes piadosas,
fetiches y amuletos de los indios, la lamparilla que ardía ante la estampa
del Gran Poder de Dios y la vela de la alumbradora, mientras con una voz
ronca, de indignación y de llanto contenido, rugía:
¡Bruja! ¡Bruja!.
Enfurecida, rugiente, doña Bárbara se le arrojó encima, le sujetó los
brazos y trató de arrebatarle la cuerda. La muchacha se defendió
debatiéndose bajo la presión de aquellas manos hombrunas, que ya le
desgarraban la blusa, desnudándole el pecho virginal, para apoderarse de
la cuerda que había ocultado en el regazo.(pp.324-325)
Una
mujer puede ser tanto como un hombre eficaz y terrible, además de temible,
cuando entra en contexto novedoso o cuando se tropieza con un personaje
que la obliga a ello. El desencadenamiento de las acciones deviene cálculo
solapado. Doña Bárbara detenta el poder sobre los hombres, sobre los
amores y sobre los bienes.
El
femenino economiza, amasa y se instala para controlar a los hombres
dóciles que, como en el caso de Lorenzo Barquero, se trata de un personaje
problematizado y depresivo. No así en el de Santos Luzardo, quien será su
oponente más feroz. Sin embargo, Doña Bárbara ensanchada se proyecta al
infinito. En esa hechicería de reflejos, la forma femenina inicial nacerá
al contacto del pecho masculino y posteriormente se vengará de él:
Ya sólo rencores podía abrigar su pecho y nada la complacía tanto como
el espectáculo del varón debatiéndose entre las garras de las fuerzas
destructoras.(p.163)
Doña
Bárbara es pecado que aguarda su oportunidad y teje su trama de espejos,
su red. Burla, fascinada, cualquier vigilancia y encuentra la oportunidad
para devorar a los hombres, mientras prepara el escenario para la caída
que ella precipitará, se prepara para la entrega de sus obras.
Si
ciframos nuestra atención en lo tipológico arquetipal; es decir, los celos,
el poder, la ambición, el amor, la traición, los elementos todos que están
en la novela de Gallegos, nos pueden ofrecer un profundo significado, y de
hecho, encarna en la condición humana con todo lo que ésta tenga de
trascendente. Aunque su dinámica, como elemento del discurso, será lo que
los provea de autonomía y trascendencia propia.
En el
discurso de Doña Bárbara, el habla del oprimido es pobre, monótona e
inmediata. La mayoría de los personajes sólo disponen de un lenguaje: el
de los actos. Un habla casi incapaz de mentir, porque la mentira es la
riqueza, porque implica formas de recambio, y esta pobreza esencial
produce mitos indiscretos. Mientras que Doña Bárbara, como opresora, es
todo, y esto es un simulacro. Su palabra es rica, suelta. La opresora
posee un habla gestual, teatral. La preponderancia de Doña Bárbara radica
en que su lenguaje tiende a eternizar, a mitificar, mientras que el de
Santos Luzardo tiende a transformar. El misterio sólo se accede
profundizando. La esfinge: el poder de un personaje femenino capaz de
devorar a otros cercanos.
Doña
Bárbara, al final de su itinerario ficcional, ha llegado al fondo de sí
misma y ha reconocido toda la profundidad de la vida porque abandonó todo
y fue abandonada por todos, para ella todo ha zozobrado y se ve sola con
el infinito: es el paso mayor que Platón comparó con la muerte. Personaje
que es espejo de la naturaleza. Con ella se inaugura un mundo y con ella
se termina.. Si Doña Bárbara es espejo, quizás el escozor que ella
produzca a los otros personajes radique en que el espejo, para algunos, es
jeroglífico de la verdad (porque la verdad no puede permanecer oculta),
pero otros creen que los espejos son símbolos de la falsedad porque
muestran las cosas distintas de como son.
I.CONCLUSIÓN
A lo
largo de este trabajo, hemos visto como Doña Bárbara es un personaje tipo
de la novela realista galleguiana y es, además, conductor de la anécdota.
Creemos que hubo habilidad, por parte del escritor, en la selección y
exposición de una personalidad que responde a las expectativas de una
realidad y a la selección de arcanos arquetipales que se mantienen
vigentes a través de los tiempos. Es Doña Bárbara un auténtico personaje.
Ella responde a una cierta visión del mundo que hace del personaje
novelesco la transposición de la noción de persona, dentro de una
productividad que concibe los mundos ficticios como la recreación de una
realidad aprehensible para el hombre.
En
esta novela, el lector no tiene que incorporarse como constructor del
texto, porque en este caso se generan movimientos de identificación y
rechazo que constituyen la respuesta primaria del receptor. Por otra
parte, la novela no exige la participación del lector porque no se ofrece
el texto como un reto, ni se resuelve en problemas metaficcionales. Por lo
tanto, el lector no forma parte de la estrategia interna del relato ni
está en la obligación de desentrañar un espacio lleno de sombras.
El
tratamiento de los personajes se basa con frecuencia, como hemos dicho, en
el parecido con un humano. El lector descubre la entidad y carácter de
Doña Bárbara, siguiendo una paulatina y medida incorporación de rasgos
caracterizadores del ente ficticio al texto. El lector construye o
reconstruye una biografía, recoge datos que conforman al personaje
basándose en los indicios textuales; por lo tanto, el habla del personaje,
las interrelaciones que él establezca con su mundo devienen
imprescindibles para caracterizarlo. Nombrar al personaje, es decir, el
hecho de que Doña Bárbara se llame como tal, añade a la caracterización de
esta figura novelesca un punto importante. El nombre conduce a una figura
concreta, y en este caso, posee con frecuencia un valor connotativo que lo
convierte en auténtico recurso estilístico, además de que es un recurso
expresivo. El nombre del personaje transmite la información necesaria, que
generalizando llamaríamos datos biográficos, y ello exime al lector de
lucubrar al respecto, simplemente oír Doña Bárbara desata una constelación
de atributos que el lector capta inmediatamente, porque ese nombre
especifica, además, una característica de este controversial personaje.
Doña
Bárbara parece haberse escapado de la censura del hablante implícito, ella
se mueve con creciente libertad y si bien su diseño no trasgrede las
nociones más contemporáneas de la literatura, porque, por razones obvias,
no puede ser así, hay esbozos incipientes de una sólida construcción con
ecos y resabios míticos. Allí, en ese territorio, cada personaje va
conformando su mundo a través de conversaciones y gestos; sin embargo, la
prosa de Gallegos no es vertiginosa y no convierte a la escritura en un
medio adecuado para mostrarlo todo.
Doña
Bárbara, sintetizando, puede producir imágenes porque genera cambios y
proyecta un sentimiento ambivalente, maniqueísta: un odio amoroso. Ella
suscita apariciones, devuelve las imágenes que un día aceptara en el
pasado y anula distancias reflejando lo que un día tuvo frente a sí y
ahora se halla en la lejanía.
Este
trabajo deja abierta otras oportunidades para futuras investigaciones.
Hemos querido centrarnos en Doña Bárbara como un personaje "axis mundi",
pero también es cierto que ella es lo dicho y mucho más. Por ello, hemos
revisado una arista de tan complejo personaje, dejando en manos de futuras
investigaciones otras líneas de trabajo.
VI.REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
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*autor:
Mireya
Vázquez Tortolero
fuente:
http://www.ucab.edu.ve/investigacion/cill/donab.htm |